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Un viernes de 1998, después de una noche de cervezas en casa y de escuchar hasta el hartazgo el “Comfort y música para volar”, de Soda Stereo, fui a la Yamaha de Insurgentes Sur y me compré un bajo azul. Mi sueño era armar una banda con amigos y tocar en el Naked City. Al bajo le puse calcomanías de Biohazard y Raiders, pero después de varios palomazos la única rola que saqué completa fue “Crazy train”, de Ozzy Osbourne.

Tras varios intentos fallidos por aprender a tocar, reconocí mi falta de tiempo y, principalmente, de talento para hacerlo, por lo que decidí vender bajo y amplificador. A decir verdad, no lo vendí, fue un trueque con Mauro: “Te doy mi equipo y me abres una cuenta hasta que consuma el precio acordado por las cosas”. Pensé que iba a chupar “gratis” un año, pero creo que me bebí todo en menos de dos meses.

Nunca pude sacar el riff de “Entre caníbales” ni tampoco “hacer ruido” en el bar, pero el sueño de ver aquel bajo azul sobre el escenario del Naked City me lo cumplió este chavo, Alfredo Jaime, el hijo de Mauro, quien le dio la vuelta al instrumento (es zurdísimo), formó su grupo y se puso a tocar. En uno de mis cumpleaños, Blind Justice fue la banda abridora.

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Vasos vacíos

Publicado: agosto 30, 2017 en CDMX, De la calle, Rock, Uncategorized

 

 vasos vacíos

“If you could deal with your reflection,

I’m sure you’d see into my eyes,

There’ll be no need for resurrection,

Let’s drink to people of the lies”

“Demon alcohol”, Ozzy Osbourne

 

Para Manolo Almazán y Hugo W., donde quiera que esté.

“¿Le has dicho más de una vez a una ‘teibolera’ que la vas a sacar de trabajar y te vas a casar con ella?… Si lo has hecho, éste es el lugar que estabas buscando”.

La broma le quita dramatismo al momento, te arranca una sonrisa, te relaja… Estás a punto de ingresar a tu primera junta de Alcohólicos Anónimos y convertirte en uno de los aproximadamente 300 mil mexicanos que acuden a las juntas que ofrecen miles de centros de AA a lo largo del país.

Te muestras avergonzado y no levantas la cara, no miras a los ojos a pesar de la cálida recepción que te dieron los ‘compañeros’ en el café de la esquina cuando Marcelo, al que desde hoy llamarás padrino, te presentó.

Buscas un lugar en la primera fila del salón frente al escritorio donde ves varios libros, un reloj y una campana. Al otro lado hay un sillón. En la pared, debajo de un tragaluz, está un crucifijo de madera desde donde Cristo observa, misericordioso, a algunos de sus hijos más descarriados… y divertidos.

La junta está por comenzar y alguien de tu edad se te acerca: “Bienvenido, compañero’. Dice mientras te palmea la pierna. ‘¿Sabes qué?, tú tienes una gran ventaja al estar aquí, llegaste solo… A mí me llevó mi suegro a punta de chingadazos a un ‘anexo’, ahí sí está cabrón”. Alguien ha puesto sobre el escritorio un pastel con tres velitas y una morena joven y guapa toca una campana. La junta está por comenzar.

“Buenas tardes compañeros, mi nombre es Andrea y soy una enferma alcohólica y drogadicta, estamos por comenzar una junta más del grupo, que hoy voy a coordinar porque cumplo tres años aquí. Si hay alguien que venga por información, por favor levante la mano y diga su nombre”.

La voz te tiembla y tu cuerpo se estremece cuando levantas la mano y te presentas. Observas fijamente a Andrea y sientes en tu espalda las miradas curiosas de los compañeros.

Andrea deja el escritorio y se sienta en el sillón. Viste un vestido blanco de manta y unas elegantes sandalias del mismo color. Luce preciosa con el pelo negro y lacio que cae sobre sus facciones perfectas, su cuerpo menudo y firme, sus pies delicados y coquetos. Su cara te parece familiar, crees reconocerla de algún lado.

Comienza a dar las gracias a todos los presentes, a sus padrinos, a su madre, a su esposo y a su pequeño bebé que están en primera fila, del otro lado del pasillo. De pronto voltea y clava su mirada en ti, sus ojos negrísimos te intimidan. Piensas que está molesta, eres el nuevo y le has arruinado la fiesta de aniversario que quería compartir con sus amigos. Pero no es así, con una voz dulce que te conmueve, te agradece por estar ahí. Para ella es un regalo compartir su testimonio de vida después de tres años de sobriedad.

Te cuenta de sus años en la ‘actividad’ y de sus tres intentos de suicidio; de los 12 pasos y las 12 tradiciones de Alcohólicos Anónimos; te muestra a su bebé de un año como testimonio de su nueva vida; te platica de su etapa como modelo. ¡Lo sabías! Su cara te resultaba familiar, su rostro es inolvidable.

Andrea llama a la tribuna a sus amigos y uno a uno suben a felicitarla y a compartir su experiencia. Un médico, un abogado, un comerciante y un empresario se congratulan con ella y voltean a verte para darte la bienvenida, comparten contigo alguna de sus experiencias y te dejan todos el mismo mensaje: ‘Sí se puede’.

Han pasado casi dos horas y en tu mente confundida tratas de analizar los testimonios que has escuchado. De repente, te regresa a la realidad el rezo colectivo de un Padre Nuestro y la Oración de la Serenidad, sello indeleble de AA. Terminan cantando su versión particular de ‘Las Mañanitas’ (“… a los mu-chachos borrachos, se las cantamos aquí”). Estás a punto de llorar.

Marcelo se acerca y te da un abrazo: “Todo está bien”, te dice mientras te presenta con otros ‘compañeros’. Andrea se acerca y te felicita por tu presencia.

El salón está lleno de humo de cigarro, de olor a café y del aroma a perfumes caros. Miras a tu alrededor y te parece difícil creer que todas esas personas que se han portado tan amables contigo tengan un pasado de dolor provocado por las drogas y el alcohol. Desde el fondo del salón se levanta un hombre de pequeña estatura vestido elegantemente. Los demás lo saludan indiferentes, pero él llega frente a ti y se presenta: “Hola, qué tal, yo me llamo Egidio y soy médico, estoy para servirte. Qué bueno que estás aquí. El éxito de esto depende de la constancia. Te esperamos mañana”. Agradeces la cortesía y buscas a Marcelo entre la gente. Es el momento de partir.

‘No te compares’

Es tu segundo día. Llegas temprano y alcanzas una parte de la junta para principiantes. Te presentas y te escuchan un par de preparatorianos y un estudiante de economía de una universidad privada. La junta la coordina Ricardo, un ingeniero civil cuarentón y fanático del rock progresivo. Te extiende una tarjeta con su teléfono y te dice que le llames “con confianza” si en algún momento tienes ganas de beber: “Yo también fui chavo y te entiendo. A veces me daban ganas de seguir en el reventón con mis cuates, pero no te atormentes, llévatela leve, no pienses que ya nunca vas a volver a chupar, piensa en que hoy no lo vas a hacer, sólo por hoy, mañana quién sabe, pero hoy no”.

Tu padrino no va a la junta regular de los miércoles y te sientes desamparado en el salón, pero Egidio y un par de compañeros más te felicitan por estar nuevamente ahí.

Michel es uno de los padrinos más socorridos del grupo. Siempre serio y elegante, abandona constantemente el salón para platicar con algún compañero.

“A mí me trajo un ángel a este grupo”, lo escuchaste decir dirigiéndose a ti la tarde anterior, “me dejó en la puerta y me dijo: ‘Yo ya te traje hasta aquí, es tu pedo si te quieres salir’. Y me dio tanto miedo que aquí me quedé”.

Ves caras nuevas y encuentras entre los asistentes rostros conocidos, como el de un veterano actor y el de una actriz de segunda línea que salía en un programa cómico a mediados de los 80. Es tu primera junta en forma y comienzas a escuchar testimonios que te dejan con la boca abierta.

Como tú el día anterior, alguien se acercó al grupo a pedir información. Es un muchacho no mayor de 20 años con los ojos invadidos de pánico y una mirada huidiza que constantemente clava en el piso. Te preguntas si tú lucías así 24 horas antes.

A los dos les recuerdan que el alcoholismo es una enfermedad incurable, progresiva y mortal, que no respeta raza, edad, religión o condición social; que no necesitan terminar tirados en la calle para ser unos “teporochos”; que todos están enfermos…

Te aterra imaginar lo que podría ser nunca volver a escuchar una canción de los Rolling Stones con una cerveza en la mano. Vas por un vaso de agua y tratas de analizar lo que has escuchado.

“Nunca he chocado con copas encima, no perdí el trabajo, no he caído en el ‘bote’, nunca me drogué, no me he prostituido por el vicio, mi familia me quiere…” Piensas mientras sales de la junta muy seguro de ti mismo, pero una llamada de Marcelo te vuelve a la realidad: “No te compares, nunca te compares con los demás… A lo mejor tu ‘fondo’ es más leve que el de otras personas, pero si ahora te sientes incómodo por tu manera de chupar es importante que le pongas el alto, ¿vas a pararle cuando mates a alguien, cuando te quedes sin familia?”. Las palabras de tu padrino te hacen recordar tus borracheras de antaño.

‘Todos estamos enfermos’

Es jueves y llegas a la junta media hora antes de que inicie. Te quedas parado en la acera y ves entrar a los compañeros. Te llama la atención una señora que llega con su chofer; la mirada de tristeza de algunos adolescentes que han sido obligados por sus padres a asistir al grupo. Egidio te saluda antes de entrar y Marcelo te mira de reojo. El “doctor”, como lo conocen ahí, no es muy querido en el grupo: “Le dio de tomar a una de sus pacientes y la violó”, te cuentan.

Entras al salón y te sientas en una esquina, desde ahí observas a tus compañeros. Ves a los padrinos más influyentes sentados en las filas de atrás. Ves a los chavos de las filas de adelante platicando, mientras una señora con acento extranjero cuenta en la tribuna cómo se prostituía con taxistas para conseguir otra “piedra”. Te llama la atención, por sobre todas las cosas, la mirada perdida de Bárbara al contar que tiene una lesión cerebral irreversible por el abuso de la cocaína y el alcohol y que nunca se va a poder embarazar.

Los rostros serios, con el sufrimiento a cuestas, contrastan con la actitud “cool” de otros compañeros sentados con cara de “aquí no pasa nada”. La mirada de enojo de Guillermo, un empresario venido a menos que se niega a aceptar su alcoholismo, es diametralmente opuesta al semblante de resignación de Pepe, un veterano funcionario de banco que arranca algunas sonrisas, entre ellas la tuya, con su sincera confesión: “Yo soy alcohólico porque me encantaba el pedo, así nomás”.

Las carcajadas estallan cuando un cuarentón con el pelo canoso narra con cinismo: “Para dejar de chupar intenté de todo, ¡hasta me compré un perro!”

Miras la cara de tus compañeros y te intriga saber qué culpas esconderá cada uno, qué heridas intentan reparar; piensas en las tuyas propias.

Descubres sentada adelante de ti a la ex integrante de un grupo musical muy de moda cuando tú eras niño y te sorprende lo demacrada que se ve; enfrente ves a un conductor de televisión y a un cantante que, según te cuentan, llegó ahí meses atrás acompañado por su hermano.

Escuchas a Elizabeth, una rubia de gran estatura. Tiene 22 años y se cortó las venas una semana atrás. Se disculpa por no haber ido a las juntas y confiesa que también asiste al psicoterapeuta y a un grupo de ayuda para mujeres con trastornos de alimentación. “Qué loco”, piensas, “adicta a los grupos de autoayuda, como Edward Norton en ‘El Club de la pelea’, qué loco, me cae”.

“Que buenas viejas hay aquí”, le dices a Marcelo apenas termina la junta, pero tu padrino, un ‘donjuán’ empedernido, te responde molesto: “Pues sí, cabrón, pero aquí no venimos a buscar novia. Agarrar aquí a una vieja buena es fácil por la soledad con la que todos llegamos, pero la experiencia dice que cuando empiezas a salir con alguien del grupo y uno recae, se carga la chingada a los dos”.

Escuchas el Padre Nuestro y rezas la Oración de la Serenidad. “… valor para cambiar las cosas que puedo”. La frase te rebota en la cabeza, pones un billete de 20 pesos en la canasta y te llevas las tazas sucias a la cocina.

‘Sólo por hoy’

La junta del viernes es menos concurrida que las de los otros días: “Es normal”, te dice con su voz ronquísima una cuarentona que te recuerda a Lorena Velázquez en una película de El Santo. “A veces a mí también me da hueva venir los viernes y me voy con los muchachos a un Vips, a Coyoacán, a un concierto… Nos gusta seguir saliendo, pero ya no chupamos”. Ella sube a la tribuna esa tarde y cuenta que volvió a discutir con su hijo, que también es alcohólico.

Con Michel has platicado poco, pero su experiencia te ha ayudado. Habla mucho, pero no te dice más de lo que ya sabes: “No tenemos un padrón de miembros, a este grupo, yo creo que vienen unas 200 personas, pero a quién le importan las estadísticas, lo que queremos es ayudar. La decisión es tuya”.

Marcelo entra y te saluda a lo lejos. No se queda mucho tiempo y lo ves salir de prisa. Te hace una seña de que luego te llama. Escuchas arrancar su auto. Te dan ganas de salir.

Volteas a ver el reloj y te sales del salón. Enciendes el celular y revisas tus mensajes: hay una invitación para jugar dominó, otra para una lunada en Xochimilco y la última “para ver qué hacemos”. Te sientes tentado a contestar a cada una de ellas, pero algo te dice que no. Sientes un gran vacío en el pecho y te paras en la puerta del salón. Ya no te dan ganas de entrar. Suena el teléfono. Te invitan a una fiesta más tarde. Tu respuesta es tajante: “No, sólo por hoy no”.

tumba

Apenas supo el mundo de la muerte de Juan Gabriel, todos manifestaron lo que representó ‘El Divo de Juárez’ en su vida. Este artículo lo escribí de ‘bote pronto’ para el sitio web del diario As México. Por una semana se mantuvo como el artículo más leído en la web de As Chile.

 

La pasión que levantó Juan Gabriel en este país es indescifrable. En su clásico de 1981, “Escenas de pudor y liviandad”, Carlos Monsiváis definió a “El Divo de Juárez” como una institución nacional, a la que comparaba, incluso, con el escritor Salvador Novo.

Alberto Aguilera Valadez, Juan Gabriel, dejó de existir este domingo (28 de agosto de 2016) en Santa Mónica, California, muy lejos de la tierra que lo vio nacer el 7 de enero de 1950, pero que lo vio triunfar, como todo su país y el mundo entero.

Juan Gabriel no es de los mexicanos, es un músico universal. Sus composiciones han sido cantadas por artistas tan distintos como Marc Anthony o Thalía; Laura Paussini o Chayanne; Alejandro Fernández o Vicentico; Jaguares o Pandora; la Maldita Vecindad y Rocío Durcal, quizá su más conocida intérprete.

La sencillez de sus composiciones, la universalidad de sus temas, su canto al amor y al desamor, han hecho que en México prácticamente nadie desconozca una canción de su autoría, que se cantan lo mismo en bodas que en bautizos, en graduaciones de colegios privados que en bailes de barrio, con mariachi o en covers de bandas de rock.

Juanga era un placer culpable y necesario. Su historia del esfuerzo y el ascenso social atrapaba a propios extraños. De una infancia llena de y privaciones y maltratos al estrellato, a los mejores escenarios de México y el mundo de habla hispana; de su paso por la penitenciaria de Lecumberri a los millones de discos vendidos, al reconocimiento total.

Pero su historia también fue la de la gratitud, de ahí la composición de su nombre artístico, Juan Gabriel, por Juan Contreras, su primer maestro de música y Gabriel, por el padre ausente.

Para Monsiváis, que apoyó la presentación de “El Divo de Juárez” en el Palacio de Bellas Artes, en 1991 (escribió, incluso, el programa de mano del evento), el encumbramiento de Juan Gabriel fue el “reconocimiento a la diversidad” y al compararlo con los Pedro Infante, Joaquín Pardavé o Tin Tán, los definió como “símbolos, emblemas, formas lingüísticas que, asimiladas y ‘reconvertidas’, serán parte de la cultura popular”.

“En el encono contra Juan Gabriel -escribió Monsiváis- actúa el odio a lo distinto, a lo prohibido por la ética judeo-cristiana, pero también se manifiesta el rencor por el éxito de quien, en otra generación, bajo otra moral social, hubiese sido un paria, un invisible socialmente”.

¿Qué era la música para Juan Gabriel? “Una manera de comunicarme con los míos, de agradecer que soy parte de cada persona que ha contribuido a mi realización. Creo en ella con toda mi devoción, pues gracias a ella no soy un desgraciado: he tenido para comer, para hacer muchas cosas que no hubieran sido posibles si me hubiera dedicado a otra cosa”, como lo dijo en una entrevista para el diario La Jornada en 2012. Para Juanga, su público era todo y él, junto a Agustín Lara y José Alfredo Jiménez, forman parte de la trilogía que “educó” sentimentalmente a todo un país.

En un mundo de artistas creados artificialmente, de cantantes de plástico, Juan Gabriel permaneció por su autenticidad y su sencillez, virtudes que le reconoció el público hasta su último aliento.

Provocador, frontal, divertido, transgresor, el legado de Juan Gabriel será eterno, como la devoción de sus seguidores. Hace apenas algunas semanas le llovieron críticas por atreverse a hacer un cover de la clásica canción de la banda estadounidense Creedence Clearwater Revival “Have you ever seen the rain?”, que él títuló “Gracias al sol”. Como a lo largo de su carrera, salió ileso de los comentarios negativos. Incluso, horas después de conocer su deceso, el propio John Fogerty, el compositor de aquella canción, le dedicó unas palabras al ídolo michoacano.

¿Qué es la muerte?, le preguntaron más de una vez y respondía sin miedo: “Cuando yo me duerma, ella despertará, es una cosa tan natural”.

“Juan Gabriel no era “inmorible”: es inmortal. Se fue el hombre pero queda el músico, enorme y eterno”, escribió este domingo el cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos en Twitter.

¡Ay Juanga, cómo quisiéramos, que tú vivieras!

 

Valdano y Roberto Vargas

Febrero de 1998:

Primer acto. Miércoles por la noche. Se concreta una cita para entrevistar a Jorge Valdano, junto a Miguel Padilla, para el diario Reforma y el semanario Señor Futbol. Llego a casa y tomo “Sueños de futbol”, le doy una leída y lo dejo en la mesa de la sala para llevármelo al otro día. Al buscarlo por la mañana, lo encuentro tirado en el suelo mordisqueado por Tina, nuestra mascota. ¡Me quiere dar un infarto!

Segundo acto. Jueves por la mañana. Corró a la librería “El Sótano” para comprar otro ejemplar. Encuentro el que había dejado escondido para un colega y lo compro.

Intermedio: Llegamos a las instalaciones de TV Azteca a la hora pactada para la entrevista. Valdano se había ido a su hotel. ¡Sudamos frío! Padilla y yo bajamos corriendo rumbo a la salida, a ver si encontrábamos a “El Filósofo” antes de que llegara a la calle. De pronto, el trasero monumental de una rubia nos hace voltear: era la conductora Rocío Sánchez Azuara. Mientras la contemplábamos, una secretaria nos alcanza: “El señor Valdano regresó”.

Tercer acto. Después de la entrevista, en la oficina de José Ramón Fernández, Valdano me firma el libro y me escribe la siguiente dedicatoria: “Para Roberto, con el deseo que compartamos sueños”.

Sueños 1

Acto final: Jorge Valdano visita la redacción de Reforma en 1999, ya como colaborador del diario. En medio de una sesión de fotografías y autógrafos, le cuento la anécdota del libro mordido. Ríe y me firma el ejemplar dañado con una nueva dedicatoria: “Para Roberto, que le da de comer sueños al perro, con el deseo de que le aprovechen”.

Sueños 2

Tenía más de 10 años de no charlar con Jorge Valdano. Durante ese lapso, lo vi un par de veces en presentaciones de libros y, durante mi breve paso por Récord, revisaba los artículos que mandaba todos los jueves para publicarse el sábado.

El martes coincidimos en el Estadio Azteca, donde grababa la recreación del gol que le convirtió a Alemania en la Final de la Copa del Mundo de 1986. Siempre amable, charló ampliamente con el equipo de TDN, que se encontraba ahí para una nota especial que saldrá al aire el siguiente torneo de la Liga MX.

Con Lalo Bacas nos acercamos a Valdano sobre la cancha. El santafesino y el tucumano, un ex Rosario Central y un ex Newell’s Old Boys, recordaron la concentración de la Selección Argentina en las instalaciones del Club América, en 1986.

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“Tres días antes del partido contra Inglaterra”, cuenta Bacas, “jugamos contra Argentina acá. ¡Les dimos un baile… ! Ganábamos 2-0 y Bilardo estaba como loco. Gritaba, corría, se metía a la banca, hacía cambios… No paró el partido hasta que empataron. Nosotros comenzábamos la pretemporada, estábamos muertos… Nos decíamos entre nosotros: ‘Ya déjenlos pasar para irnos a la mierda…’ Pero Alfredo (Tena) no quería…”

Comenzó a llover cuando Valdano abandonaba la cancha: “Así debería haber llovido el día de la Final”, dijo antes de entrar al túnel. Un lujo escuchar esas anécdotas de boca de sus protagonistas.

* El negativo de la foto de aquella entrevista de 1998 nunca me lo entregó Daniel Gazca; conservo el audio íntegro de aquella charla en un mini casete.

Pablo Larios

Aquel martes (3 de noviembre de 1998), mi agenda de trabajo en el diario Reforma indicaba que me tocaba ir al entrenamiento de Toros Neza, en el vetusto Neza 86, el inmueble que recibió tres duelos de la Copa del Mundo de 1986, incluidos dos de la Selección de Escocia, a los que acudió la estrella de rock Rod Stewart.
Por la mañana, antes de salir de casa, le comenté a mi papá que iba a cubrir el entrenamiento de Toros. Me dijo que no conocía el Neza 86 y, contrario a mi costumbre, lo invité a que me acompañara.
Por aquellos años, Toros Neza era uno de los pocos equipos que dejaba entrar a sus entrenamientos a prácticamente cualquier persona. Además, la salida del “Turco” Mohamed seis meses antes y el último lugar que ocupaba en la tabla de posiciones, no invitaba a muchos reporteros a acudir a las prácticas. Pero eso cambió un día después.
Lo que sucedió está relatado acá abajo sin editar. Tal y como salió publicado en la primera página de la sección deportiva de Reforma un día más tarde (¡Qué mal redactaba, por cierto!)
Mi viejo me preguntó aquella la noche: “¿A poco vas a publicar todo eso?” (ya me había escuchado mandar mi adelanto al salir del estadio). Le respondí: “Tú viste lo que pasó, no puedo ocultar la verdad”. Se quedó callado un rato y me dijo: “Te vas a meter en un problema”.
Al otro día, Miguel Padilla, el editor de futbol, me mandó a cubrir la práctica del América y otro compañero, uno de los más experimentados de la sección, fue al Neza 86.
Cuando llegué a comer, mi viejo se asomó por la ventana y me dijo: “¡Sube en chinga para que escuches el desmadre que armaste!” En Los Protagonistas, Juan Antonio Hernández, dueño del equipo, anunciaba la separación del plantel de los porteros Pablo Larios y Ramón Alonso, además del veterano defensa Miguel Herrera.
Por la tarde, en la redacción, Héctor Quispe, muy molesto, se quejaba de que había ido a Neza a “arreglar las tonterías que hizo este señor” y señalándome me dijo: “Dice Manzo (Manuel, el técnico del equipo), que si tienes pantalones lo vayas a ver. Ah y Miguel Herrera dice que cuando te vea te va a romper la cara”. Alejandra Benítez también me pasó el mensaje: “Dice Miguel (Herrera) que eres un mentiroso y que te va a romper la madre”.
Mediático, desde entonces, el “Piojo” le tomó la llamada a todos los programas vespertinos para desmentir lo ocurrido un día antes. Repitió una y otra vez que no había lesionado a nadie y que no me conocía.
Hernández se echó para atrás dos días después, pues Toros Neza enfrentaba a Cruz Azul el fin de semana, y perdonó a Herrera. La titularidad en el arco del cuadro burel la tenía asegurada el guardameta argentino Marcos “La Anguila” Gutiérrez, por lo que Alonso no regresó y Pablo Larios, el portero titular de la Selección Mexicana en el Mundial México 86, no jugó nunca más.

 

El enojo burel

Roberto Vargas (REFORMA, 4 de noviembre de 1998)

Son actualmente el peor equipo del futbol mexicano, el sábado enfrentarán al Cruz Azul, líder general del torneo y sin embargo, Toros Neza se toma las cosas con calma, mucha calma. Es un equipo desmotivado y con enormes problemas de disciplina que se viven día a día en los entrenamientos. La práctica de ayer no fue la excepción.

Manuel Manzo, técnico llegado hace nueve días a Neza, observaba el entrenamiento en el estadio a un lado de la cancha. Adentro sus dos auxiliares, Rafael Loredo y Sergio Lugo, dirigían el interescuadras cuando en una acción en medio campo Miguel Herrera, en el cuadro titular, hizo una fuerte entrada a Oscar Vega, éste se quedó parado doliéndose del tobillo derecho mientras que Herrera continuó la jugada sin que nadie le llamara la atención.

Manzo callado, sólo una o dos voces para indicar al portero de los titulares, Marcos Gutiérrez, que ordenara a su defensa. Al lado del DT el tercer portero, Ramón Alonso, platicaba con un utilero.

El cuerpo técnico mandó a Germán Arangio al cuadro suplente ante la molestia del argentino, quien al término del interescuadras aventó la casaca de entrenamiento al piso lo que provocó un tranquilo “no te enojes” proveniente de Manzo.

Loredo y Lugo llamaron a los titulares al centro del campo, mientras Manzo ordenaba que se delimitara una cancha de fut-tenis al lado del terreno de juego en donde descansaban Pablo Larios y algunos suplentes, entre ellos Vega, quien seguía doliéndose del tobillo.

Larios se puso hielo sobre la rodilla derecha y Alonso se quitó los guantes antes de entrar al vestidor.

En la portería norte Juan Ramón Fleita, el uruguayo Parodi, “Lupe” Rubio, Manuel Virchis, Enrique Figueroa y Luis Maldonado fueron llamados por Sergio Lugo para practicar centros y remates a una portería vacía, pues Alonso estaba en el vestidor.

Rafael Loredo fue por el portero suplente, quien de malas se puso los guantes para atajar algunos centros hasta que la “Anguila”, que se encontraba con los titulares y con Manzo, en los pocos minutos que el técnico dialogó con sus jugadores, llegó para sustituirlo.

-¿Ya terminaste?- preguntó a Alonso un jugador suplente.

“Pues ya llegó ese pendejo, ¿no?”, respondió el portero señalando al argentino.

Loredo llamó a gritos a Larios y a Alonso, mientras Manzo iniciaba su sesión de fut-tenis, pero los dos porteros hicieron caso omiso al auxiliar.

“Larios, Alonso, vengan para acá”. Pero el veterano guardameta se limitó a señalar su rodilla derecha con una bolsa de hielo encima y Alonso lo ignoró.

– “Alonso, ven para acá”, insistió Loredo.

– No voy a ir, señor-, contestó Alonso.

– ¿Por qué?”

-Ya me quité los zapatos, respondió el guardameta mientras levantaba los pies descalzos.

“De la manera más atenta te pido que te vistas y que vayas a la portería”.

– No voy a ir señor, tengo una molestia.

“¿Ya le avisaste al doctor?”

– No.

“Entonces vístete y ven”.

– No, no voy a ir -, respondió el portero, uno se rompe los huevos (en el entrenamiento) para que no lo tomen en cuenta, dijo en voz baja antes de entrar al vestidor.

TOMANDO EL SOL

En el centro de la cancha, recostados bajo el sol, platicaban Arangio, el “Pony” Ruiz, Humberto González, López Meneses y Herrera, sobrevivientes del subcampeonato del Verano 97, mientras Manzo seguía jugando.

El “Pony” abandonó la cancha y antes de salir hizo un reclamo al médico del equipo, después fue abordado por tres reporteros y cuando un enviado de Radio ACIR lo cuestionó sobre su discusión con el médico, el chileno le bajó el micrófono de un manotazo:

– Baja eso, apaga eso, dijo Ruiz señalando la grabadora, ¿por qué preguntas pendejadas?

“Sólo te pregunto lo que pasó”.

– ¿Y qué pasó? ¿Tú sabes cómo me llevo con él? Tener un micrófono no te da derecho a preguntar pendejadas. Eres un pendejo, dijo el chileno.

Otro jugador que también se molestó por las preguntas de los reporteros fue Arangio, quien antes de abandonar la cancha volteó a ver a Manzo, quien seguía en el fut-tenis, y expresó: “Míralo, que siga jugando”.

Larios, que salió detrás del argentino, señaló que en Toros Neza cada quien hace lo que quiere y mostró su molestia por salir del cuadro titular.

“El que juegue da igual, nunca te dicen nada, el último que se entera de las cosas es uno, cada quien hace lo que quiere, da igual”, expresó Larios.

El veterano guardameta aseguró que la idea del retiro ha pasado por su cabeza, pero aún no ha decidido nada, mientras tanto entró al vestidor con su bolsa de hielo en la rodilla.

– ¿Pablo, te pasó algo?

“No, nada, ya no quería seguir”.

Manzo, que por fin dejó de jugar con sus asistentes, a los que derrotó, señaló que contra Cruz Azul, el sábado, pueden dar una sorpresa y jugarán los que quieran hacerlo.

“Ya hablamos desde ayer y van a participar los que quieran hacerlo, yo no voy a soportar berrinches de nadie y el que quiera jugar, adelante”, expresó un exhausto Manzo.

 

SE EMBISTEN SOLOS

Roberto Vargas (REFORMA, 4 de noviembre de 1998)

Jugadores y cuerpo técnico de los Toros Neza llegaron ayer al fondo de su crisis, perdiendo el respeto por el trabajo de sus propios compañeros, mintiendo para no entrenar e insultando a un reportero de radio.

La indisciplina

– El tercer portero, Ramón Alonso, entró al vestidor al terminar el interescuadras, en el que no jugó, a regañadientes accedió a continuar la práctica, que aún no concluía, pero al ver llegar a Marcos Gutiérrez se retiró de nueva cuenta, se quitó los zapatos y no regresó a la portería a pesar de la insistencia del auxiliar Rafael Loredo.

Germán Arangio jugaba en el cuadro titular cuando el cuerpo técnico decidió pasarlo con los suplentes. Al termino del juego el argentino se quitó la casaca de entrenamiento y la aventó al piso.

Pablo Larios se rehusó a seguir en la práctica a pesar de la insistencia de Sergio Lugo y Loredo; se puso hielo en la rodilla derecha y al finalizar el entrenamiento aceptó que no tenía nada y sólo buscaba no seguir en la práctica.

– El preparador físico, Enrique Basulto, nunca ordenó una sesión de estiramiento como se acostumbra en otros equipos y apenas terminó la charla técnica se fue a jugar fut-tenis con Manzo.

La desunión

Miguel Herrera hizo una fuerte entrada a Oscar Vega, éste se quedó doliéndose del tobillo derecho y la jugada continuó sin que nadie le llamara la atención a Herrera o asistiera al compañero lesionado.

– Mientras sus auxiliares platicaban con el probable cuadro titular que enfrentará a Cruz Azul, Manuel Manzo, el DT, ordenó que se delimitará una cancha de fut-tenis para jugar un rato con sus amigos, utileros y asistentes.

– Herrera, el “Pony” Ruiz, López Meneses, Humberto González y Arangio se tiraron a tomar el sol en el centro del campo mientras sus compañeros seguían pegándole al balón y Manzo jugaba.

 

gRIFFA

Foto: Revista El Gráfico

Esta entrevista con el legendario buscador de talentos la realicé para Soccermanía por allá del 2004, cuando Griffa trabajaba como Coordinador de Fuerzas Básicas de la Federación Mexicana de Futbol. En la actualidad, tiene un puesto similar en Independiente de Avellaneda, luego de su paso por Newell’s Old Boys y Boca Juniors. Hace un par de años volví a hablar con él, cuando Marcelo Bielsa, uno de sus discípulos más notables, sonaba para dirigir a la Selección Mexicana.

 

Sale sonriente del ascensor de un hotel del sur del Distrito Federal vestido de forma casual y con una chamarra con el escudo de la Federación Mexicana de Futbol. Camina con paso vigoroso, es un incógnito ante los ahí presentes que ni por asomo advierten que ese hombre canoso es el “cazador” de talentos más célebre en la República Argentina y que entre sus descubrimientos se encuentran Gabriel Omar Batistuta y la “nueva joya” del balompié de aquel país: Carlos Tevez.

Jorge Griffa, Coordinador técnico de Fuerzas Básicas de la FMF, puesto que ocupa desde principios de año, ha observado las últimas semanas el trabajo de los juveniles del América y Atlante, antes de seguir rumbo a Pachuca. Comenzó su trabajo por el norte del país, en donde visitó los campamentos de Tigres, Monterrey, San Luis y Santos Laguna, por lo que platica sus impresiones después de sus primeras visorías en México.

“La colaboración que he recibido de los clubes ha sido magnífica, más que preocuparme qué se dice sobre mi persona, me he fijado en el nivel que tienen los chicos mexicanos, que es lo que me interesa. Lo otro realmente me tiene sin cuidado, porque yo vine a trabajar. Hemos estado con Tigres, Monterrey, San Luis, Santos Laguna y en el América, en todos el trato ha sido magnífico”.

– ¿Y cómo ha encontrado el nivel de los juveniles de estos equipos?

“Sería un atrevimiento bárbaro de mi parte decir realmente qué es lo que pienso de cada club; ahora, puedo dar un ‘pantallazo’ de lo que he visto en general. El primer análisis que hago es que el chico mexicano tiene habilidad, medianamente buena técnica y es muy rápido, que ya son armas muy importantes para el desarrollo del futbol. De lo que carece, de alguna forma, es de esa mentalidad definida y decidida, que esté convencido de su capacidad. Y luego, ante determinadas situaciones que exige el futbol, como es el roce físico, es un jugador que no tiene la potencia física que se necesita en el futbol actual. Si nosotros pensamos que el futbol tiene la parte técnica, la parte física y la psíquica… tenemos que preparar al chico para las maniobras en donde entremezclan la velocidad, la técnica y la fuerza”.

– En alguna entrevista usted señalaba que cuando comenzó a preparar a los juveniles de Newell’s Old Boys, en Rosario, buscaba que sus jugadores tuvieran una mezcla de la técnica de los argentinos, con el trabajo y sacrifico del futbolista español. En el caso de México, ¿qué características le gustaría combinar?

“Yo he visto algunas características del jugador mexicano y sobre eso voy a tratar de trabajar, pero para mí también es muy importante este proceso que la Federación ofrece a los clubes, y que yo tengo el honor y la suerte de trabajar en él. El señor De la Torre (Alberto, presidente de la FMF) y yo, coincidentemente compartimos la misma idea de que había que ampliar el horizonte de los juveniles.

“El cambio de mentalidad que yo hice en Rosario fue porque me di cuenta que algo andaba mal, pero no podía cambiarlo arriba, debía hacerlo desde abajo, a través de sus juveniles, y tengo la satisfacción de ser partícipe de ese cambio en Argentina. Vamos a ver en el futbol mexicano qué pasa, esa es la idea; la disposición que he encontrado en los chicos y en los técnicos, sin ninguna duda ayuda a que yo, con mis treinta y pico años de experiencia, les pueda ofrecer todo lo que viví durante este tiempo, y algunos jóvenes y no tan jóvenes, pero con menor experiencia que yo, puedan enriquecer su conocimiento”.

– En 1992, cuando Marcelo Bielsa llegó a México, dijo en una entrevista que acá había tenido que cambiar su discurso futbolístico, en el sentido de que tenía que hablarle de manera diferente a los jugadores juveniles para no ofenderlos, ¿cambió usted su discurso?

“Cada país tiene su idiosincrasia, pero además cada equipo es un mundo, no necesariamente todo los chicos tienen la misma mentalidad, ni para mejor ni para peor. Yo creo que el jugador mexicano puede competir con cualquier chico del mundo, tranquilamente. Si tiene ya, a pesar de algunos inconvenientes, la posibilidad de asistir a competencias, en cuanto empiece a transformar lo negativo en positivo estará en presencia de dar un gran salto”.

– Los jugadores son competitivos, pero, ¿cómo ha encontrado a la gente que trabaja en las inferiores, está capacitada?

“Yo no puedo hablar mucho de esto, pero he visto una gran atención y un gran deseo de capitalizar conocimientos, tanto del jugador, como de aquellos que dirigen a los juveniles. En la vida nunca se deja de aprender y por mi experiencia puedo decir que cuando estamos en los 30, cuando dejamos de jugar al futbol, creemos que sabemos todo; a los 40, nos empezamos a dar cuenta de lo poco que sabemos para enseñarle a los chicos; a los 50 pensamos en lo mucho que tenemos por aprender y a los 60 seguimos aprendiendo. ¡Imagínense si hay panorama para aprender en el futbol! El futbol tiene una evolución constante y cada día es más exigente, nosotros tenemos que darle todos los días a los chicos mayor capacitación para que puedan desarrollar todo lo que saben y responder a esa exigencia”.

– A nivel infraestructura, ¿cómo ha encontrado México?

“En términos generales bien, algunos mejor, otros peor, pero yo creo que podrían estar mucho mejor. Hay clubes que están relativamente bien, otros con lo justo y otros que no están bien. Si nosotros apuntamos a un proyecto y apostamos a él, tenemos que darle todo el apoyo que necesita, y un punto son las canchas y los lugares de juego, eso es fundamental. He visto que tienen muchas cosas, infinidad de pelotas, ropa, pero están limitados en las canchas de juego, y eso hay que mejorarlo. Los chicos mexicanos pueden estar mucho mejor, trabajar en mejores condiciones no equivale a gastar mucho dinero”.

– Hay en México la capacidad para que surja un Batistuta, un Balbo, un Tevez…

“… un Burdisso, un Battaglia, Pochettino, Sensini… puros chicos de Boca y de Newell’s (sonríe)… Estoy convencido de que en el futbol mexicano hay chicos que pueden ser grandes jugadores, incluso ya los hay, pero de todas maneras es importante que el chico tome ejemplos, que diga ‘yo quiero parecerme a este o a aquel otro’, esa imagen que ven ellos puede ser reflejada en ellos mismos. Acá hubo un jugador muy importante como Hugo Sánchez, que jugó en España muchos años. Es importante que los chicos lo vean, que piensen que el día de mañana pueden estar, como él, en algún club mayor o en la Selección de su país, pero lo primero que hay que pensar es que para conseguir el éxito se necesita un esfuerzo extra, no alcanza con el esfuerzo normal. Para ser el gran jugador de futbol hay que hacer un sacrificio y eso lleva de la mano resignar muchas cosas en la vida, dejar de hacer de hacer cosas que hacen otros chicos de su misma edad, pero al final hay dos caminos, no tres ni veintiocho, dos caminos: el del posible éxito y el del seguro fracaso. Nosotros tenemos la obligación de marcarle los dos caminos para que el chico pueda tener esa posibilidad de éxito”.

– A usted, que le gusta tanto trabajar con juveniles, ¿qué le dice que el líder del campeonato mexicano, Jaguares de Chiapas, no tenga en sus filas jugadores de inferiores?

“Todos esos muchachos que están haciendo una gran temporada, jugando muy bien, nacieron como juveniles en algún lado, alguien les dio la oportunidad, y ahora alguien ha tenido la habilidad de juntarlos. Por eso es importante lo que propone el presidente de la Federación, a través mío, que esos equipos puedan desarrollar sus juveniles, que surjan clubes que apunten hacia esa clase de proyectos. El futbol juvenil puede ayudar a los clubes sin tener que comprometerse económicamente. Cuando se hace un trabajo planificado, con orden, con un punto de referencia, el club pasa, en un plazo determinado, de ser comprador a un vendedor, pero hay que ver qué quiere cada uno. Si se quiere ser un equipo vendedor hay que trabajar en el futbol juvenil, pero no es cosa de decir ‘voy a trabajar con las inferiores’, porque hay que saber armarlas, poner gente capacitada”.

– ¿El “resultadismo” que existe en el futbol actual no fuerza el trabajo con los juveniles?

“Los directivos a los tres días quieren el éxito y ese es un mal en el futbol mundial que hay que eliminar. Hay que decirles ‘Fíjense lo que hizo Mauricio Macri en Boca’. Llegó en 96 y tomó un club completamente deprimido, con unas inferiores que no existían, jamás tenía un jugador en la Selección argentina, años sin debutar un juvenil… Macri decidió darle el respaldo a alguien que conocía del tema, lo sostuvo, marcó determinados tiempos de trabajo y Boca pasó de ser de un club comprador a un club vendedor; de un club sin éxito a uno lleno de éxitos; de un club sin divisiones inferiores a uno con las mejores inferiores de Argentina. Más no se puede pedir. Boca no tenía nada y lo hizo, quiere decir que se puede hacer, buscar la gente capacitada para trabajar, los juveniles con condiciones superiores que den respuesta a esa necesidad y a ese deseo…”.

– Pero no todos tienen la paciencia de Mauricio Macri...

“No, pero en la vida se vive de ejemplos y Boca Juniors es uno de ellos”.

 

LAS METAS DE GRIFFA

Cuestionado desde antes de su llegada por algunos sectores del balompié nacional, Griffa desestima las críticas y asegura que su único objetivo es transmitir sus experiencias para enriquecer al futbol mexicano.

“Voy a estar dos años acá y quiero ofrecerle a la gente toda mi experiencia para que cuando me vaya diga: ‘Cuando llegué encontré al futbol mexicano en buenas condiciones… pero cuando me voy lo dejo mejor’. No que yo lo vaya a hacer todo, porque nadie hace nada solo, pero sí quiero ofrecerle a los técnicos del futbol mexicano todos mis conocimientos. Habrá algunas cosas que las saben todas; otras que saben a medias y algunas más que no las saben, pero la idea es que aquellos que tengan dos puntos, tengan luego dos y medio; los que tengan tres, que suban un poco…”.

– ¿Cuántos puntos tiene Jorge Griffa?

“No los estoy cuantificando, lo que estoy diciendo es que estamos sumando siempre. A la gente que está fuera hay que hacerla que conozca cómo se trabaja en el futbol juvenil, que es una secuencia muy difícil de comprender, porque cuando se empieza un trabajo en determinado club, a los seis meses quieren que salgan jugadores y esto no es así. Se lo he explicado a los entrenadores, cómo fui avanzando en lugares tan inhóspitos y con carencias como Newell’s Old Boys, donde no había nada; cómo fui creciendo en un club tan inmensamente grande como Boca Juniors… Viví los mejores momentos en la historia de Newell’s, lo hicimos sentarse en la mesa de los grandes; he vivido dentro de Boca los mejores momentos de su historia… además soy un tipo con suerte”.

– ¿Qué opina sobre la gente que se ha manifestado en contra de su presencia en México, concretamente Hugo Sánchez, que dijo que usted no iba a entrar a Pumas?

“No creo que esté en contra. Somos gente de futbol, nos podemos entender, jugamos en el mismo club, el jugó en el Atlético de Madrid y yo también; fue figura y yo también, fui el extranjero que más partidos jugó en la historia del Atlético, viví los mejores momentos en la historia del club… Por otra parte no creo que esto sea algo insalvable, contundente, definitivo, yo vengo a esto… además no soy ningún desconocido”.

Jorge Griffa ha descubierto a lo largo de su carrera a infinidad de jugadores que se convirtieron en figuras, quizá la mayor de ellas Gabriel Batistuta, ¿qué representa esto para usted?

“Uno busca a los chicos, les ve condiciones y trata de enseñarles algo, lo demás son cosas circunstanciales, pero para que se den esas circunstancias hay que provocarlas, hay que estar metido. Batistuta tuvo la respuesta que se esperaba, a pesar de que tenía más tipo de oficinista que de jugador de futbol: alto, gordo, que le pegaba con todo a la pelota, pero se fue perfeccionando y se quedó, todo mundo sabe lo que pasó y todavía anda por ahí.

“Hay algunos muchachos que estuvieron conmigo que resultaron buenos jugadores, unos cuantos (ríe). Batistuta fue uno de ellos, otro fue Balbo: los dos goleadores más grandes del futbol italiano. (Américo) Gallego también fue un jugador muy importante, campeón del mundo en el 78; Gerardo Martino, Juan José Rossi, ValdanoWalter Samuel, que también es muy representativo. Con Batistuta como delantero y Samuel como defensa pudo haber terminado la búsqueda… Sensini, un chico bárbaro, tiene 37 años y sigue jugando…”.

Con más de 30 años en la búsqueda de talentos juveniles, Griffa cuenta como en ocasiones es difícil tratar con los padres de los jugadores de las inferiores y cada vez más con los representantes.

“Han cambiado mucho las cosas, antes los padres tenían una rigurosa tendencia por el estudio, como fue el caso de (Gabriel) Batistuta, que el padre no lo quería dejar jugar porque prefería que el chico estudiara; pero fue pasando el tiempo y ahora hay una tendencia mayor por los deportes y en especial el futbol…”

– ¿Motivada por la parte económica?

“Está ‘explosión’ del futbol a nivel mundial… las esquirlas de esa bomba saltaron para todos lados y todo mundo empezó a ver al futbol, ya no como deporte, también como una cuestión económica, entonces, hay una serie de cosas que rodean al juvenil, que lo tocan y lo complican: los padres, los directivos, el director técnico, de alguna manera los representantes. Todo eso lo puede ayudar a crecer o llevarlo al fracaso, porque aparecen, cuando se tiene el mínimo éxito, los amigos de ocasión, que casi nunca le dan buen consejo…

“Como para ejemplificar, yo distingo tres clases de padres: el primero, es el normal, el que quiere lo mejor para su hijo; luego tenemos a la clase de padres que se transforman en intransigentes o no, depende de cómo le vaya al hijo, y luego están aquellos que son verdaderamente complicados, porque con los dos primeros se puede llegar a un acuerdo: ‘Usted quiere lo mejor para su hijo, yo también, así es que unamos fuerzas para ayudarlo a triunfar, no compliquemos al chico’. Y la última clase de padres son complicados porque llegan incluso a la calumnia: ‘Yo le di plata a un técnico, me vino a pedir dinero’. Yo los he visto y son complicados porque molestan al técnico, al juvenil, terminan aniquilando las posibilidades del jugador”.

– Se dice que hay mucha gente sin escrúpulos alrededor del futbol juvenil, representantes que engañan al jugador, que lo llevan a otro país y lo dejan tirado a su suerte…

“A mí no me consta eso. Son situaciones muy particulares que surgen de tanto en tanto, yo no las viví nunca. Lo que sí viví fueron padres complicados, que terminan tratando de perjudicar a otras personas porque no pusieron al hijo o lo dejaron en libertad. Pero esto es entendible, porque si a un padre le preguntas cómo formaría al equipo para el domingo te diría: ‘Mi hijo y 10 más’… es así”.

– Usted como formador de juveniles, ¿qué valores trata de inculcarle a los jugadores para que no se desvíen por el camino fácil de los “pseudo representantes”?

“A los representantes antes se les llamaba ‘empresarios’ y creo que no es mala la figura, lo que pasa es que ellos están en la otra vereda, defienden sus intereses y yo tengo que defender los de mi club. Pero si ellos me llevan a un buen jugador, con condiciones, yo lo voy a ver y les voy a decir ‘Vayan al club, hablen con tal directivo y si se arreglan, magnífico’. Normalmente se habla de un convenio, en ello no hay maldad. Me traen un buen jugador, lo veo y digo si me gusta o no, pero los representantes son un afluente más de todas las que me traen jugadores”.

– ¿Considera sano para el futbol que chicos de 11 ó 12 años lleguen con representante a los clubes?

“Eso es una locura. Antes estaba el empresario que compraba al jugador, lo dejaba en el club y desaparecía de la escena; luego llegó el representante que sí es como un consejero. Los representantes estaban en Primera División, comenzaron a meterse a juveniles y ahí empecé a arquear las cejas, ya no me gustó, pero después se metieron a infantiles… Cuanto menos cerca estén mío mejor. Hay representantes serios y otros que no lo son, aquellos que los dejan tirados por el mundo. Yo siempre le hablo a los chicos y les digo que su principal objetivo es el éxito deportivo, que hay muchos valores que están antes de esa posibilidad de éxito, que no se vuelvan locos, que el éxito llega a través del esfuerzo… y hay que trabajar para ello”.

– ¿Cómo le ha hecho para descubrir a tanto jugador, en qué se fija?

“Uno tiene sus parámetros que, por otra parte no son definitivos… Uno mira y ya se va dando cuenta de las condiciones que tiene cada chico, las posibilidades; de los que uno elige se van quedando muchos en el camino, pero son las reglas del juego. Hay tres condiciones que yo digo que debe tener todo jugador: capacidad, oportunidad y suerte. A muchísimos jugadores se les dan dos, las dos primeras, no se les da la tercera y no pueden conseguir llegar a su objetivo”.

– Hace ya más de 10 años que César Luis Menotti dirigió a la Selección Mexicana y aún se recuerda su paso, muchos dicen que fue un parteaguas en la historia del futbol nacional, ¿usted quiere que se le recuerde de manera similar?

“¿Pretender yo lo del ‘Flaco’? No, Menotti son palabras mayores. El ‘Flaco’ es alguien de altos vuelos en el futbol profesional… Lo que yo quiero, lo que pretendo es ofrecerle todo a la Federación y a los muchachos que visito. Cuando termino de platicar con ellos les digo: ‘Seguro que algo les dejé’, y cuando ellos me responden que sí, eso quiere decir que estamos en el camino”.

Morelia 1997

Antes de darle el primer sorbo a su café, Sandra abrió desmesuradamente los ojos y soltó la pregunta como un poderoso “upper cut”:

– ¿Has estado en la cárcel?
– No, respondí de inmediato. Ahí me di cuenta de lo diferente que éramos.

De ojos grandes y expresivos, pestañas de ensueño, una cabellera que le caía como cascada hasta los hombros, caderas anchas y tez canela, Sandra era una bella moreliana, estudiante de Economía con la que compartía algunas clases en el ITAM.

Aunque su padre era un importante funcionario del gobierno de Michoacán, ella tenía una sensibilidad especial para los temas sociales. Colaboraba en algunas fundaciones, en las que trabajaba con niños en situación de calle y con menores infractores. Quizá por eso, mi cara de maleante, le recordó su trabajo en el tutelar.

A Sandra la conocí en la clase de Problemas de la Realidad Mexicana Contemporánea, en la que terminé como asistente – no formal- de la doctora García Ugarte, una socióloga hondureña que se apoyaba en mi formación como politólogo para discutir temas que a actuarios, matemáticos, administradores y contadores, poco les importaban.

– ¿Por qué sabes tanto?, me preguntó Sandra una mañana. No supe qué contestar, pero a partir de ese día, cambié mi lugar junta a la doctora García Ugarte por una asiento al lado de Sandra, que abría los ojos como platos cuando yo trataba de enriquecer la clase del día con datos y puntos de vista sobre temas como el movimiento del 68, las reformas electorales o el sistema de partidos en México. Sandra, dejó la carrera de Economía y se cambió a Ciencia Política.

– Le gustas a la gordita, me dijo Benito un día. ¡Ya chingaste, cabrón, ¿viste el reloj que trae? No mames, siempre trae bolsa de diseñador! ¡Debe tener un chingo de lana!

Yo, tan despistado para los accesorios femeninos, como para tantas otras cosas, no me había fijado en ello. Tampoco en los celos de la doctora García Ugarte ni en los de Nina, una compañera con la que compartía mis tardes de estudio aquellos años.

– No me gusta para ti, está muy tosca y es medio boba, me dijo Nina una tarde al terminar de hacer la tarea para la clase de Elección Pública.

A Sandra, yo le causaba ternura, me lo dijo más de una vez. Como aquel Año Nuevo que le marqué a su casa de Morelia cuando yo estaba de visita en la capital michoacana con Manolo, Karla y Vero. Por lo mismo, aceptó salir conmigo un par de veces más, aunque por entonces, ya estaba de novia con el que hoy es su esposo.

Aquel verano del 97, América arrasaba en la liga con la conducción de Jorge “Indio” Solari y jugadores como Luis García, Cuauhtémoc Blanco, Kalusha Bwalya y el argentino Leo Rodríguez. Yo aún no cumplía un año en la redacción del diario Reforma y, además, era candidato a diputado local suplente por Acción Nacional.

Las posiciones en la tabla general determinaron el cruce entre América y el Atlético Morelia, equipo que ya era propiedad de Televisión Azteca, pero al que aún no le cambiaban el uniforme ni le ponían el espantoso mote que lleva en la actualidad.

Entre mi trabajo como reportero novato en Reforma y la campaña electoral, no podía asistir regularmente a clases en el ITAM, por lo que sólo metí, sin saberlo, las dos últimas materias que cursé ahí: Política Mexicana Contemporánea, con Ignacio Marván (que sustituyó a Juan Molinar) y Economía II, con Pedro Aspe Armella, ex secretario de Hacienda. Obviamente, sólo acredité la primera.

Una mañana de mayo, a punto de comenzar la Liguilla, me encontré a Sandra en la biblioteca:

– ¡Qué tal mi Morelia!, me dijo emocionada. Sin dudarlo, le pregunté si quería ir al partido de vuelta de los cuartos de final.
– ¿De verdad?, respondió y quedó de pasar por mí al diario.

En menudo lío me había metido. No tenía manera de pedir permiso para faltar aquella tarde y además, el campañón del América, primer lugar de la tabla, había hecho que las entradas se agotaran. Compré los boletos en reventa la mañana de aquel sábado 17 de mayo. Me costaron una fortuna. Sandra me llamó a medio día. Quería saber si seguía en pie la invitación. Le dije que sí.

Todo mundo en la redacción estaba pendiente de la Liguilla por lo que, sin avisar, me salí del trabajo para encontrarme con ella.

Elegante, a pesar de los jeans y las botas desgastadas, Sandra estaba radiante. Su perfume inundaba de coquetería el auto cuando me subí.

– ¡Que emoción, amigo, qué emoción!, repetía una y otra vez mientras avanzábamos sobre Calzada de Tlalpan. Los autos avanzaban lentamente y una marea de banderas amarillas, del América, tapizaban la avenida. Del Morelia, ni una sola.

Cruzamos Taxqueña y afuera del Sumesa, alcancé a ver a un vendedor con banderas del Morelia. Le pedí a Sandra que se orillara y me baje del auto, casi en marcha, para comprar una.

Entre los nervios por mi escapada del trabajo y por el propio partido (los Ates habían ganado 1-0 la ida con un gol del “Mudo” Juárez), y la excitación por la compañía de Sandra, mi cabeza era una montaña rusa de emociones. Por eso, cuando un americanista me quiso arrancar la bandera de las manos, exploté.

De las mentadas de madre, pasamos a las amenazas y cuando me iba a bajar del auto, una locura pues me encontraba entre un océano de americanistas, Sandra me detuvo.

Su molestia fue evidente. También su decepción. No era que después de aquella tarde dejara al novio para comenzar una relación conmigo, pero sus temores reflotaron.

El Azteca fue una fiesta purépecha, a pesar del gol de Luis García a los 18′. A los 40′, Claudinho empató el marcador tras una asitencia del legendario “Fantasma” Figueroa y el global se puso 1-2 a favor de los michoacanos. Sandra y yo reímos tras el gol. En el complemento, Jafet Soto (68′) y otra vez el “Mudo” Juárez, redondearon el marcador que apartó de la lucha por el título al mejor equipo de la fase regular. Sandra y yo queríamos bajar a abrazar a Tomás Boy.

Las gradas del Coloso de Santa Úrsula eran un carnaval amarillo y colorado. En medio de los festejos, nos encontramos con otros michoacanos que estudiaban en el ITAM y yo terminé abrazado y festejando con gente a la que nunca volví a ver. El festejo continuó en el estacionamiento, que parecía la central camionera de Observatorio por la gran cantidad de autobuses que llegaron de Morelia.

Caminamos rumbo al auto y, cuando abandonábamos la zona, vi a unos brigadistas de Acción Nacional que pintaban una barda con mi nombre y el de la doctora Mercedes Velasco, mi compañera de fórmula en la candidatura por el distrito XXXV.

Morelia quedó fuera en semifinales ante Chivas, a la postre el campeón, tras un 1-1 global; Tomás Boy dejó a los Ates para dirigir al Monterrey, el “Indio” Solari no terminó el siguiente torneo con el América y Mercedes y yo quedamos en tercer lugar de la elección.

La bandera rojo y amarillo con el viejo escudo del equipo michoacano quedó guardada en un cajón hasta mi última mudanza y al Atlético Morelia le cambiaron el nombre en 1999, cuando yo viajaba cada mes a Santa Clara del Cobre a visitar a una doctora que hacía su servicio social en el centro de salud del pueblo.

A Sandra nunca la volví a ver.