Morelia 1997

Antes de darle el primer sorbo a su café, Sandra abrió desmesuradamente los ojos y soltó la pregunta como un poderoso “upper cut”:

– ¿Has estado en la cárcel?
– No, respondí de inmediato. Ahí me di cuenta de lo diferente que éramos.

De ojos grandes y expresivos, pestañas de ensueño, una cabellera que le caía como cascada hasta los hombros, caderas anchas y tez canela, Sandra era una bella moreliana, estudiante de Economía con la que compartía algunas clases en el ITAM.

Aunque su padre era un importante funcionario del gobierno de Michoacán, ella tenía una sensibilidad especial para los temas sociales. Colaboraba en algunas fundaciones, en las que trabajaba con niños en situación de calle y con menores infractores. Quizá por eso, mi cara de maleante, le recordó su trabajo en el tutelar.

A Sandra la conocí en la clase de Problemas de la Realidad Mexicana Contemporánea, en la que terminé como asistente – no formal- de la doctora García Ugarte, una socióloga hondureña que se apoyaba en mi formación como politólogo para discutir temas que a actuarios, matemáticos, administradores y contadores, poco les importaban.

– ¿Por qué sabes tanto?, me preguntó Sandra una mañana. No supe qué contestar, pero a partir de ese día, cambié mi lugar junta a la doctora García Ugarte por una asiento al lado de Sandra, que abría los ojos como platos cuando yo trataba de enriquecer la clase del día con datos y puntos de vista sobre temas como el movimiento del 68, las reformas electorales o el sistema de partidos en México. Sandra, dejó la carrera de Economía y se cambió a Ciencia Política.

– Le gustas a la gordita, me dijo Benito un día. ¡Ya chingaste, cabrón, ¿viste el reloj que trae? No mames, siempre trae bolsa de diseñador! ¡Debe tener un chingo de lana!

Yo, tan despistado para los accesorios femeninos, como para tantas otras cosas, no me había fijado en ello. Tampoco en los celos de la doctora García Ugarte ni en los de Nina, una compañera con la que compartía mis tardes de estudio aquellos años.

– No me gusta para ti, está muy tosca y es medio boba, me dijo Nina una tarde al terminar de hacer la tarea para la clase de Elección Pública.

A Sandra, yo le causaba ternura, me lo dijo más de una vez. Como aquel Año Nuevo que le marqué a su casa de Morelia cuando yo estaba de visita en la capital michoacana con Manolo, Karla y Vero. Por lo mismo, aceptó salir conmigo un par de veces más, aunque por entonces, ya estaba de novia con el que hoy es su esposo.

Aquel verano del 97, América arrasaba en la liga con la conducción de Jorge “Indio” Solari y jugadores como Luis García, Cuauhtémoc Blanco, Kalusha Bwalya y el argentino Leo Rodríguez. Yo aún no cumplía un año en la redacción del diario Reforma y, además, era candidato a diputado local suplente por Acción Nacional.

Las posiciones en la tabla general determinaron el cruce entre América y el Atlético Morelia, equipo que ya era propiedad de Televisión Azteca, pero al que aún no le cambiaban el uniforme ni le ponían el espantoso mote que lleva en la actualidad.

Entre mi trabajo como reportero novato en Reforma y la campaña electoral, no podía asistir regularmente a clases en el ITAM, por lo que sólo metí, sin saberlo, las dos últimas materias que cursé ahí: Política Mexicana Contemporánea, con Ignacio Marván (que sustituyó a Juan Molinar) y Economía II, con Pedro Aspe Armella, ex secretario de Hacienda. Obviamente, sólo acredité la primera.

Una mañana de mayo, a punto de comenzar la Liguilla, me encontré a Sandra en la biblioteca:

– ¡Qué tal mi Morelia!, me dijo emocionada. Sin dudarlo, le pregunté si quería ir al partido de vuelta de los cuartos de final.
– ¿De verdad?, respondió y quedó de pasar por mí al diario.

En menudo lío me había metido. No tenía manera de pedir permiso para faltar aquella tarde y además, el campañón del América, primer lugar de la tabla, había hecho que las entradas se agotaran. Compré los boletos en reventa la mañana de aquel sábado 17 de mayo. Me costaron una fortuna. Sandra me llamó a medio día. Quería saber si seguía en pie la invitación. Le dije que sí.

Todo mundo en la redacción estaba pendiente de la Liguilla por lo que, sin avisar, me salí del trabajo para encontrarme con ella.

Elegante, a pesar de los jeans y las botas desgastadas, Sandra estaba radiante. Su perfume inundaba de coquetería el auto cuando me subí.

– ¡Que emoción, amigo, qué emoción!, repetía una y otra vez mientras avanzábamos sobre Calzada de Tlalpan. Los autos avanzaban lentamente y una marea de banderas amarillas, del América, tapizaban la avenida. Del Morelia, ni una sola.

Cruzamos Taxqueña y afuera del Sumesa, alcancé a ver a un vendedor con banderas del Morelia. Le pedí a Sandra que se orillara y me baje del auto, casi en marcha, para comprar una.

Entre los nervios por mi escapada del trabajo y por el propio partido (los Ates habían ganado 1-0 la ida con un gol del “Mudo” Juárez), y la excitación por la compañía de Sandra, mi cabeza era una montaña rusa de emociones. Por eso, cuando un americanista me quiso arrancar la bandera de las manos, exploté.

De las mentadas de madre, pasamos a las amenazas y cuando me iba a bajar del auto, una locura pues me encontraba entre un océano de americanistas, Sandra me detuvo.

Su molestia fue evidente. También su decepción. No era que después de aquella tarde dejara al novio para comenzar una relación conmigo, pero sus temores reflotaron.

El Azteca fue una fiesta purépecha, a pesar del gol de Luis García a los 18′. A los 40′, Claudinho empató el marcador tras una asitencia del legendario “Fantasma” Figueroa y el global se puso 1-2 a favor de los michoacanos. Sandra y yo reímos tras el gol. En el complemento, Jafet Soto (68′) y otra vez el “Mudo” Juárez, redondearon el marcador que apartó de la lucha por el título al mejor equipo de la fase regular. Sandra y yo queríamos bajar a abrazar a Tomás Boy.

Las gradas del Coloso de Santa Úrsula eran un carnaval amarillo y colorado. En medio de los festejos, nos encontramos con otros michoacanos que estudiaban en el ITAM y yo terminé abrazado y festejando con gente a la que nunca volví a ver. El festejo continuó en el estacionamiento, que parecía la central camionera de Observatorio por la gran cantidad de autobuses que llegaron de Morelia.

Caminamos rumbo al auto y, cuando abandonábamos la zona, vi a unos brigadistas de Acción Nacional que pintaban una barda con mi nombre y el de la doctora Mercedes Velasco, mi compañera de fórmula en la candidatura por el distrito XXXV.

Morelia quedó fuera en semifinales ante Chivas, a la postre el campeón, tras un 1-1 global; Tomás Boy dejó a los Ates para dirigir al Monterrey, el “Indio” Solari no terminó el siguiente torneo con el América y Mercedes y yo quedamos en tercer lugar de la elección.

La bandera rojo y amarillo con el viejo escudo del equipo michoacano quedó guardada en un cajón hasta mi última mudanza y al Atlético Morelia le cambiaron el nombre en 1999, cuando yo viajaba cada mes a Santa Clara del Cobre a visitar a una doctora que hacía su servicio social en el centro de salud del pueblo.

A Sandra nunca la volví a ver.

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Diario AS, a través de un servidor, fue el primer medio en confirmar la llegada de Almeyda a Chivas, en septiembre del año pasado. Días después escribí un breve perfil del técnico argentino del Rebaño.

Matías de Jesús Almeyda (Azul, Argentina, 21 de diciembre de 1973) es un hombre de retos. Apenas consumado el primer descenso en la centenaria historia de River Plate, el 26 de junio de 2011, supo que su deber era tomar las riendas del equipo que le dio la oportunidad de debutar como jugador en 1992.

Después de llorar toda la madrugada, tomó el teléfono y le comunicó al presidente de los Millonarios, Daniel Passarella, que dirigiría a River en el Nacional B. Y 362 días después, tras un sufrido triunfo de 2-0 ante Almirante Brown, el “Pelado” regresaba a Primera División a River.

Aunque en la A no le fue bien con el “equipo de la Banda” y pese a su corta experiencia como técnico, Almeyda cosecha otro logro importante en su carrera: al final de la temporada 2013-2014 ascendió a Primera División a Banfield, que en sus filas contaba con jugadores como Walter Erviti y Nicolás Bertolo, que regresaron desde México para jugar con el Taladro.

Almeyda es parte de una nueva camada de técnicos en el futbol argentino, entre los que destacan Marcelo Gallardo, Diego Cocca y Guillermo Barros Schelotto, y aunque aprendió de entrenadores de cuna riverplatense como Passarella, Sabella y Gallego, tiene sus propias convicciones.

Cuando tomó a River cargaba en su iPad videos de todos los partidos para revisar a detalle cada jugada y corregirlas con sus jugadores; también se apoyó de un neurobiólogo que le apoyara a conocer las respuestas cerebrales de sus jugadores en las concentraciones. Pero una de sus bases es la unión grupal, por lo que gustaba de organizar salidas fuera de lo deportivo para que los elementos de su plantel se conocieran entre sí y se entendieran más.

Almeyda no tolera a los directivos que se meten en el vestidor para generar mal ambiente, algo a tomar en cuenta por los antecedentes de Vergara en Chivas.

“No tolero al (directivo) que entra al vestuario y te soba el lomo cuando ganás y después, en la tribuna, te reputea para quedar bien con la gente. También algunos tienen manejos oscuros con los representantes”, señaló Matías en una entrevista con la revista El Gráfico.

El referente como director técnico para Almeyda es Marcelo Bielsa, que lo llevó al Mundial Corea-Japón 2002: “Bielsa está varios escalones arriba del resto. Aunque con Passarella, el Tolo y Sabella aprendí un montón”.

También tuvo como técnico en la Lazio al sueco Sven Goran Eriksson, con quien tuvo algún enfrentamiento en 1999.

“En el 99 me eligen el mejor jugador del campeonato, ganamos un montón de cosas en la Lazio y arrancamos la temporada siguiente jugando la Supercopa europea contra el Manchester. Dos días antes, planta el equipo y me deja afuera. Yo merecía jugar esa final porque habíamos logrado el pasaporte ganando la Recopa. Me fui del entrenamiento a mi casa y me metí en la cama. Vino el director deportivo a pedirme que volviera. Los atendí en mi habitación. Al final, Eriksson me dijo que me ponía pero que debía mejorar varias cosas. Le dije que estaba bien, pero que el partido con Manchester, yo merecía jugarlo”.

Almeyda vive por y para el futbol, por eso entiende el sentimiento de alguno de sus jugadores al ser reemplazado y cada vez que hace un cambio durante un partido, le extiende la mano al jugador que sale: “Es un simple gesto. Te saco porque creo que es lo mejor para el equipo, pero te sigo valorando como ser humano. Tiremos juntos”.

Así es Matías Almeyda, un hombre desconocido en el futbol mexicano que está cerca de dirigir a Chivas, un equipo en el que ninguno de los siete técnicos argentinos que le han dirigido ha tenido éxito. ¿Le alcanzará el atrevimiento para sacar adelante al Rebaño?

14/09/2015

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“Morir a plazos es la especialidad de los porteros”, escribió Juan Villoro en un ensayo sobre el sucidio del alemán Robert Enke, ex arquero de la selección alemana y el Barcelona. Para Óscar Pérez, el portero campeón de la Liga MX con el Pachuca, pararse bajo los tres postes es un impulso renovador.

Hace 10 años que la palabra retiro se vincula al guardameta, que el domingo se convirtió en el jugador más longevo en coronarse en el fútbol mexicano, con 43 años.

En 2007, cuando jugaba su última temporada con el Cruz Azul, equipo con el que debutó en 1993, el Conejo ya hablaba de dejar las canchas, sin imaginarse, quizá, que jugaría una Copa del Mundo (Sudáfrica 2010) como titular, que viviría la amargura del descenso con el Necaxa (2011) y que conseguiría, antes que el Cruz Azul, un nuevo campeonato en la Liga MX.

Óscar Pérez se convirtió en la figura de una Final en la que el escenario estaba puesto para que el Monterrey arrasará al Pachuca, pero en el partido del campeonato su figura se agigantó más allá de los 172 centímetros que levanta del suelo y se convirtió en el hombre más valioso del encuentro.

Si hace unas semanas todo el mundo hablaba de la triple atajada del arquero de Atlético Nacional de Medellín, Franco Armani, ante Rosario Central, en la Copa Libertadores, desde el domingo en Google se puede encontrar la triple atajada del Conejo contra los delanteros Rayados. Y no es quitarle el mérito al argentino, pero Pérez tapó los disparos en una Final y con 14 años más a cuestas.

La sonrisa de Pérez en el encuentro invitaba al aplauso y a la reverencia de pie por lo que estaba de por medio, sobre todo porque los que lo conocemos, recordamos algunas entrevistas en donde reconocía que no se divertía en un terreno de juego: “Divertirse queda a un lado por todo lo que está atrás, la responsabilidad que tenemos. Te diviertes cuando no hay nada de por medio”.

Pero sereno, en un partido en donde sus compañeros perdían balones en la salida y se mostraban erráticos al frente, la veteranía del Conejo sacó a flote una plantilla en donde el técnico es dos años menor que él y la mitad de sus compañeros no habían nacido cuando el debutaba en un 0-0 entre La Máquina y el Atlas.

Y el Conejo, el que años atrás decía que “los jugadores de futbol que no sienten nervios, no son de este planeta”, hizo que el colombiano Edwin Cardona perdiera los estribos y mandara por encima del larguero su disparo desde el manchón penal que pudo haberle cambiado el rumbo a la Final.

Cuando sonó el último silbatazo en el Estadio BBVA, el Conejo fue el hombre más buscado por los reporteros. Pero él corría de un lado a otro de la cancha sin borrar la sonrisa de su rostro. En 23 años de carrera ganó apenas su segundo campeonato y se tardó 19 años en que llegara su segunda corona.

Un dato que hace más significativa su hazaña es que es el único jugador en activo que ganó el último campeonato del Cruz Azul, en aquel recordado Invierno 97, cuando Pérez dejó en el banquillo a dos históricos guardametas del balompié mexicano como Jorge Campos y Nicolás Navarro.

¿Y el Conejo se retira? No. Tiene contrato con el Pachuca por un año más y lo piensa cumplir con el profesionalismo y la humildad que lo han caracterizado a lo largo de su carrera. Él, el hombre que no niega un autógrafo, el que llega a la práctica de su equipo en un Renault 5 de los años 80, el que nunca se olvida de sus orígenes. El Conejo de la sonrisa y el resorte eternos.

Mayo 30, 2016

Star Wars

Odio todo lo que tenga que ver con esta película, pero el año pasado hice un repaso por los grandes acontecimientos deportivos del año en que nació esta gran saga.

El año del estreno de “Star Wars”, 1977, fue un año clave para la cultura pop.

El filme de George Lucas, estrenado el 25 de mayo y protagonizado por Harrison Ford, Carrie Fisher y Mark Hamill, se convirtió en todo un suceso, el mismo año que “Rocky“, que lanzó a la fama a Silvester Stallone ganaba el Oscar a la mejor película (“Star Wars” fue nominada a 11 premios de la Academia y ganó seis estatuillas entre los filmes estrenados en 1977).

Otras películas estrenadas en 1977 fueron “Fiebre de sábado por la noche”, “Domingo Negro” y “Encuentros cercanos del tercer tipo”.

El libro más vendido ese 1977 fue “El Resplandor“, de Stephen King, que años más tarde inmortalizaría en la pantalla grande Jack Nicholson. En la radio dominaba la música disco, pero también sonaban clásicos como “Hotel California”, de Eagles, “Don’t stop”, de Fleetwood Mac, “Tonight’s the night (Gonna Be Alright)”, de Rod Stewart y “Dancing Queen”, de ABBA.

El Premio Nobel de la Paz fue ganado por Amnistía Internacional y el de Literatura por el poeta andaluz Vicente Aleixandre.

REINAN RAIDERS, YANQUIS Y BLAZERS
En el Super Bowl XI, celebrado el 9 de enero de 1977, los Oakland Raiders ganaron el primero de sus tres anillos al superar 32-14 a los Vikings de Frank Tarkenton; el MVP fue para el receptor de los californianos Fred Biletnikoff y el himno estadounidense fue cantado por Vicki Carr.

El Heisman de ese 1977 fue ganado por el full back de la Universidad de Texas, Earl Campbell, y la segunda selección del Draft de la NFL fue para los Dallas Cowboys, que eligieron a otro corredor: Tony Dorsett. El pateador mexicano Rafael Septién fue elegido en la décima ronda por los New Orleans Saints.

La Serie Mundial de aquel año fue ganada por los Yanquis de Nueva York de Billy Martin, a los Dodgers de Los Ángeles de Tom Lasorda. Los Mulos, que no ganaban un campeonato desde 1962, se impusieron en seis juegos (4-2). El MVP fue Reggie Jackson, que había llegado como agente libre al inicio de la temporada.

En la NBA, los Portland TrailBlazers de Bill Walton, se impusieron en seis partidos a los 76ers de Filadelfia del “Dr. J”, Juliuis Erving, mientras que en la NHL los Canadians de Montreal ganaban su segunda Stanley Cup consecutiva a costa de los Boston Bruins.

EUROPA SE PINTA DE ROJO
En la vieja Liga de Campeones de Europa, el Liverpool rompía la hegemonía del Bayern Munich y ganaba la primera de sus dos “Champions” de la década a costa del Borussia Mönchengladbach. La Juventus se impuso en la Final de la Copa UEFA al Athletic de Bilbao y en la extinta Recopa se coronó el Hamburgo.

En México, Pumas ganaba su primer campeonato de Liga al derrotar en la Final a la Universidad de Guadalajara; en España reinaba el Atlético de Madrid de Luis Aragonés; Italia era dominada por los equipos de Tutín, con la Juventus como campeona y el Torino un paso detrás; en Inglaterra el Liverpool era el rey, y en Alemania eran los años de gloria del Mönchengladbach.

La Copa Libertadores fue para Boca Juniors (derrotó al Cruzeiro en penalties) y la Intercontinental también para el cuadro argentino, que se impuso al Gladbach.

OTROS DEPORTES
Aquel fue el año dorado para el tenista argentino Guillermo Vilas, que disputó tres Finales de Grand Slam y ganó dos: Roland Garros y el US Open; Australia fue para el estadounidense Roscoe Tanner y Wimbledon para el sueco Björn Borg.

El campeonato de Fórmula Uno fue para el austriaco Nikki Lauda, de Ferrari y las 500 millas de Indianápolis fueron ganadas por el legendario A.J. Foyt.

1977 fue el último gran año para Muhammad Ali, que defendió dos veces su título de los pesados con éxito ante Alfredo Evangelista y Ernie Shavers, antes de caer con Leon Spinks en febrero de 1978.

Diciembre 17, 2015

Lemmy Raiders

Cuando se abren la puertas del Millerntor-Stadion en Hamburgo, Alemania, y los jugadores del St. Pauli saltan a la cancha, en los altavoces del estadio suenan los acordes de “Hells Bells”, de AC/DC, para acompañar la marcha del equipo y sus rivales hasta el centro del campo.

Es un ritual que se repite partido tras partido, al igual que el festejo de gol, cuando en el estadio de los “Piratas” retumba “Song 2”, de la banda británica Blur.

Al otro lado del Mar del Norte, en el condado de Lincolnshire, Inglaterra, los chicos del Greenbank FC saltaban a la cancha hace unos años con los acordes de “Ace of Spades” de fondo y el “Snaggletooth“, el logotipo de Motörhead al frente de sus camisetas negras.

“Era una forma de intimidar a los rivales”, señaló en su momento Gary Weight, el manager de aquel equipo integrado por jugadores menores de 10 años.

Weight, quien en su juventud integró algunas bandas de rock, conocía al legendario “frontman” de Motörhead, Lemmy Kilmister, y de ahí nació la inquietud de buscar un patrocinio, por lo que se puso en contacto con el bajista, al que le pareció una gran idea.

Los chicos del Greenbank FC tuvieron la oportunidad de conocer a los integrantes de Motörhead y cuando se supo de la existencia del equipo, el Maiden Youth, la escuadra donde jugaba uno de los hijos del bajista de Iron Maiden, Steve Harris, retó a los “ahijados” de Lemmy a disputar un par de encuentros, donde se recaudaron fondos para obras de caridad.

No era conocido el interés de Lemmy por los deportes, aunque su poderosa música se escucha a menudo en los altavoces de algunos estadios de futbol y futbol americano alrededor del mundo, con temas como “Ace of spades”, “Iron fist” y “Born to raise hell”, algunos de los más populares de la legendaria banda.

Lemmy era un fanático de la WWE y mantenía una amistad con el luchador Triple H, quien hacía sonar el tema “It’s Time to Play the Game” cuando saltaba a los encordados.

El pasado 28 de diciembre de 2015, Lemmy murió, a los 70 años de edad, cuatro días después de cumplir 70 años. Un cáncer fulminante acabó con su vida, pero no apagó su voz, que seguirá sonando para la eternidad en los oídos de sus fieles fans.

 

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El viernes 25 de marzo terminó, con un concierto histórico en La Habana, Cuba, Olé, la gira de los Rolling Stones por América Latina, donde la legendaria banda tocó en lugares donde nunca lo había hecho (ni lo había imaginado, como en la capital de la isla).

Después de verlos por tercera vez en vivo (sólo me perdí el concierto de 2006), me quedaron una decena de certezas que quiero compartir con ustedes.

– Los Rolling Stones son la banda más grande de la historia del rock.

– No pasará mucho tiempo para que la legendaria lengua diseñada por John Pasche en quedé estampada en mi piel.

– “Gimme shelter” es la canción que más me gusta de los Stones.

– Mick Jagger tiene un gusto exquisito para elegir a sus coristas negras.

– La musculosa de Ron Wood es el ‘outfit’ perfecto para un concierto de rock.

– Me caga “Star me up”.

– El día que dejen de tocar voy a llorar.

– El público mexicano es el peor del mundo.

– La mitad de los asistentes cantaron banda en los días siguientes.

– Sólo me hiciste falta tú.

Marzo 20, 2016

 

Calzada de Tlalpan, mi amor

Publicado: agosto 24, 2016 en Uncategorized

Tlalpan

Cuando regresábamos de casa de mi abuela paterna, los sábados por la noche, y mi papá daba la vuelta sobre Río Churubusco, hacia Mixcoac, siempre me quedaba la duda de qué había sobre Calzada de Tlalpan más allá de ese punto.

Ermita

Lo descubrí cuando nos cambiamos a la colonia Avante, en 1984: que la Línea 2 del metro terminaba en Taxqueña; que que más al sur Calzada de Tlalpan se cruzaba con División del Norte; que por allá al fondo estaba el Estadio Azteca y se llegaba a Cuernavaca, Taxco y Acapulco. Más tarde descubrí los “telos” y los conocí casi todos, desde San Antonio Abad hasta ya entrada la carretera federal.

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Desde hace casi cuatro años vivo en un condominio que compré sobre Calzada de Tlalpan, en la colonia Moderna; desde hace un mes trabajo en un lugar que está sobre la misma acera que mi hogar, 9.6 kilómetros adelante.

prostis

Calzada de Tlalpan es para mí un lugar mágico. En sus aceras, al oriente o al poniente, desde Huipulco hasta Lucas Alamán, encuentras de todo. Y cuando digo de todo, es de todo.

23/08/2015