¿Por qué otro blog?

Publicado: septiembre 28, 2010 en mis demonios, Periodismo

“¿Por qué tienes tantas anécdotas?”, me pregunta Fernando, uno de los muchachos que trabajan conmigo y que tiene 16 años menos que yo. “Porque he vivido, cabrón”, le respondo. He vivido toda la vida, salvo cortos periodos de tiempo, en el mexicanísimo Distrito Federal.

¡Dieciseis años!… A los 16 ya era un lector consumado. En primer año de primaria ganaba concursos de lectura, pero creo que comencé a devorar textos a los ocho años, cuando mi mamá compró una suscripción de Selecciones de Readers Digest. Sí, hoy lo digo sin pena, me hice lector por el Selecciones y hace siete años estuve a un tris de trabajar en esa empresa como editor de suplementos… ¡Si ya hasta oficina tenía!

Comencé a escribir, “en forma”, a los 16, cuando en un campamento con mis amigos fui el encargado de hacer la crónica de aquellos días de septiembre.

Después vinieron los diarios y un intento de novela que quería que se pareciera a “Pasto verde”, de Parménides García Saldaña, donde mis amigos, primos y hermanos tenían un sobrenombre particular… Y estaba en papel estelar “Sweet Sixteen”, una ninfeta de la que no volví a saber después de su embarazo cuasi adolescente. Ahí comencé a meter en mis relatos la música, el rock, el heavy metal que sigo escuchando a mis 39…

Escribir se convirtió en algo tan necesario como la lectura. Y luego vinieron los cuentos con los que gané un par de concursos en la desaparecida UVM-Xochimilco. Y llegó el día en que tuve que decidirme entre el periodismo y la ciencia política. Ganó la segunda.

Mi querida UNAM no fue lo que yo esperaba y me fui al ITAM, donde rechazaron sistemáticamente todos los textos que envié a Opción y El Supuesto.

La militancia política y la burocracia partidista me arrojaron a una candidatura a un puesto de elección popular, algo que en realidad no deseaba, porque yo quería ser politólogo y no político, pero en medio de esa confusión llegó la invitación para el taller de redacción del diario Reforma. Y mi vida cambió por completo. Dejé de pensar en un escaño en el congreso local o en la oficina de investigación en el departamento de ciencias sociales de alguna universidad para soñar con un lugar en la redacción de un diario.

¿Domingo y trabajando?

Un 7 de junio, curiosamente día de San Roberto, me llegó la carta de aceptación para Reforma que decía, entre otras cosas, que aquel año 879 personas se habían postulado. Fui uno de los 12 que se quedaron y tres meses después me incorporaba a la redacción de deportes como reportero.

¿No que no servía de nada quedarse todo el domingo a ver futbol en casa?

Ahí comenzó mi vida en este maravilloso oficio, llevo 14 años, donde sigo aprendiendo día con día y en el que he conocido a infinidad de personas, autores, lugares, redacciones y donde me acerco a las “10 mil horas de futbol” de las que hablaba el periodista uruguayo Diego Lucero… Un oficio que me ha llevado del otro lado del Atlántico y siete veces a Buenos Aires, mi ciudad favorita después del DF y en donde algún día pienso vivir.

“Cuento historias”, le digo a Ana Camila cuando me pregunta en qué trabajo… En realidad quisiera hacerlo, aunque la responsabilidad del trabajo y la burocracia me lo han impedido a últimas fechas. Pero no pierdo la esperanza, por eso estoy aquí, dispuesto a retomar el camino.

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