De gabardina y sombrero

Publicado: julio 5, 2011 en De la calle

Entre semana lo veo barrer la acera de ese tramo de Balderas, entre Chapultepec y Río de la Loza, entre los puestos ambulantes. Cabeza rasurada, barba de chivo larga y canosa que a veces parece recortada con cuidado por la mañana. Hay días en que se le ve limpio, pese a los trapos con los que viste.

Nunca he cruzado una palabra con él, pese a que llevamos casi tres años cruzándonos casi a diario. Con frecuencia habla solo, aunque a veces lo veo platicar con los vendedores.

Hay días en que mira de frente, sus ojos quieren decir algo. No son ojos tristes pese a todo, tienen una chispa que no sé de dónde venga, quizá del recuerdo de tiempos mejores, porque el futuro…

Los sábados desaparece. Es extraño, casi nunca lo veo, quizá porque llego más tarde a la redacción, pero los domingos… ¡Ay, esos domingos! Amanece tirado junto al puesto de revistas viejas donde a veces prepara su cama, o junto a la entrada del metro, a media cuadra a mitad de la acera… Sucio, orinado, con su botella de “tonayita”, vacía, a un lado. Eso sí, durmiendo una profunda siesta que a veces, sinceramente, envidio.

El fin de semana pasado planchaba, con la mano, una gabardina en buen estado. Al lado tenía un sombrero. No se los ha quitado desde entonces.

Abril 26, 2011

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