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Finalmente, este lunes 13 de mayo, después de semanas de rumores, se confirmó la visita de Black Sabbath a México. El 26 de octubre tocará en el Foro Sol con Megadeth como banda abridora.

Lo más cercano que he estado de la legendaria banda de Birmingham es cuando vi a Ozzy Osbourne con Korn y Black Label Society, en ese mismo escenario, en 2008. En cambio, será la quinta ocasión que vea en directo a las huestes de Dave Mustaine.

Ni en mis más salvajes y metaleros sueños adolescentes me imaginé que un día vería a estas dos bandas juntas en el mismo cartel. Qué decir de Iron Maiden y Slayer, que vienen en septiembre, o de Motörhead, Anthrax, Testament y Suicidal Tendencies la misma noche, como sucederá este viernes en el Palacio de los Deportes.

Desde aquella primera tocada de Devastation en la Arena López Mateos, de Tlalnepantla, en diciembre de 1988, he asistido a muchos, muchos conciertos. Algunos festivales grandes como el “Maquinaria Fest” el pasado noviembre, en Guadalajara, con Slayer y Cavalera Conspiracy como bandas relevantes; algunos más pequeños como el Eyescream del 2010, con Sacred Reich, Cynic y Municipal Waste; el “Night of the Living Dead” del 2011, con Cannibal Corpse, Suicide Silence y The Black Dahlia Murder, o aquel “Headbangers Fest” con Iron Maiden, Queensrÿche y Halford, del 2001, que fue anunciado como un festival metalero que se repetiría año con año en México y sólo tuvo esa versión. Pero nunca imaginé ver en el mismo cartel a bandas tan relevantes como Sabbath y Megadeth.

Este 2013 promete ser el año más metalero de mi vida. Hasta mayo apenas he visto a Saxon, pero vienen muchas bandas a las que quiero ver. No es que ir a muchos conciertos incrementen mis “millas” como metalero, pero creo que muchos ex greñudos de mi generación comparten el mismo sentimiento que yo: queremos ver a las bandas que el “sistema”, el dólar o nuestras malas calificaciones nos privaron de ver hace 25 años. ¿Por qué las malas calificaciones? Sigan leyendo.

MIS MONSTRUOS DEL ROCK
A principios de 1988, en su espacio de Rock 101, los jueves a la media noche, Gueorgui Lazarov soltó el rumor: Metallica integraría el cartel del Monsters of Rock Tour de aquel año, que comenzaría el 23 de mayo, en Los Ángeles, y finalizaría el 30 de julio en Denver, Colorado.

El editor de la revista Heavy Metal Subterráneo confirmó semanas más tarde el cartel que llevaría como acto principal a Van Halen. Scorpions, Dokken, Metallica y Kingdom Come completaban la gira. Pero lo verdaderamente relevante para mí es que el Monsters of Rock se acercaría a México: el 2 de julio se presentaría en el Rice Stadium, de Houston, Texas.

La cabeza me comenzó a dar vueltas con la noticia. Hacía dos años que había descubierto a Metallica y mi sueño era verlos tocar en vivo. Con tres LP’s en el mercado (“Kill’em all”, “Ride the lightning” y “Master of puppets”) y con el “Garage Days” (un EP que tenía menos de un año en la calle), Metallica era mi banda favorita por aquellos años.

Pósters, revistas, parches, calcomanías, el logo del grupo en cuadernos, chamarras, paredes, camisetas y casetes grabados comprados en Pericoapa… ¡Todo era Metallica por aquellos días!

En algún momento comenté en casa que el Monsters of Rock se iba a presentar en Houston en el verano y mi jefe fue muy claro: “Si quieres ir, quiero ver la boleta de calificaciones antes”.

Pero ya era demasiado tarde. En septiembre de 1987 había decidido, de manera irresponsable y unilateral, que iba a reprobar año. Lo sabía desde que entré al salón la primera semana de clases: con 16 años quería ser un “chico malo” de la UVM-Xochimilco.

En marzo la tendencia era irreversible: no aprobaría el año. Al final de cursos sólo pasé cuatro materias de 12: Anatomía, Inglés, Historia de México y… ¡Biología!

Cuando le dijé al viejo el desastre que había hecho amenazó con no pagarme la reinscripción, me sacó la televisión y la grabadora de mi cuarto, y culpó a Metallica de mi irresponsabilidad. En parte tenía razón. Como era de esperarse no fui al Monsters of Rock.

Metallica lanzó el 25 de agosto de aquel año el multi afamado “… And Justice for All” y mi primer encuentro con la banda californiana se postergó cinco años más, hasta el 23 de febrero de 1993.

En ese lapso Metallica grabó otro LP conocido como el “album negro” (1991), estuve dos años más sin estudiar, pero finalmente terminé la prepa e ingresé a la universidad.

Mi viejo dejó de culpar a Metallica de los “dolores de cabeza” que yo le provocaba y los boletos para el concierto del 93 los compró él: fue su regalo de la Navidad del 92.

(13 de mayo de 2013)

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