Duro, como una canción de Motörhead

Publicado: agosto 24, 2016 en Uncategorized

Lemmy Raiders

Cuando se abren la puertas del Millerntor-Stadion en Hamburgo, Alemania, y los jugadores del St. Pauli saltan a la cancha, en los altavoces del estadio suenan los acordes de “Hells Bells”, de AC/DC, para acompañar la marcha del equipo y sus rivales hasta el centro del campo.

Es un ritual que se repite partido tras partido, al igual que el festejo de gol, cuando en el estadio de los “Piratas” retumba “Song 2”, de la banda británica Blur.

Al otro lado del Mar del Norte, en el condado de Lincolnshire, Inglaterra, los chicos del Greenbank FC saltaban a la cancha hace unos años con los acordes de “Ace of Spades” de fondo y el “Snaggletooth“, el logotipo de Motörhead al frente de sus camisetas negras.

“Era una forma de intimidar a los rivales”, señaló en su momento Gary Weight, el manager de aquel equipo integrado por jugadores menores de 10 años.

Weight, quien en su juventud integró algunas bandas de rock, conocía al legendario “frontman” de Motörhead, Lemmy Kilmister, y de ahí nació la inquietud de buscar un patrocinio, por lo que se puso en contacto con el bajista, al que le pareció una gran idea.

Los chicos del Greenbank FC tuvieron la oportunidad de conocer a los integrantes de Motörhead y cuando se supo de la existencia del equipo, el Maiden Youth, la escuadra donde jugaba uno de los hijos del bajista de Iron Maiden, Steve Harris, retó a los “ahijados” de Lemmy a disputar un par de encuentros, donde se recaudaron fondos para obras de caridad.

No era conocido el interés de Lemmy por los deportes, aunque su poderosa música se escucha a menudo en los altavoces de algunos estadios de futbol y futbol americano alrededor del mundo, con temas como “Ace of spades”, “Iron fist” y “Born to raise hell”, algunos de los más populares de la legendaria banda.

Lemmy era un fanático de la WWE y mantenía una amistad con el luchador Triple H, quien hacía sonar el tema “It’s Time to Play the Game” cuando saltaba a los encordados.

El pasado 28 de diciembre de 2015, Lemmy murió, a los 70 años de edad, cuatro días después de cumplir 70 años. Un cáncer fulminante acabó con su vida, pero no apagó su voz, que seguirá sonando para la eternidad en los oídos de sus fieles fans.

 

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