Amor eterno: el primer año sin Juanga

Publicado: agosto 28, 2017 en Uncategorized

tumba

Apenas supo el mundo de la muerte de Juan Gabriel, todos manifestaron lo que representó ‘El Divo de Juárez’ en su vida. Este artículo lo escribí de ‘bote pronto’ para el sitio web del diario As México. Por una semana se mantuvo como el artículo más leído en la web de As Chile.

 

La pasión que levantó Juan Gabriel en este país es indescifrable. En su clásico de 1981, “Escenas de pudor y liviandad”, Carlos Monsiváis definió a “El Divo de Juárez” como una institución nacional, a la que comparaba, incluso, con el escritor Salvador Novo.

Alberto Aguilera Valadez, Juan Gabriel, dejó de existir este domingo (28 de agosto de 2016) en Santa Mónica, California, muy lejos de la tierra que lo vio nacer el 7 de enero de 1950, pero que lo vio triunfar, como todo su país y el mundo entero.

Juan Gabriel no es de los mexicanos, es un músico universal. Sus composiciones han sido cantadas por artistas tan distintos como Marc Anthony o Thalía; Laura Paussini o Chayanne; Alejandro Fernández o Vicentico; Jaguares o Pandora; la Maldita Vecindad y Rocío Durcal, quizá su más conocida intérprete.

La sencillez de sus composiciones, la universalidad de sus temas, su canto al amor y al desamor, han hecho que en México prácticamente nadie desconozca una canción de su autoría, que se cantan lo mismo en bodas que en bautizos, en graduaciones de colegios privados que en bailes de barrio, con mariachi o en covers de bandas de rock.

Juanga era un placer culpable y necesario. Su historia del esfuerzo y el ascenso social atrapaba a propios extraños. De una infancia llena de y privaciones y maltratos al estrellato, a los mejores escenarios de México y el mundo de habla hispana; de su paso por la penitenciaria de Lecumberri a los millones de discos vendidos, al reconocimiento total.

Pero su historia también fue la de la gratitud, de ahí la composición de su nombre artístico, Juan Gabriel, por Juan Contreras, su primer maestro de música y Gabriel, por el padre ausente.

Para Monsiváis, que apoyó la presentación de “El Divo de Juárez” en el Palacio de Bellas Artes, en 1991 (escribió, incluso, el programa de mano del evento), el encumbramiento de Juan Gabriel fue el “reconocimiento a la diversidad” y al compararlo con los Pedro Infante, Joaquín Pardavé o Tin Tán, los definió como “símbolos, emblemas, formas lingüísticas que, asimiladas y ‘reconvertidas’, serán parte de la cultura popular”.

“En el encono contra Juan Gabriel -escribió Monsiváis- actúa el odio a lo distinto, a lo prohibido por la ética judeo-cristiana, pero también se manifiesta el rencor por el éxito de quien, en otra generación, bajo otra moral social, hubiese sido un paria, un invisible socialmente”.

¿Qué era la música para Juan Gabriel? “Una manera de comunicarme con los míos, de agradecer que soy parte de cada persona que ha contribuido a mi realización. Creo en ella con toda mi devoción, pues gracias a ella no soy un desgraciado: he tenido para comer, para hacer muchas cosas que no hubieran sido posibles si me hubiera dedicado a otra cosa”, como lo dijo en una entrevista para el diario La Jornada en 2012. Para Juanga, su público era todo y él, junto a Agustín Lara y José Alfredo Jiménez, forman parte de la trilogía que “educó” sentimentalmente a todo un país.

En un mundo de artistas creados artificialmente, de cantantes de plástico, Juan Gabriel permaneció por su autenticidad y su sencillez, virtudes que le reconoció el público hasta su último aliento.

Provocador, frontal, divertido, transgresor, el legado de Juan Gabriel será eterno, como la devoción de sus seguidores. Hace apenas algunas semanas le llovieron críticas por atreverse a hacer un cover de la clásica canción de la banda estadounidense Creedence Clearwater Revival “Have you ever seen the rain?”, que él títuló “Gracias al sol”. Como a lo largo de su carrera, salió ileso de los comentarios negativos. Incluso, horas después de conocer su deceso, el propio John Fogerty, el compositor de aquella canción, le dedicó unas palabras al ídolo michoacano.

¿Qué es la muerte?, le preguntaron más de una vez y respondía sin miedo: “Cuando yo me duerma, ella despertará, es una cosa tan natural”.

“Juan Gabriel no era “inmorible”: es inmortal. Se fue el hombre pero queda el músico, enorme y eterno”, escribió este domingo el cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos en Twitter.

¡Ay Juanga, cómo quisiéramos, que tú vivieras!

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