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Valdano y Roberto Vargas

Febrero de 1998:

Primer acto. Miércoles por la noche. Se concreta una cita para entrevistar a Jorge Valdano, junto a Miguel Padilla, para el diario Reforma y el semanario Señor Futbol. Llego a casa y tomo “Sueños de futbol”, le doy una leída y lo dejo en la mesa de la sala para llevármelo al otro día. Al buscarlo por la mañana, lo encuentro tirado en el suelo mordisqueado por Tina, nuestra mascota. ¡Me quiere dar un infarto!

Segundo acto. Jueves por la mañana. Corró a la librería “El Sótano” para comprar otro ejemplar. Encuentro el que había dejado escondido para un colega y lo compro.

Intermedio: Llegamos a las instalaciones de TV Azteca a la hora pactada para la entrevista. Valdano se había ido a su hotel. ¡Sudamos frío! Padilla y yo bajamos corriendo rumbo a la salida, a ver si encontrábamos a “El Filósofo” antes de que llegara a la calle. De pronto, el trasero monumental de una rubia nos hace voltear: era la conductora Rocío Sánchez Azuara. Mientras la contemplábamos, una secretaria nos alcanza: “El señor Valdano regresó”.

Tercer acto. Después de la entrevista, en la oficina de José Ramón Fernández, Valdano me firma el libro y me escribe la siguiente dedicatoria: “Para Roberto, con el deseo que compartamos sueños”.

Sueños 1

Acto final: Jorge Valdano visita la redacción de Reforma en 1999, ya como colaborador del diario. En medio de una sesión de fotografías y autógrafos, le cuento la anécdota del libro mordido. Ríe y me firma el ejemplar dañado con una nueva dedicatoria: “Para Roberto, que le da de comer sueños al perro, con el deseo de que le aprovechen”.

Sueños 2

Tenía más de 10 años de no charlar con Jorge Valdano. Durante ese lapso, lo vi un par de veces en presentaciones de libros y, durante mi breve paso por Récord, revisaba los artículos que mandaba todos los jueves para publicarse el sábado.

El martes coincidimos en el Estadio Azteca, donde grababa la recreación del gol que le convirtió a Alemania en la Final de la Copa del Mundo de 1986. Siempre amable, charló ampliamente con el equipo de TDN, que se encontraba ahí para una nota especial que saldrá al aire el siguiente torneo de la Liga MX.

Con Lalo Bacas nos acercamos a Valdano sobre la cancha. El santafesino y el tucumano, un ex Rosario Central y un ex Newell’s Old Boys, recordaron la concentración de la Selección Argentina en las instalaciones del Club América, en 1986.

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“Tres días antes del partido contra Inglaterra”, cuenta Bacas, “jugamos contra Argentina acá. ¡Les dimos un baile… ! Ganábamos 2-0 y Bilardo estaba como loco. Gritaba, corría, se metía a la banca, hacía cambios… No paró el partido hasta que empataron. Nosotros comenzábamos la pretemporada, estábamos muertos… Nos decíamos entre nosotros: ‘Ya déjenlos pasar para irnos a la mierda…’ Pero Alfredo (Tena) no quería…”

Comenzó a llover cuando Valdano abandonaba la cancha: “Así debería haber llovido el día de la Final”, dijo antes de entrar al túnel. Un lujo escuchar esas anécdotas de boca de sus protagonistas.

* El negativo de la foto de aquella entrevista de 1998 nunca me lo entregó Daniel Gazca; conservo el audio íntegro de aquella charla en un mini casete.

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Foto: Revista El Gráfico

Esta entrevista con el legendario buscador de talentos la realicé para Soccermanía por allá del 2004, cuando Griffa trabajaba como Coordinador de Fuerzas Básicas de la Federación Mexicana de Futbol. En la actualidad, tiene un puesto similar en Independiente de Avellaneda, luego de su paso por Newell’s Old Boys y Boca Juniors. Hace un par de años volví a hablar con él, cuando Marcelo Bielsa, uno de sus discípulos más notables, sonaba para dirigir a la Selección Mexicana.

 

Sale sonriente del ascensor de un hotel del sur del Distrito Federal vestido de forma casual y con una chamarra con el escudo de la Federación Mexicana de Futbol. Camina con paso vigoroso, es un incógnito ante los ahí presentes que ni por asomo advierten que ese hombre canoso es el “cazador” de talentos más célebre en la República Argentina y que entre sus descubrimientos se encuentran Gabriel Omar Batistuta y la “nueva joya” del balompié de aquel país: Carlos Tevez.

Jorge Griffa, Coordinador técnico de Fuerzas Básicas de la FMF, puesto que ocupa desde principios de año, ha observado las últimas semanas el trabajo de los juveniles del América y Atlante, antes de seguir rumbo a Pachuca. Comenzó su trabajo por el norte del país, en donde visitó los campamentos de Tigres, Monterrey, San Luis y Santos Laguna, por lo que platica sus impresiones después de sus primeras visorías en México.

“La colaboración que he recibido de los clubes ha sido magnífica, más que preocuparme qué se dice sobre mi persona, me he fijado en el nivel que tienen los chicos mexicanos, que es lo que me interesa. Lo otro realmente me tiene sin cuidado, porque yo vine a trabajar. Hemos estado con Tigres, Monterrey, San Luis, Santos Laguna y en el América, en todos el trato ha sido magnífico”.

– ¿Y cómo ha encontrado el nivel de los juveniles de estos equipos?

“Sería un atrevimiento bárbaro de mi parte decir realmente qué es lo que pienso de cada club; ahora, puedo dar un ‘pantallazo’ de lo que he visto en general. El primer análisis que hago es que el chico mexicano tiene habilidad, medianamente buena técnica y es muy rápido, que ya son armas muy importantes para el desarrollo del futbol. De lo que carece, de alguna forma, es de esa mentalidad definida y decidida, que esté convencido de su capacidad. Y luego, ante determinadas situaciones que exige el futbol, como es el roce físico, es un jugador que no tiene la potencia física que se necesita en el futbol actual. Si nosotros pensamos que el futbol tiene la parte técnica, la parte física y la psíquica… tenemos que preparar al chico para las maniobras en donde entremezclan la velocidad, la técnica y la fuerza”.

– En alguna entrevista usted señalaba que cuando comenzó a preparar a los juveniles de Newell’s Old Boys, en Rosario, buscaba que sus jugadores tuvieran una mezcla de la técnica de los argentinos, con el trabajo y sacrifico del futbolista español. En el caso de México, ¿qué características le gustaría combinar?

“Yo he visto algunas características del jugador mexicano y sobre eso voy a tratar de trabajar, pero para mí también es muy importante este proceso que la Federación ofrece a los clubes, y que yo tengo el honor y la suerte de trabajar en él. El señor De la Torre (Alberto, presidente de la FMF) y yo, coincidentemente compartimos la misma idea de que había que ampliar el horizonte de los juveniles.

“El cambio de mentalidad que yo hice en Rosario fue porque me di cuenta que algo andaba mal, pero no podía cambiarlo arriba, debía hacerlo desde abajo, a través de sus juveniles, y tengo la satisfacción de ser partícipe de ese cambio en Argentina. Vamos a ver en el futbol mexicano qué pasa, esa es la idea; la disposición que he encontrado en los chicos y en los técnicos, sin ninguna duda ayuda a que yo, con mis treinta y pico años de experiencia, les pueda ofrecer todo lo que viví durante este tiempo, y algunos jóvenes y no tan jóvenes, pero con menor experiencia que yo, puedan enriquecer su conocimiento”.

– En 1992, cuando Marcelo Bielsa llegó a México, dijo en una entrevista que acá había tenido que cambiar su discurso futbolístico, en el sentido de que tenía que hablarle de manera diferente a los jugadores juveniles para no ofenderlos, ¿cambió usted su discurso?

“Cada país tiene su idiosincrasia, pero además cada equipo es un mundo, no necesariamente todo los chicos tienen la misma mentalidad, ni para mejor ni para peor. Yo creo que el jugador mexicano puede competir con cualquier chico del mundo, tranquilamente. Si tiene ya, a pesar de algunos inconvenientes, la posibilidad de asistir a competencias, en cuanto empiece a transformar lo negativo en positivo estará en presencia de dar un gran salto”.

– Los jugadores son competitivos, pero, ¿cómo ha encontrado a la gente que trabaja en las inferiores, está capacitada?

“Yo no puedo hablar mucho de esto, pero he visto una gran atención y un gran deseo de capitalizar conocimientos, tanto del jugador, como de aquellos que dirigen a los juveniles. En la vida nunca se deja de aprender y por mi experiencia puedo decir que cuando estamos en los 30, cuando dejamos de jugar al futbol, creemos que sabemos todo; a los 40, nos empezamos a dar cuenta de lo poco que sabemos para enseñarle a los chicos; a los 50 pensamos en lo mucho que tenemos por aprender y a los 60 seguimos aprendiendo. ¡Imagínense si hay panorama para aprender en el futbol! El futbol tiene una evolución constante y cada día es más exigente, nosotros tenemos que darle todos los días a los chicos mayor capacitación para que puedan desarrollar todo lo que saben y responder a esa exigencia”.

– A nivel infraestructura, ¿cómo ha encontrado México?

“En términos generales bien, algunos mejor, otros peor, pero yo creo que podrían estar mucho mejor. Hay clubes que están relativamente bien, otros con lo justo y otros que no están bien. Si nosotros apuntamos a un proyecto y apostamos a él, tenemos que darle todo el apoyo que necesita, y un punto son las canchas y los lugares de juego, eso es fundamental. He visto que tienen muchas cosas, infinidad de pelotas, ropa, pero están limitados en las canchas de juego, y eso hay que mejorarlo. Los chicos mexicanos pueden estar mucho mejor, trabajar en mejores condiciones no equivale a gastar mucho dinero”.

– Hay en México la capacidad para que surja un Batistuta, un Balbo, un Tevez…

“… un Burdisso, un Battaglia, Pochettino, Sensini… puros chicos de Boca y de Newell’s (sonríe)… Estoy convencido de que en el futbol mexicano hay chicos que pueden ser grandes jugadores, incluso ya los hay, pero de todas maneras es importante que el chico tome ejemplos, que diga ‘yo quiero parecerme a este o a aquel otro’, esa imagen que ven ellos puede ser reflejada en ellos mismos. Acá hubo un jugador muy importante como Hugo Sánchez, que jugó en España muchos años. Es importante que los chicos lo vean, que piensen que el día de mañana pueden estar, como él, en algún club mayor o en la Selección de su país, pero lo primero que hay que pensar es que para conseguir el éxito se necesita un esfuerzo extra, no alcanza con el esfuerzo normal. Para ser el gran jugador de futbol hay que hacer un sacrificio y eso lleva de la mano resignar muchas cosas en la vida, dejar de hacer de hacer cosas que hacen otros chicos de su misma edad, pero al final hay dos caminos, no tres ni veintiocho, dos caminos: el del posible éxito y el del seguro fracaso. Nosotros tenemos la obligación de marcarle los dos caminos para que el chico pueda tener esa posibilidad de éxito”.

– A usted, que le gusta tanto trabajar con juveniles, ¿qué le dice que el líder del campeonato mexicano, Jaguares de Chiapas, no tenga en sus filas jugadores de inferiores?

“Todos esos muchachos que están haciendo una gran temporada, jugando muy bien, nacieron como juveniles en algún lado, alguien les dio la oportunidad, y ahora alguien ha tenido la habilidad de juntarlos. Por eso es importante lo que propone el presidente de la Federación, a través mío, que esos equipos puedan desarrollar sus juveniles, que surjan clubes que apunten hacia esa clase de proyectos. El futbol juvenil puede ayudar a los clubes sin tener que comprometerse económicamente. Cuando se hace un trabajo planificado, con orden, con un punto de referencia, el club pasa, en un plazo determinado, de ser comprador a un vendedor, pero hay que ver qué quiere cada uno. Si se quiere ser un equipo vendedor hay que trabajar en el futbol juvenil, pero no es cosa de decir ‘voy a trabajar con las inferiores’, porque hay que saber armarlas, poner gente capacitada”.

– ¿El “resultadismo” que existe en el futbol actual no fuerza el trabajo con los juveniles?

“Los directivos a los tres días quieren el éxito y ese es un mal en el futbol mundial que hay que eliminar. Hay que decirles ‘Fíjense lo que hizo Mauricio Macri en Boca’. Llegó en 96 y tomó un club completamente deprimido, con unas inferiores que no existían, jamás tenía un jugador en la Selección argentina, años sin debutar un juvenil… Macri decidió darle el respaldo a alguien que conocía del tema, lo sostuvo, marcó determinados tiempos de trabajo y Boca pasó de ser de un club comprador a un club vendedor; de un club sin éxito a uno lleno de éxitos; de un club sin divisiones inferiores a uno con las mejores inferiores de Argentina. Más no se puede pedir. Boca no tenía nada y lo hizo, quiere decir que se puede hacer, buscar la gente capacitada para trabajar, los juveniles con condiciones superiores que den respuesta a esa necesidad y a ese deseo…”.

– Pero no todos tienen la paciencia de Mauricio Macri...

“No, pero en la vida se vive de ejemplos y Boca Juniors es uno de ellos”.

 

LAS METAS DE GRIFFA

Cuestionado desde antes de su llegada por algunos sectores del balompié nacional, Griffa desestima las críticas y asegura que su único objetivo es transmitir sus experiencias para enriquecer al futbol mexicano.

“Voy a estar dos años acá y quiero ofrecerle a la gente toda mi experiencia para que cuando me vaya diga: ‘Cuando llegué encontré al futbol mexicano en buenas condiciones… pero cuando me voy lo dejo mejor’. No que yo lo vaya a hacer todo, porque nadie hace nada solo, pero sí quiero ofrecerle a los técnicos del futbol mexicano todos mis conocimientos. Habrá algunas cosas que las saben todas; otras que saben a medias y algunas más que no las saben, pero la idea es que aquellos que tengan dos puntos, tengan luego dos y medio; los que tengan tres, que suban un poco…”.

– ¿Cuántos puntos tiene Jorge Griffa?

“No los estoy cuantificando, lo que estoy diciendo es que estamos sumando siempre. A la gente que está fuera hay que hacerla que conozca cómo se trabaja en el futbol juvenil, que es una secuencia muy difícil de comprender, porque cuando se empieza un trabajo en determinado club, a los seis meses quieren que salgan jugadores y esto no es así. Se lo he explicado a los entrenadores, cómo fui avanzando en lugares tan inhóspitos y con carencias como Newell’s Old Boys, donde no había nada; cómo fui creciendo en un club tan inmensamente grande como Boca Juniors… Viví los mejores momentos en la historia de Newell’s, lo hicimos sentarse en la mesa de los grandes; he vivido dentro de Boca los mejores momentos de su historia… además soy un tipo con suerte”.

– ¿Qué opina sobre la gente que se ha manifestado en contra de su presencia en México, concretamente Hugo Sánchez, que dijo que usted no iba a entrar a Pumas?

“No creo que esté en contra. Somos gente de futbol, nos podemos entender, jugamos en el mismo club, el jugó en el Atlético de Madrid y yo también; fue figura y yo también, fui el extranjero que más partidos jugó en la historia del Atlético, viví los mejores momentos en la historia del club… Por otra parte no creo que esto sea algo insalvable, contundente, definitivo, yo vengo a esto… además no soy ningún desconocido”.

Jorge Griffa ha descubierto a lo largo de su carrera a infinidad de jugadores que se convirtieron en figuras, quizá la mayor de ellas Gabriel Batistuta, ¿qué representa esto para usted?

“Uno busca a los chicos, les ve condiciones y trata de enseñarles algo, lo demás son cosas circunstanciales, pero para que se den esas circunstancias hay que provocarlas, hay que estar metido. Batistuta tuvo la respuesta que se esperaba, a pesar de que tenía más tipo de oficinista que de jugador de futbol: alto, gordo, que le pegaba con todo a la pelota, pero se fue perfeccionando y se quedó, todo mundo sabe lo que pasó y todavía anda por ahí.

“Hay algunos muchachos que estuvieron conmigo que resultaron buenos jugadores, unos cuantos (ríe). Batistuta fue uno de ellos, otro fue Balbo: los dos goleadores más grandes del futbol italiano. (Américo) Gallego también fue un jugador muy importante, campeón del mundo en el 78; Gerardo Martino, Juan José Rossi, ValdanoWalter Samuel, que también es muy representativo. Con Batistuta como delantero y Samuel como defensa pudo haber terminado la búsqueda… Sensini, un chico bárbaro, tiene 37 años y sigue jugando…”.

Con más de 30 años en la búsqueda de talentos juveniles, Griffa cuenta como en ocasiones es difícil tratar con los padres de los jugadores de las inferiores y cada vez más con los representantes.

“Han cambiado mucho las cosas, antes los padres tenían una rigurosa tendencia por el estudio, como fue el caso de (Gabriel) Batistuta, que el padre no lo quería dejar jugar porque prefería que el chico estudiara; pero fue pasando el tiempo y ahora hay una tendencia mayor por los deportes y en especial el futbol…”

– ¿Motivada por la parte económica?

“Está ‘explosión’ del futbol a nivel mundial… las esquirlas de esa bomba saltaron para todos lados y todo mundo empezó a ver al futbol, ya no como deporte, también como una cuestión económica, entonces, hay una serie de cosas que rodean al juvenil, que lo tocan y lo complican: los padres, los directivos, el director técnico, de alguna manera los representantes. Todo eso lo puede ayudar a crecer o llevarlo al fracaso, porque aparecen, cuando se tiene el mínimo éxito, los amigos de ocasión, que casi nunca le dan buen consejo…

“Como para ejemplificar, yo distingo tres clases de padres: el primero, es el normal, el que quiere lo mejor para su hijo; luego tenemos a la clase de padres que se transforman en intransigentes o no, depende de cómo le vaya al hijo, y luego están aquellos que son verdaderamente complicados, porque con los dos primeros se puede llegar a un acuerdo: ‘Usted quiere lo mejor para su hijo, yo también, así es que unamos fuerzas para ayudarlo a triunfar, no compliquemos al chico’. Y la última clase de padres son complicados porque llegan incluso a la calumnia: ‘Yo le di plata a un técnico, me vino a pedir dinero’. Yo los he visto y son complicados porque molestan al técnico, al juvenil, terminan aniquilando las posibilidades del jugador”.

– Se dice que hay mucha gente sin escrúpulos alrededor del futbol juvenil, representantes que engañan al jugador, que lo llevan a otro país y lo dejan tirado a su suerte…

“A mí no me consta eso. Son situaciones muy particulares que surgen de tanto en tanto, yo no las viví nunca. Lo que sí viví fueron padres complicados, que terminan tratando de perjudicar a otras personas porque no pusieron al hijo o lo dejaron en libertad. Pero esto es entendible, porque si a un padre le preguntas cómo formaría al equipo para el domingo te diría: ‘Mi hijo y 10 más’… es así”.

– Usted como formador de juveniles, ¿qué valores trata de inculcarle a los jugadores para que no se desvíen por el camino fácil de los “pseudo representantes”?

“A los representantes antes se les llamaba ‘empresarios’ y creo que no es mala la figura, lo que pasa es que ellos están en la otra vereda, defienden sus intereses y yo tengo que defender los de mi club. Pero si ellos me llevan a un buen jugador, con condiciones, yo lo voy a ver y les voy a decir ‘Vayan al club, hablen con tal directivo y si se arreglan, magnífico’. Normalmente se habla de un convenio, en ello no hay maldad. Me traen un buen jugador, lo veo y digo si me gusta o no, pero los representantes son un afluente más de todas las que me traen jugadores”.

– ¿Considera sano para el futbol que chicos de 11 ó 12 años lleguen con representante a los clubes?

“Eso es una locura. Antes estaba el empresario que compraba al jugador, lo dejaba en el club y desaparecía de la escena; luego llegó el representante que sí es como un consejero. Los representantes estaban en Primera División, comenzaron a meterse a juveniles y ahí empecé a arquear las cejas, ya no me gustó, pero después se metieron a infantiles… Cuanto menos cerca estén mío mejor. Hay representantes serios y otros que no lo son, aquellos que los dejan tirados por el mundo. Yo siempre le hablo a los chicos y les digo que su principal objetivo es el éxito deportivo, que hay muchos valores que están antes de esa posibilidad de éxito, que no se vuelvan locos, que el éxito llega a través del esfuerzo… y hay que trabajar para ello”.

– ¿Cómo le ha hecho para descubrir a tanto jugador, en qué se fija?

“Uno tiene sus parámetros que, por otra parte no son definitivos… Uno mira y ya se va dando cuenta de las condiciones que tiene cada chico, las posibilidades; de los que uno elige se van quedando muchos en el camino, pero son las reglas del juego. Hay tres condiciones que yo digo que debe tener todo jugador: capacidad, oportunidad y suerte. A muchísimos jugadores se les dan dos, las dos primeras, no se les da la tercera y no pueden conseguir llegar a su objetivo”.

– Hace ya más de 10 años que César Luis Menotti dirigió a la Selección Mexicana y aún se recuerda su paso, muchos dicen que fue un parteaguas en la historia del futbol nacional, ¿usted quiere que se le recuerde de manera similar?

“¿Pretender yo lo del ‘Flaco’? No, Menotti son palabras mayores. El ‘Flaco’ es alguien de altos vuelos en el futbol profesional… Lo que yo quiero, lo que pretendo es ofrecerle todo a la Federación y a los muchachos que visito. Cuando termino de platicar con ellos les digo: ‘Seguro que algo les dejé’, y cuando ellos me responden que sí, eso quiere decir que estamos en el camino”.

Diego mancha

 

Publicada el pasado 30 de octubre, días después de que el “Diez” le pegara a su jermu.

 

Diego Armando Maradona cumple hoy 54 años. Bien conocidos son sus problemas de adicción a la cocaína, por los que que recibió una suspensión en 1991, cuando jugaba para el Nápoles, y el doping positivo que dio en el Mundial de Estados Unidos 94, por consumir un medicamento que contenía efedrina.

Por esa personalidad contradictoria, irreverente, estridente y decadente, al “Diez” nunca lo abandona la polémica y aquí te presentamos 10 momentos que Maradona no recordará con gusto en su cumpleaños.

1 GOLPEA A SU NOVIA

En días recientes circuló un video con la presunta agresión del “Diez” a su ex pareja, Rocío Oliva. Al respecto, el “Pelusa” se defrendió argumentando que sólo le tiró el teléfono celular. “Le volé el teléfono, pero todo paró ahí, no pasó a mayores”, dijo.

2 EL HIJO NO RECONOCIDO

El 6 de mayo la justicia italiana dictaminó que Maradona era el padre de un niño nacido tras su relación con la italiana Cristiana Sinagra mientras jugaba para el Nápoles. El menor fue autorizado a usar el apellido del “crack”, que fue obligado a pagar una pensión de cuatro mil dólares mensuales. Maradona siempre ha negado su paternidad.

3 SU CERCANÍA CON EL PODER

Maradona siempre mantuvo una amistad cercana con el ex presidente argentino Carlos Saúl Menem y su ministro de Economía, Domingo Felipe Cavallo. Pero cuando estalló la crisis en su país en 2001, rápidamente se trató de desligar del economista, aunque había llegado a posar con una camiseta en donde le agradecía a Cavallo por su gestión como funcionario.

“Cavallo tiene que ir preso con Menem”, dijo en 2001, cuando años antes se jactaba de almorzar con el ministro.

4 LE DISPARA A PERIODISTAS

E 2 de febrero de 1994 agredió con un rifle de aire comprimido a un grupo de periodistas y fotógrafos que lo esperaban en las afueras de su casa en la localidad de de Moreno, en la provincia de Buenos Aires. Por esto fue condenado a dos años de prisión en suspenso y a indemnizar a los agredidos.

5 SUS BESOS CON OTROS HOMBRES

¿Quién no recuerda aquel apasionado beso en la boca que le dio a Claudio Paul Caniggia después de que anotara un gol con Boca Juniors? Pero el “Pájaro” no fue el único objeto de afecto del “Diez”, que también besó en los labios a Carlos “Apache” Tevez, al actor Colin Farrell y a su ex representante, Guillermo Coppola, a éste último en repetidas ocasiones.

6 DETENIDO POR TENENCIA DE DROGAS

El 26 de abril de 1991 fue detenido en su departamento del barrio porteño de Caballito, junto a otros dos hombres, presuntamente por tenencia de estupefacientes.

7 SU RELACIÓN CON UN TRAVESTI

En Argentina es muy difundido el rumor de que Maradona tuvo una relación con la conocida travesti Cris Miró, que en 1999 falleció por complicaciones pulmonares tras contraer el virus de VIH.

8 DROGAS Y EXCESOS EN CUBA

En su etapa de rehabilitacción de las drogas en Cuba, en 2004, se dieron a conocer unas imágenes en las que Diego participaba de una fiesta con su novia cubana y dos amigos. En las imágenes se le apreciaba, aparentemente, consumiendo cocaína. Cuatro años antes, durante otro de sus tratamientos en la isla, destrozó una camioneta al chocar con un autobús de pasajeros.

9 PELEA EN CROACIA E INSULTOS AL ‘KUN’ AGÜERO

Apenas en septiembre pasado se conoció un video en donde Maradona sale borracho de un bar, se pelea con otros parroquianos mientras lanza insultos contra Sergio “Kun” Agúero, jugador del Manchester City y ex pareja de su hija Gianina, con quien procreó a Benjamín, el único nieto de Diego.

10 PROBLEMAS CON EL FISCO

Maradona vivió su etapa más gloriosa como jugador con el Nápoles, pero al parecer se le olvidó pagar sus impuestos. La Hacienda italiana le exige el pago de 39 millones de euros, de los que Diego responsabiliza a su ex representante, Guillermo Coppola, y al ex presidente del cuadro napolitano, Corrado Ferlaino.

 

 

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Reportaje hecho en ocasión de la última visita de Diego Armando Maradona a México, en noviembre del 2006. La nota titulada originalmente como “El Diego mexicano”,  fue escrita y editada por Óscar “Don Micky” Jiménez y yo para Soccermanía. Se volvió a publicar en octubre del año pasado en el sitio web de la revista a manera de celebración por el cumpleaños 34 del “Diez”.

 

Una, sino es que la imagen más repetida en la historia del futbol mundial es la de un Diego Armando Maradona pleno, esbelto, jubiloso, con el hambre de triunfo reflejada en el rostro y la convicción en la sangre, desparramando ingleses sobre el verde césped del Estadio Azteca el 22 de junio de 1986, la tarde en que, con sus dos exquisitas anotaciones, se ganó un lugar en el Olimpo del futbol.

Porque una semana después, cuando Maradona recibió el trofeo que acreditaba a Argentina como campeón del mundo, el corazón del Diego quedó ligado para siempre a la historia del Estadio Azteca, del futbol mexicano… de México mismo, en donde, entre miles de futboleros, sigue siendo objeto de culto.

En su biografía publicada en 1999, “Yo soy el Diego”, Maradona dedica un capítulo entero al Mundial México 86 y en éste afirma: “… estaba viviendo el momento más sublime de mi carrera, el más sublime… 29 de junio de 1986, Estadio Azteca, México; esa fecha y ese lugar están marcados en mi piel”. Pese a ello, la relación de Diego con México siempre ha sido distante y fría. En el mismo capítulo de su libro, el “Pelusa” hace un reproche del trato que el público mexicano le dio a la selección albiceleste durante la Final de aquella Copa del Mundo.

“Si hasta los mexicanos se nos volvieron en contra, gritaron los goles de los alemanes. ¿Latinoamericanismo? ¡Latinoamericanismo las pelotas, los latinoamericanos éramos visitantes, ahí, en el Azteca justamente!”

 

‘SOY SÓLO MARADONA’

La primera vez que Diego Armando Maradona puso las delicadas plantas de sus pies en una ciudad mexicana fue un 12 de noviembre de 1980. Lo hizo para enfrentar a los Tigres, en el Estadio Universitario de Monterrey, cuando él vestía la camiseta de Argentinos Juniors.

Aquella ocasión, precedido ya de esa etiqueta de futuro genio del futbol tras haber ganado un año antes el Mundial Juvenil de Japón, Maradona anotó el gol del empate 2-2 contra los Tigres, luego de burlar con cierta facilidad a Osvaldo Batocletti y ejecutar, como relatan las crónicas de los diarios deportivos, una hermosa anotación de zurda.

Tras igualar con el equipo regiomontano a dos goles, con destacada actuación de Gerónimo Barbadillo, quien hizo el par de anotaciones para los Tigres, Diego voló rumbo al DF. Pese a sólo estar de paso, debido a que se dirigía con su equipo a la ciudad de Léon para enfrentar a los Esmeraldas, se dio tiempo para hablar en conferencia de prensa.

“Sólo soy un muchacho al que le gusta la vida, juego con la pelota, si la prensa habla de mí, de más o de menos, es su problema, no el mío”.

En León, la presencia de Maradona no fue el imán de taquilla que se esperaba, al grado que el juego se retrasó hasta una hora para dar tiempo a que los aficionados llegaran al estadio. Al final asistieron unas 15 mil personas.

Argentinos Juniors perdió 3-2. Maradona hizo el segundo gol de su equipo, justamente de penal y en tiempo de reposición. Miguel Ángel “Zurdo” López, el técnico de Argentino Juniors, no pareció molestarse por las constantes patadas de los jugadores leoneses a Diego y dijo impasible: “Ya estoy acostumbrado a verlo en el suelo. Los rivales siempre lo marcan con dureza…”.

Unos meses antes del Mundial de España 82, donde fue expulsado en el partido entre Argentina y Brasil por el árbitro mexicano Mario Rubio, de última hora se concertó un partido entre América y Boca Juniors.

Allí, de nueva cuenta, altivo, seguro de sí mismo, vestido con una camiseta negra, aquel chico excepcionalmente dotado para el futbol visitó por segunda ocasión México. Era un 25 de enero de 1982, cuando la joya de Boca Juniors volvió a pisar suelo azteca.
Maradona era ya un futbolista tan cotizado y privilegiado, que Boca Juniors tenía dos tarifas cuando concertaba partidos en el extranjero: una con Diego y otra sin él.

El Estadio Azteca se llenó para observar en vivo al habilidoso mediocampista argentino que consiguió esa noche el primer gol de su equipo, quitándose con el cuerpo a Carlos de los Cobos para vencer a Héctor Miguel Zelada.

Cerca, muy próximo a la plenitud de su grandeza, Maradona llevó a Boca a un triunfo de 2-1 sobre el América. Fue él quien además dio el pase para la anotación de Ricardo Gareca.

Carlos Reinoso, entrenador de América, minimizó de algún modo la victoria de los argentinos: “El primer gol fue un regalo de De los Cobos, pero nosotros tuvimos más tiempo el balón”.

Horas antes, algo atento y dispuesto, había declarado a la prensa mexicana: “Les pido que no me comparen con nadie. No soy el sustituto de Pelé. Soy Maradona nada más…”

Pasaron más de tres años para el regreso del “Diez”, que en noviembre de 1985, ocho meses antes de su consagración en el Estadio Azteca, enfrentó con su Selección al Tricolor.

El jueves 11 de noviembre de aquel año, en Los Ángeles, México y Argentina igualaron a un gol con anotaciones del propio Diego y de Tomás Boy. Tres días más tarde, en la reinauguración del Estadio Cuauhtémoc, aztecas y sudamericanos volvieron a empatar por el mismo marcador, los goles fueron obra de Javier Aguirre y Óscar Ruggeri.

Maradona, quien en Los Ángeles había criticado la actuación del equipo mexicano, sobre todo por el penal que les marcaron a favor, en Puebla tuvo palabras de elogio para el Tricolor:

“Pueden hacer un gran papel en el Mundial, estar juntos tanto tiempo y enfrentar a Selecciones que les exigen puede ser una buena medida de lo que pueden ofrecer”, expresó Maradona, quien integraba aquel representativo junto a algunos elementos que después jugarían en el futbol mexicano, como Ruggeri, el arquero Luis Islas y Sergio Almirón.

 

‘LOS PRIMEROS EN LLEGAR, LOS ÚLTIMOS EN IRNOS’

De cara al Mundial de México 86, con Maradona como el nuevo capitán de la Albiceleste y una de las figuras a seguir en la Copa del Mundo, la Selección argentina hizo su arribo al Distrito Federal el 5 de mayo de 1986.

Aquel fue un Mundial lleno de figuras, Zico, Platini, Sócrates, Altobelli, Boniek… y Maradona, que a excepción de su gol a Italia el 5 de junio y la gran cantidad de patadas que recibió en su partido de presentación ante Corea del Sur, había pasado desapercibido.

El 12 de junio, con Argentina ya clasificada a Octavos de Final y ante la posibilidad de enfrentar más adelante al Tricolor, Diego declaró: “Lo lamentaría (enfrentar a México) por ellos porque nosotros vamos a llegar hasta el final, así juguemos en el Azteca con los mexicanos y ante 115 mil personas. Argentina va a llegar a la Final”.

La expectativa por ver a la Selección de Argentina llegó a uno de sus puntos más altos cuando se conoció que el rival de los albicelestes en los Cuartos de Final sería Inglaterra.

Ingleses y argentinos habían sostenido una dispareja guerra entre abril y junio de 1982 por el control político de las Islas Malvinas (llamadas Falklands por los británicos) y ese recuerdo se hizo presente en la Copa del Mundo.

Los jugadores de ambas Selecciones quisieron restarle importancia al hecho, pero el morbo ya estaba presente.

Una gran cantidad de periodistas de todo el mundo se dieron cita en la concentración argentina para obtener alguna declaración, principalmente de Maradona, pero el que se llevó la exclusiva el 20 de junio, dos días antes del histórico “match” fue Bobby Charlton, el ex campeón del mundo con Inglaterra en el 66, quien entrevistó a Diego para la cadena británica BBC.

El domingo 22 de junio de 1986, pasadas las 13:00 horas, Diego Armando Maradona marcó, con la mano, el primer gol del partido frente a Inglaterra. Cuatro minutos después, luego de dejar regados por el campo a media docena de ingleses, en una absoluta cátedra de picardía, gambetas y magia, el “Diez” anotó el gol que lo catapultó, sin escalas, a la inmortalidad.

“¿Qué pensé en ese momento? En nada, sólo en definir la jugada. Al principio me parecía mejor tocarla para ‘Burru’ (Jorge Burruchaga) o Valdano, que me habían acompañado jalando rivales. Pero al final me la jugué solo… Qué lindo, por favor…”

Sobre su primera anotación, Diego lanzó una frase que también se volvería inmortal: “Fue un poco con la mano de Dios y otro poco con la cabeza de Maradona…”

Tres días después la indiscutible figura del Mundial brindó una muestra más de su clase al anotarle dos goles a Bélgica en una de las Semifinales.

A lo largo del Mundial Maradona percibió, con razón, que su Selección nunca figuró entre las favoritas del público mexicano. Quizá por eso el viernes 27, dos días antes del desenlace de la Copa del Mundo, el “Diez” lanzó una frase de esas que lo caracterizan: “Quiero aclarar, los besos que lanzo a la tribuna son para él, para mi viejo (papá). Porque no soy falso, no son besos a los mexicanos, no soy falso. Nunca he dicho, desde que llegué, que los mexicanos son los más lindos o los más amables, respeto a esta gente, a todo México, pero no voy a decir falsedades para comprar sentimientos”.

En la Final en el Azteca el público se dividió y una gran parte de los asistentes al Coloso de Santa Úrsula festejó los goles de Rummenigge y Vöeller que le dieron a Alemania el empate parcial en la Final. Pero esos mismos también vitorearon a los argentinos, que terminaron imponiéndose con el gol de Burruchaga a pase de, quién si no, Diego Maradona, que abandonó la capital mexicana junto con su Selección cerca de la media noche de aquel histórico 29 de junio, después de cumplir con la consigna que se habían impuesto al llegar a México casi dos meses antes: “Somos los primeros en llegar, pero seremos los últimos en irnos”.

 

‘LA PELOTA NO ME LA VAN A QUITAR’

Pocos meses después de haber sido suspendido del Mundial de Estados Unidos 94, por haber dado positivo en el control anti doping por consumo de efedrina, Diego vino a México para participar en el Torneo Intercontinental de Futbol Rápido que se celebró en la ciudad de Pachuca. El ídolo caído en desgracia descendió del avión el día el 12 de diciembre de 1994.
A la exhibición – en la que él y el brasileño Dirceu eran los máximos atractivos-, Diego le dio lujo y proyección internacional.

El responsable directo de que Maradona asistiera a ese torneo fue el hoy vicepresidente del Necaxa, Alejandro Bocardo, quien por medio de Andrés Fassi, en ese entonces parte del cuerpo técnico de los Rayos, se puso en contacto con el representante de Diego, Guillermo Cóppola.

“Cuando fui presidente de la FNFR (Federación Nacional de Futbol Rápido) decidimos hacer el evento internacional en Pachuca con Maradona, que fue una de las figuras que logramos traer. Siempre fue accesible, yo lo recuerdo así, muy cordial y ameno, una persona noble y de buenos sentimientos”, explicó el directivo.

El argentino hizo goles de fantasía, demostró que desconocía las reglas del futbol rápido, llevó cientos de aficionados a las tribunas de madera y fiel a su estilo, arremetió contra los altos directivos de FIFA: “La vida continúa y por ello no bajaré los brazos. La pelota, por más que Havelange y Blatter no la hayan tocado nunca, no me la van quitar jamás. Yo sé lo que se siente jugando y por más que ellos me sancionen, no me la van a sacar jamás”.

Un detalle que recuerda con alegría Bocardo fue que Maradona repartió entre sus compañeros de equipo parte de los honorarios que cobró en aquella ocasión.

“Diego Armando tenía un contrato con Comex, que era el patrocinador del evento; su salario era muy alto, mientras que el resto de sus compañeros de su equipo cobraba algo simbólico. Al final del evento, Maradona otorgó el 50 por ciento de lo que ganó a sus compañeros”, rememora Bocardo.

Dolido por los 15 meses de suspensión que le había impuesto la FIFA, Diego insinuó que estaría dispuesto a jugar en México, dejó destellos de su magia en la capital hidalguense, discutió con árbitros y jugadores contrarios, incluso, a punto estuvo de liarse a golpes, pero también se divirtió como un niño antes de dejar el país.

Y antes de hacerlo, conforme a su polémica personalidad, franca y desinhibida, bromeó: “No sé quién habrá hecho este reglamento –de futbol rápido-, pero hay que cambiarlo”, dijo Maradona, quien se vio sorprendido en el cobro de un “shoot out”.

El “Diez” volvió a México el 7 de junio del 2000 para ver el partido de Vuelta de la Semifinal América-Boca Juniors, correspondiente a la edición 2000 de la Copa Libertadores.

La premura del viaje, la lluvia y el tráfico impidieron que Maradona llegara al Coloso de Santa Úrsula en donde lo esperaban como comentarista de lujo de la cadena PSN, pero un día después, el astro pisó la cancha que 14 años atrás lo viera coronarse y concedió una nota exclusiva a esa televisora.

“Entrar otra vez me hizo vibrar el corazón. Sentí la misma alegría que me da cuando me despiertan mis hijas”, dijo dos días más tarde en una entrevista publicada por un diario capitalino. “Ojalá vuelva al futbol, pero no le puedo pedir más a Dios, porque me ha ayudado mucho. El tiempo lo dirá…”

A la salida del Coloso de Santa Úrsula a Diego se le ocurrió jugar un partido de futbol y el lugar elegido fue el desaparecido Centro Rayo, ubicado sobre Calzada de Tlalpan.

Ahí, junto a algunos amigos entre los que se encontraba Ángel “Matute” Morales, y vestido con la camiseta número 10 del jugador del Cruz Azul, Diego se dio el gusto de patear el balón durante algunos minutos, antes de partir rumbo a su hotel.

Esa noche Maradona y sus amigos departieron hasta muy entrada la madrugada en el restaurante Cambalache, ubicado en Insurgentes Sur, en donde Diego y sus amigos cenaron, se divirtieron y cantaron media docena de veces “La mano de Dios”, un tema compuesto por el cantante cordobés Rodrigo, que moriría en un accidente de tránsito unas semanas más tarde.

A unos meses de cumplir los 40 años y con tres de retiro, Maradona especuló con un probable regreso a las canchas en México, cosa que nunca se dio, y también repartó elogios a algunos personajes del balompié azteca.

“Aquí la gente me trata de maravilla, con mucho calor. Si mi regreso se da en México sería mucho mejor…

“A Luisito (Hernández) lo quiero mucho, fue mi compañero en Boca, sigo su carrera ahora en el Galaxy (de la MLS)… Hugo (Sánchez) es una persona muy buena, lo llamé ahora para el asunto del sindicato de futbolistas, también a (Manuel) Negrete…”

Durante una entrevista que concedió al diario Reforma, por la que se dice que recibió 10 mil dólares, Maradona manifestó su admiración por Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, el creador de “El Chavo del Ocho” y Alejandro Bocardo le dio una sorpresa.

“Días antes Maradona me había manifestado: ‘De México me gustan muchas cosas, pero al país que vaya siempre llevo mis videos de ‘El Chavo del Ocho’ o del ‘Chapulín Colorado’. Así es que me comuniqué con el hijo de ‘Chespirito’ y, pese a que don Roberto estaba un poco inestable de salud, le recibió la llamada”, señala Bocardo.

“Maestro, se me salen las lágrimas, uno de mis grandes sueños se ha cumplido hoy. Usted me ha dado grandes alegrías con sus programas y por fin pude conocer a uno de mis ídolos, porque el otro era Carlos Gardel”, dijo un emocionado Maradona al cómico.

 

LOS CAPRICHOS DEL ‘DIEZ’

El astro volvió a México, a mediados de marzo del 2002, le acompañaba una comitiva de 8 ó 10 “amigos”, que al igual que su fornido guardaespaldas, Horacio “El Ninja” Enrique, velaban en todo momento por la seguridad del ídolo.

Contratado para dar algunas pataditas a la pelota durante la despedida de Carlos Hermosillo, Diego visitó nuestro país con ese aire de personaje atormentado por la fama y el mito.

Para evitar el acoso de la prensa y los aficionados, de inmediato encontró refugio y privacidad en un sitio lejano al Distrito Federal. Durante una semana se hospedó en la suite 124 de un hotel en Ixtapan de la Sal, cuyo nombre, por coincidencia, hacía honor a la grandeza del “Diez”: Rancho San Diego.

Allí, entre legendarios sabinos y enormes áreas verdes, bajo un clima paradisíaco, Maradona jugó una cascarita en una irregular cancha de tierra – sólo resistió 10 minutos y luego salió cojeando-; practicó golf – incluso los empleados del hotel tuvieron que iluminarle el campo con los faros de algunos autos porque se le antojó jugar de noche- y utilizó el SPA por la madrugada para no tener ningún acercamiento con los huéspedes.

Esa vez, con su guardaespaldas siempre pendiente de que nadie le sacara imágenes fotográficas y de video, Maradona mostró en los pasillos del hotel y en su propia habitación, una conducta que iba súbitamente de las carcajadas a la ira, del aparente rostro tranquilo a la ansiedad.

Explosivo, irascible, sólo atento a sus impulsos, Diego retrasó aproximadamente una hora el arranque del juego de despedida de Hermosillo, debido a que llegó tarde al Estadio Azul. Allí, luego de solicitar un vestidor para él solo, aceptó jugar únicamente si antes le llevaban una pizza de peperoni y una Pepsi. Entonces, miles de aficionados le vieron patear el balón durante 38 minutos del partido.

En esa visita Maradona se mostró huidizo, colérico, perdió el control y estrelló algunos vasos de cristal contra uno de los muros del hotel. Estaba tan gordo, que parecía un buda vestido con uniforme de futbol. Antes de partir, se quejó de los mosquitos, de la prensa y la gente que aún le adoraba.

Su última visita fue en noviembre de 2006 para jugar un partido de “Showbol” que disputaron los representativos de México y Argentina, en Monterrey y el DF. Junto a jugadores como el portero Sergio Goycoechea, Carlos McCallister, Alejandro Mancuso y Óscar “Turu” Flores, enfrentó al equipo que integraban, entre otros, Adolfo Ríos, Jorge Campos, que jugó como delantero, Luis Hernández, Alberto García Aspe, Benjamín Galindo y Misael Espinoza. En un encuentro lleno de patadas, celebrado en el Palacio de los Deportes, el equipo verde se impuso 3-2 al albiceleste.

Aplaudido por los asistentes, un Diego más abierto y amable cumplió todavía con algunos compromisos comerciales, firmó autógrafos y se tomó fotos con los aficionados que aún lo seguían adorando. Maradona y México, una relación de amor y conveniencia.

 

 

Cesarini

 

Publicada originalmente en la revista Pumas, en 2005, posteriormente salió en Soccermanía, en 2007. Se subió en la sección Futbol Retro del sitio web de la revista, en octubre de 2014. Es parte del archivo que intentábamos recuperar.

 

Cuando se habla de Renato Cesarini, en las personas que lo trataron personalmente existe un común denominador: lo consideran un maestro, un revolucionario del futbol y un hombre excepcional.

Catalogado como un entrenador adelantado a su época por sus colegas y discípulos, Renato Cesarini arribó a México en agosto de 1962 para hacerse cargo de la dirección técnica del Club Universidad, en donde sentó las bases del trabajo que aún es utilizado en el equipo, según cuenta el director de Fuerzas Básicas de la institución, Guillermo Vázquez, quien recuerda a Cesarini con gran cariño.

“Renato Cesarini fue mi gran formador, tanto en el aspecto deportivo como en el aspecto humano. Era una persona muy dedicada a todo lo que son fuerzas básicas, fundamentos y conceptos y es, sin duda, uno de los grandes pilares de Universidad”, dice Memo Vázquez.

UN POCO DE HISTORIA

Renato Cesarini nacio en Senigallia, una población cerca de Ancona, Italia, el 11 de abril de 1906, y a los pocos meses su familia emigró a Buenos Aires, donde murió el 24 de marzo de 1969.

Como futbolista jugó para Chacarita antes de emigrar a Italia, en 1930. Se enroló con la Juventus, donde destacó como mediocampista, ganó cinco “Scudettos” de forma consecutiva y anotó muchos tantos en los últimos cinco minutos de los partidos, algo que en Italia aún se conoce como “gol área Cesarini”.

“En Italia triunfó como jugador y se le recuerda mucho por el ‘gol área Cesarini’, que es el que se anota del minuto 40 del segundo tiempo en adelante; él hizo muchos goles importantes en esos últimos cinco minutos. Según contaba Renato, él jugaba con reloj en la muñeca, nosotros nos reíamos y nos decía que éramos unos ignorantes, que en Italia hacía frío y jugaban con mangas largas, así que no había ningún problema, que miraba el reloj y trataba de anotar cuando consideraba que podía definir el partido. En Italia quizá no lo recuerden mucho ahora, pero si usted pregunta por el ‘gol área Cesarini’, saben de qué está hablando”, dice Jorge Raúl “Indio” Solari, quien fue dirgido por Cesarini en River Plate y en la Selección argentina y que fundó una escuela de futbol en honor de su maestro.

Don Renato volvió a la Argentina en 1936 y ganó dos títulos más como jugador de River Plate, antes de dedicarse a entrenar a los juveniles de ese club, que en 1940 le dio la oportunidad de conducir al primer equipo con un plantel que más tarde haría historia y sería conocido con el sobrenombre de “La Máquina”.

Ahí comenzó a forjarse la leyenda del Cesarini entrenador que al lado de Carlos Peucelle y con jugadores como José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Juan Carlos Muñoz, Ángel Labruna y Felix Lostau, la mítica delantera de “La Máquina”, conquistó el bicampeonato en 1941 y 1942. Cesarini conquistó su tercer título con los Millonarios en la temporada de 1945, antes de pasar fugazmente por equipos como Racing, Banfield y Boca Juniors.

Convencido de su capacidad como entrenador, en la década de los 50 Cesarini cruzó el Atlántico para dirigir a la Juventus de Turín, con la que ganaría el bicampeonato en las temporadas 1959-60 y 1960-61, para después volver a América, en donde México fue su destino.

EL ARRIBO A UNIVERSIDAD

En su campaña de debut en Primera División, la de 1962-63, Universidad marchaba, tras nueve fechas, en el último puesto con sólo una victoria, dos empates y seis caídas, situación que le costó el puesto al entrenador, Octavio Vial (se había ido en la fecha siete y en su lugar se quedó, como interino, el defensa brasileño Carlito Peters, durante dos jornadas).

Fue entonces que la directiva del equipo, encabezada por el presidente, Javier Ortiz Tirado, y el vicepresidente, Manuel Mangas, decidieron la contratación de Renato Cesarini, quien gozaba de gran prestigio internacional por los títulos que había ganado con River Plate y la Juventus.

“Cuando Cesarini llegó a México ya venía con un prestigio muy importante después de su paso por River Plate y por Italia (Juventus)”, cuenta Ángel Papadópulos, quien fuera asistente de Cesarini en Pumas y a quien el argentino le heredó el puesto en 1965.

“Renato fue un técnico adelantado a su época, no sólo en el futbol mexicano, sino el en el futbol mundial. Tenía una gran capacidad de enseñanza y dejó cosas muy importantes en el país, como el trabajo con los jóvenes”, dice Papadópulos.

Guillermo Vázquez señala la importancia que tuvo Cesarini en el desarrollo de la cantera azul y oro.

“No te puedo decir que él formó la cantera de Pumas, pero sí se preocupó por observar y darle seguimiento a los muchachos de fuerzas básicas, por darle la atención a esos jóvenes y desde entonces los jugadores de Pumas tuvieron mejores condiciones para desarrollarse”.

Vázquez agrega que las enseñanzas que dejó Cesarini en Pumas continúan vigentes y se tratan de aplicar desde las inferiores hasta el primer equipo.

“Cuando él llegó decía que nosotros estábamos atrasados 30 años en cuanto a la preparación y yo así lo creo, porque todos los conceptos y fundamentos que nos dio, afortunadamente los seguimos aplicando, esa semilla que dejó dio frutos, porque el nos dio los parámetros a seguir para dar a los jóvenes lo que es un verdadero conocimiento de lo que es el futbol. El talento del jugador es innato, pero uno como entrenador debe saber cómo pulirlo.

“Él enfatizaba mucho en el aspecto físico, pero cuidaba mucho lo técnico y más adelante empezaba con cuestiones tácticas. Una de las principales enseñanzas que recogí de él fue el ‘aspecto defensivo’. Cesarini nos decía que muchos escogen a los jugadores por lo que hacen con la pelota, pero no por lo que hacen cuando la pierden o cuando no la tienen, pocos jugadores tienen buenos fundamentos y conceptos, y él se preocupaba por esto último”.

Para Vázquez, Cesarini también revolucionó la manera en que hasta esos días se entrenaba en México.

“Desde que llegó empezamos a entrenar todos los días y lo hacíamos hasta un día antes de los partidos, cuando antes entrenábamos dos o tres veces por semana. Pumas estaba en el último lugar y cuando él llegó comenzamos a repuntar y terminamos arriba de media tabla siendo un equipo con poca experiencia, recién ascendido. Entrenábamos una hora en lo físico, otra de técnica y ya después hacíamos futbol”, señala.

Coincide con Vázquez otro símbolo de Pumas, Héctor “Capi” Sanabria.

“Cuando lo trajeron Cesarini dijo: ‘Este equipo nada más corre’, y mandó a hacer el frontón para que perfeccionáramos la técnica. Creo que Renato Cesarini tiene que ver mucho con el desarrollo del futbol mexicano, porque en esa época se entrenaba sólo martes, miércoles y jueves, y se jugaba los domingos. Pero Cesarini dijo: ‘Vamos a entrenar de lunes a lunes’ y así se hizo, llegábamos a las 10 de la mañana y nos íbamos hasta las cuatro o cinco de la tarde, no entrenando todo el tiempo, pero ahí nos tenía, enseñándonos muchas cosas en el frontón”.

El famoso frontón mandado a construir por don Renato Cesarini, único por aquellos años en México, es la fuente de inagotables anécdotas y un legado del técnico argentino para el balompié azteca.

“Recuerdo que ‘Panchito’ Hernández (ex directivo del América) iba y se quedaba mirando todo lo que hacíamos. Ya después el América tuvo su frontón, pero el primero fue el de Universidad”, dice el “Capi” Sanabria.

Enrique Borja, quien fue debutado en Primera División, en 1964, por el técnico argentino, también tiene gratos recuerdos del frontón.

“En el frontón me enseñó a golpear el balón con la pierna izquierda, esos ejercicios se convirtieron en un gusto para mí y todos los días, antes o después del entrenamiento, iba al gimnasio a golpear con la cabeza los balones que había colgados ahí, a golpear la pelota contra la pared, todo eso fue muy importante para mí, porque Don Renato te decía: ‘La pared no se equivoca, como le das la pelota te la regresa’, fue una gran enseñanza”, señala Borja.

 

EL GRAN GUÍA

Además de las enseñanzas que dejó sobre el terreno de juego, Cesarini es bien recordado por sus discípulos por su don de gente, su camaradería con los jugadores y por su cercanía con los mismos.

“Con los profesionales era muy exigente, conocía tu vida al ciento por ciento, sabía qué hacías cuando terminabas de jugar, a dónde ibas, con quién. En un principio te molestaba, pero después entendías su preocupación.

“El aspecto personal era muy importante para él, por eso estaba en contacto con nosotros todo el tiempo. Cuando estábamos concentrados, después del desayuno salíamos a caminar con él y todo el tiempo platicábamos, igual después de la comida y la cena. Cuando viajábamos, antes de su llegada a los jugadores nos daban un viático para que comiéramos donde quisiéramos y con él no, todos comíamos juntos, se preocupaba mucho por el grupo.

“Procuraba atender muy bien a sus jugadores, quería siempre lo mejor para nosotros; con los juveniles era muy paciente, se detenía a enseñarles, se estaba horas con ellos en el frontón, al igual que con los entrenadores”, dice Memo Vázquez.

Uno de sus discípulos más cercanos, el argentino Jorge “Indio” Solari resalta también la capacidad que tenía Cesarini para transmitir sus conocimientos.

“Cesarini trabajó con juveniles y con profesionales. Con los primeros enfatizaba, sobre todo, en la técnica individual y el trabajo colectivo, era un obsesionado con la perfección y entendía cómo enseñar y tratar a los jóvenes, cómo motivarlos, les corregía permanentemente. Y con los planteles profesionales era un técnico que daba la libertad necesaria para que el jugador expresara lo suyo… Fue el tipo que más me enseño en mi vida y el que más me motivó en mi carrera.

“En Argentina ha habido grandes técnicos como Ángel Labruna, Osvaldo Zubeldía, (Juan Carlos) Lorenzo, pero Renato Cesarini era superior a todos ellos por su capacidad de enseñanza, sus conocimientos, él hace 40 años trabajaba cosas que recién algunos comienzan a hacer ahora. Él dio cátedra aquí (en Argentina) y en el extranjero, fue un gran formador”, recuerda Solari.

Por su parte, el “Capi” Sanabria resalta el buen trato que Cesarini tenía con sus jugadores, tanto con las figuras del equipo como con los novatos.

“Me tocó la suerte de ser dirigido por don Renato y considero que era una persona excepcional en su trato. En primer lugar trataba igual a los ‘cracks’, que en ese tiempo eran Raúl Chanes, Carlito Peters, Carlos Gutiérrez, que a los que acabábamos de llegar al equipo. Hubiera querido tener (como DT) a Cesarini cuando yo era más maduro, para aprenderle más”.

Y Enrique Borja no deja de mencionar el agradecimiento eterno que tiene a Cesarini por haberle dado la oportunidad de debutar con Universidad.

“Renato Cesarini fue el entrenador que me dio la oportunidad de debutar en Primera División, en el año 64, pero antes del debut me enseñó muchas cosas, era un entrenador que se interesaba mucho, no sólo en lo futbolístico, sino por las cuestiones personales, se acercaba mucho al jugador y nos aconsejaba, platicaba mucho de las grandes vivencias que había tenido como jugador y como técnico. Era muy exigente, pero siempre tenía una explicación; los jugadores de Pumas teníamos las enseñanzas directas de él, pero supe de entrenadores y jugadores que lo iban a buscar al hotel donde vivía, en la colonia Nápoles, para consultarlo.

“Era una persona enamorada de su profesión y del futbol, siempre dispuesta a ayudar y a enseñar, le voy a estar agradecido eternamente”.

 

EL HOMENAJE

A iniciativa de Jorge “Indio” Solari, en 1978, un grupo de ex jugadores fundó en la ciudad de Rosario, Argentina, la “Escuela de Futbol Renato Cesarini”, una de las más importantes de Sudamérica, pues además de las 52 canchas de futbol con las que cuenta, tiene entrenadores profesionales en cada uno de sus equipos.

“Como jugador de futbol, junto a otros compañeros siempre tuvimos la inquietud de fundar un club, y cuando llegó ese momento y buscábamos un nombre, decidimos ponerle el nombre de Renato Cesarini porque fue un hombre que nos dejó muchas enseñanzas como jugador y como persona”.

De las filas de Renato Cesarini han surgido jugadores de la talla de Santiago Solari (Real Madrid), Martín Demichelis (Bayern Munich), Javier Mascherano (River Plate) y Andrés Guglielminpietro (Boca Juniors).

 

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Una versión más corta de esta nota fue publicada el 10 de abril del 2014 en la sección internacional del diario deportivo Récord.

El domingo 22 de junio de 1986, mientras Diego Armando Maradona dejaba tendidos a los ingleses en la cancha del Estadio Azteca, en la tribuna baja del Coloso de Santa Úrsula se libraba otra batalla. Hinchas argentinos y aficionados escoceses se liaron a golpes con los temidos ‘hooligans’ ingleses.

Las peleas se suscitaron en varios sectores y en uno de ellos, el ‘jefe’ de la hinchada de Vélez Sarsfield, Raúl Héctor ‘Pistola’ Gámez, combatía a los ingleses a puño limpio.

“Tuve actitudes que no fueron buenas, viajé al Mundial de México y me peleé con los ingleses, pero fue una reacción del mismo partido. Ese día estaba con amigos, yo no fui con las barras, no me quiero hacer el bueno, pero yo no viajé con ellos.

“Me da vergüenza eso, no quiero que mis nietos se enteren, me peleé a puño limpio. Eran muchos ingleses y así me fue, me pegaron bastante”, aclara Gámez, quien a su regreso a Argentina, festejó en el balcón principal de la Casa Rosada con los jugadores campeones del mundo.

Gámez nació en Buenos Aires hace casi 70 años, de los cuales, más de 50 los ha pasado en ligado al club del barrio de Liniers, institución a la que presidió en dos periodos diferentes (1996-99 y 2002-2005), con extraordinarios resultados en lo deportivo y lo económico, pues consiguió la Supercopa (1996), la Recopa Sudamericana (1997) y los Torneos Clausura en 1998 y 2005, éstos dos últimos con Marcelo Bielsa y Miguel Ángel Russo como técnicos, respectivamente.

“Yo siempre estaba en el club, hacía deporte ahí y me fui involucrando en subcomisiones, todos me conocían”, dice el ex directivo, que fue vicepresidente del club de Liniers entre 1993 y 96, cuando el equipo ganó tres torneos locales, además de la Copa Libertadores, la Intercontinental y la Interamericana.

“En el 91, cuando Vélez tenía problemas institucionales, hubo una integración de cuatro agrupaciones, se me designó para ser vicepresidente y arranqué. De lo contrario, hubiera sido complicado. Venía de la barra y me miraban con recelo”.

 

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Gámez, que se define como un tipo sencillo “que va de frente y defiende lo suyo a muerte”, atribuye los éxitos deportivos de sus gestiones al trabajo y el cariño que mostraron las directivas que integró.

“Tenía muy buenos compañeros en la comisión directiva y fuimos muy fieles a Vélez. Se dieron las cosas, Dios quiso que fuéramos campeones de América, del mundo, ganamos el ‘campeonato económico’ también porque sacamos las deudas del club, le pusimos buena voluntad, cariño, dejamos cosas particulares para trabajar por el club y nos fue bien. Tengo el cariño y el respeto de la gente de Vélez, eso es lo que importa”.

Su pasado como referente de la hinchada, señala, le ayudó a controlar a la barra del Fortín cuando fue dirigente.

“Para uno, como conocedor del club, era más fácil controlar la hinchada, cuando fui presidente me fue más fácil entender el problema. Pero antes no era tan violento, ahora van todos con revólver, cuchillos, la droga se metió al futbol. Nosotros no le dimos dinero a la barra, sí entradas y micros para que viajaran los socios, no sólo la hinchada.

“Nosotros conocíamos a la gente de la barra porque eran hijos de amigos, sobrinos de un dirigente y estaban siempre en el club, era más fácil controlarlos, cosa que no pasaba en otro clubes, donde los muchachos llegan de sectores más marginales”.

Alejado de la política del club, Gámez fue candidato a diputado nacional por un partido de centroizquierda, pero no ganó un escaño para el Congreso.

“Siempre me ha gustado ayudar a la gente, por eso lo hice, pero no pudimos llegar”, señala Gámez, uno de los principales opositores al longevo mandato de Julio Grondona en la Asociación de Futbol Argentino.

 

Pistola Candidato

 

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Este post fue publicado el día de la muerte de Roberto Fontanarrosa. Lo tuve que actualizar unos minutos después, cuando el ‘Negro’ se despidió de mí.

 

El escritor y dibujante argentino Roberto Fontanarrosa murió este jueves (19 de julio de 2007) en la ciudad de Rosario, Argentina.

El “Negro” trabajaba en Clarín y fue el creador de personajes como “Inodoro Pereyra” y “Boogie el aceitoso”, que en México pudo ser leído muchos años en el semanario Proceso. También escribió cuentos inolvidables como “El mundo ha vivido equivocado”, “Palabras iniciales” y “19 de diciembre de 1971”, entre otros. Tenía 62 años y sufría en los últimos años de una enfermedad neurológica.

Fontanarrosa nació el 26 de noviembre de 1944 y desde joven se destacó como dibujante humorístico, no sólo por su inventiva, sino por la personalidad de sus trazos. Hincha a muerte de Rosario Central, le dedicó al fútbol una parte muy importante de su obra literaria, como en la novela “El área 18”.

Entre sus libros figuran “Los trenes matan a los autos”, “El mundo ha vivido equivocado”, “Nada del otro mundo” y “No sé si he sido claro”, entre otros.

Lo entrevisté el 8 de abril de 2005 en el Café Metrópoli, en Rosario. El Panza Reyes y yo estábamos en Buenos Aires en una cobertura de equipos mexicanos en la Copa Libertadores y ese viernes viajamos de madrugada a Rosario para ver al “Negro”, que nos citó en el café que está en la planta baja del edificio donde vivía. Estuvimos más de una hora hablando de fútbol y literatura, de su proceso creativo, de política y de música…

“Vámonos yendo porque alguien tiene que trabajar”, fue lo último que le escuché decir antes de levantarnos de la mesa.

¡Descanse en paz, maestro!

Esto lo escribí para el blog de Soccermanía en Toque de Queda y unos minutos después lo tuve que actualizar. Lean por qué.

UPDATE: ¿Alguien cree en el destino? ¿en cosas sobrenaturales? Como escribí líneas arriba, tuve la fortuna de conocer en persona a Roberto Fontanarrosa, hincha fanático de Rosario Central, club conocido en su país como los “Canallas”. Bueno, cuando subía el post y buscaba mis fotos con el “Negro”, el “party shuffle” de mi iTunes comenzó a tocar “Canalla”, de Andrés Calamaro… ¡Se despidió de mí, el “Negro” se despidió!

20/07/07