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Valdano y Roberto Vargas

Febrero de 1998:

Primer acto. Miércoles por la noche. Se concreta una cita para entrevistar a Jorge Valdano, junto a Miguel Padilla, para el diario Reforma y el semanario Señor Futbol. Llego a casa y tomo “Sueños de futbol”, le doy una leída y lo dejo en la mesa de la sala para llevármelo al otro día. Al buscarlo por la mañana, lo encuentro tirado en el suelo mordisqueado por Tina, nuestra mascota. ¡Me quiere dar un infarto!

Segundo acto. Jueves por la mañana. Corró a la librería “El Sótano” para comprar otro ejemplar. Encuentro el que había dejado escondido para un colega y lo compro.

Intermedio: Llegamos a las instalaciones de TV Azteca a la hora pactada para la entrevista. Valdano se había ido a su hotel. ¡Sudamos frío! Padilla y yo bajamos corriendo rumbo a la salida, a ver si encontrábamos a “El Filósofo” antes de que llegara a la calle. De pronto, el trasero monumental de una rubia nos hace voltear: era la conductora Rocío Sánchez Azuara. Mientras la contemplábamos, una secretaria nos alcanza: “El señor Valdano regresó”.

Tercer acto. Después de la entrevista, en la oficina de José Ramón Fernández, Valdano me firma el libro y me escribe la siguiente dedicatoria: “Para Roberto, con el deseo que compartamos sueños”.

Sueños 1

Acto final: Jorge Valdano visita la redacción de Reforma en 1999, ya como colaborador del diario. En medio de una sesión de fotografías y autógrafos, le cuento la anécdota del libro mordido. Ríe y me firma el ejemplar dañado con una nueva dedicatoria: “Para Roberto, que le da de comer sueños al perro, con el deseo de que le aprovechen”.

Sueños 2

Tenía más de 10 años de no charlar con Jorge Valdano. Durante ese lapso, lo vi un par de veces en presentaciones de libros y, durante mi breve paso por Récord, revisaba los artículos que mandaba todos los jueves para publicarse el sábado.

El martes coincidimos en el Estadio Azteca, donde grababa la recreación del gol que le convirtió a Alemania en la Final de la Copa del Mundo de 1986. Siempre amable, charló ampliamente con el equipo de TDN, que se encontraba ahí para una nota especial que saldrá al aire el siguiente torneo de la Liga MX.

Con Lalo Bacas nos acercamos a Valdano sobre la cancha. El santafesino y el tucumano, un ex Rosario Central y un ex Newell’s Old Boys, recordaron la concentración de la Selección Argentina en las instalaciones del Club América, en 1986.

Valdano-Bacas.PNG

“Tres días antes del partido contra Inglaterra”, cuenta Bacas, “jugamos contra Argentina acá. ¡Les dimos un baile… ! Ganábamos 2-0 y Bilardo estaba como loco. Gritaba, corría, se metía a la banca, hacía cambios… No paró el partido hasta que empataron. Nosotros comenzábamos la pretemporada, estábamos muertos… Nos decíamos entre nosotros: ‘Ya déjenlos pasar para irnos a la mierda…’ Pero Alfredo (Tena) no quería…”

Comenzó a llover cuando Valdano abandonaba la cancha: “Así debería haber llovido el día de la Final”, dijo antes de entrar al túnel. Un lujo escuchar esas anécdotas de boca de sus protagonistas.

* El negativo de la foto de aquella entrevista de 1998 nunca me lo entregó Daniel Gazca; conservo el audio íntegro de aquella charla en un mini casete.

Collina

 

Nota publicada el 13 de febrero de 2014 en la página web de Soccermanía.

 

Al finalizar la Final de la Copa del Mundo Corea-Japón 2002, en el Estadio de Yokohama, la multitud ovacionó, inesperadamente, al hombre que recibió la primera medalla aquella noche. Pierluigi Collina ya cargaba sobre su espalda la fama y reconocimiento como el mejor árbitro del planeta. Y sonrió al escuchar los aplausos de una multitud acostumbrada a insultar a los hombres de negro a la menor provocación.

Nacido en Bolonia, Italia, el 13 de febrero de 1960, Collina jugó como defensa central en su juventud, comenzó a perder el pelo a los 24 años por una enfermedad hormonal y aunque pitó Mundiales y partidos de Champions League, se quedó sin cumplir uno de sus sueños, dirigir un encuentro en la cancha de Boca Juniors:

“Asistí a algunos partidos de Boca y el ambiente en el estadio es muy intenso. Ese es el estadio donde me habría gustado arbitrar. Dirigir un encuentro en Europa es un reto, pero mayor reto es hacerlo en canchas donde el futbol es la vida”.

Aunque simpatizaba con el Bolonia, por ser su ciudad de origen, con el campeonato de la Lazio, en 1974, cambió de camiseta.

Graduado en Economía por la Universidad de Bolonia en 1984, Collina tomó el curso para árbitro en 1977 y comenzó a pitar en ligas regionales, antes de dirigir partidos de la Serie C en 1988. Tres años le tomó llegar al circuito estelar del Calcio: la Serie A.

“El arbitraje me enseñó el respeto. Empecé a arbitrar a los 17 años y en ese momento sólo tomaba decisiones en el terreno de juego. Fuera obedecía a mis padres, porque aún era un niño, pero esa responsabilidad de tomar decisiones en el campo me hizo madurar antes”.

Por aquellos años comenzó a perder el cabello, pero eso nunca fue un problema para él, que lo tomó con sentido práctico: “Los jugadores me respetan más por mi aspecto”, dijo uno de los calvos más famosos del futbol mundial en la década de los 90.

Su ascenso fue meteórico. En 1993 recibió el gafete internacional de FIFA con apenas 45 partidos y tres años después dirigía la Final de los Juegos Olímpicos de Atlanta, en el duelo que Nigeria derrotó a Argentina.

Collina pitó un partido casi perfecto en la Final del Mundial 2002, cuando sólo mostró dos cartones amarillos, uno por bando, en el duelo que Brasil derrotó 2-0 a Alemania. Sin embargo, su recuerdo más significativo sobre un terreno de juego es la Final de la Champions League de 1999, en Barcelona. Aquella noche, fue testigo de la espectacular voltereta del Manchester United, en tiempo de reposición, sobre el Bayern Munich (2-1).

Hay una imagen no muy difundida de aquel encuentro. Es cuando Collina, tras el segundo gol del United, del noruego Solksjaer, se acerca a tratar de levantar del césped a los jugadores del equipo alemán, que estban devastados. Esa noche, a la que llama la del “rugido del león”, por la explosión de júbilo de los aficionados ingleses, Collina demostró, pese a su aspecto de tipo duro, que era un ser humano que se conmovía como cualquier otro.

Oliver Kahn, el célebre guardameta de la Selección de Alemania y del Bayern Munich a finales de los 90 y principios de la década del 2000, estaba en la portería en aquellos dos encuentros dirigidos por Collina.

“Sin duda es un árbitro de clase mundial, pero a nosotros no nos trae suerte”, expresó Kahn, quien también estaba bajo los tres palos germanos en la derrota que les propinó Inglaterra (5-1) en el 2001, duelo pitado por el italiano.

El hoy asesor financiero dirigió también la Final de la Copa UEFA 2004 entre el Valencia y el Marsella y su última participación internacional fue en las eliminatorias rumbo al Mundial Alemania 2006 al dirigir el Portugal-Eslovaquia, en el Estadio de la Luz. El último partido de Champions que pitó, en 2005, fue en El Madrigal, entre el Villarreal y el Everton.

POPULARIDAD INAGOTABLE

Ganador del premio al mejor silbante del año de la Federación de Historia y Estadística del Futbol (IFFHS) durante seis años consecutivos (entre 1998 y 2003) y siete veces designado el mejor árbitro de la Serie A, su brillante trayectoria como juez internacional ha llevado a Collina a ser parte de las campañas publicitarias de marcas como Opel, Adidas y Mastercard.

Pese a su fama, nunca se sintió una estrella:

“Lo que siempre hice fue trabajar muy duro en una profesión que es muy difícil. Pero no me considero un producto de marketing, eso no me gusta. Puede que sea famoso, reconocido”, dijo alguna vez al diario Marca.

El videojuego Pro Soccer Evolution 3 usó su imagen para la portada del juego y también apareció en anuncios de una marca de cerveza serbia.

En 2003 publicó su autobiografía titulada “Mis reglas del juego” y actualmente dirige el Comité de Árbitros de la UEFA, es asesor de las asociaciones de árbitros de Italia y de Ucrania, además de dirigir partidos amistosos, casi siempre de carácter benéfico.

 

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Reportaje hecho en ocasión de la última visita de Diego Armando Maradona a México, en noviembre del 2006. La nota titulada originalmente como “El Diego mexicano”,  fue escrita y editada por Óscar “Don Micky” Jiménez y yo para Soccermanía. Se volvió a publicar en octubre del año pasado en el sitio web de la revista a manera de celebración por el cumpleaños 34 del “Diez”.

 

Una, sino es que la imagen más repetida en la historia del futbol mundial es la de un Diego Armando Maradona pleno, esbelto, jubiloso, con el hambre de triunfo reflejada en el rostro y la convicción en la sangre, desparramando ingleses sobre el verde césped del Estadio Azteca el 22 de junio de 1986, la tarde en que, con sus dos exquisitas anotaciones, se ganó un lugar en el Olimpo del futbol.

Porque una semana después, cuando Maradona recibió el trofeo que acreditaba a Argentina como campeón del mundo, el corazón del Diego quedó ligado para siempre a la historia del Estadio Azteca, del futbol mexicano… de México mismo, en donde, entre miles de futboleros, sigue siendo objeto de culto.

En su biografía publicada en 1999, “Yo soy el Diego”, Maradona dedica un capítulo entero al Mundial México 86 y en éste afirma: “… estaba viviendo el momento más sublime de mi carrera, el más sublime… 29 de junio de 1986, Estadio Azteca, México; esa fecha y ese lugar están marcados en mi piel”. Pese a ello, la relación de Diego con México siempre ha sido distante y fría. En el mismo capítulo de su libro, el “Pelusa” hace un reproche del trato que el público mexicano le dio a la selección albiceleste durante la Final de aquella Copa del Mundo.

“Si hasta los mexicanos se nos volvieron en contra, gritaron los goles de los alemanes. ¿Latinoamericanismo? ¡Latinoamericanismo las pelotas, los latinoamericanos éramos visitantes, ahí, en el Azteca justamente!”

 

‘SOY SÓLO MARADONA’

La primera vez que Diego Armando Maradona puso las delicadas plantas de sus pies en una ciudad mexicana fue un 12 de noviembre de 1980. Lo hizo para enfrentar a los Tigres, en el Estadio Universitario de Monterrey, cuando él vestía la camiseta de Argentinos Juniors.

Aquella ocasión, precedido ya de esa etiqueta de futuro genio del futbol tras haber ganado un año antes el Mundial Juvenil de Japón, Maradona anotó el gol del empate 2-2 contra los Tigres, luego de burlar con cierta facilidad a Osvaldo Batocletti y ejecutar, como relatan las crónicas de los diarios deportivos, una hermosa anotación de zurda.

Tras igualar con el equipo regiomontano a dos goles, con destacada actuación de Gerónimo Barbadillo, quien hizo el par de anotaciones para los Tigres, Diego voló rumbo al DF. Pese a sólo estar de paso, debido a que se dirigía con su equipo a la ciudad de Léon para enfrentar a los Esmeraldas, se dio tiempo para hablar en conferencia de prensa.

“Sólo soy un muchacho al que le gusta la vida, juego con la pelota, si la prensa habla de mí, de más o de menos, es su problema, no el mío”.

En León, la presencia de Maradona no fue el imán de taquilla que se esperaba, al grado que el juego se retrasó hasta una hora para dar tiempo a que los aficionados llegaran al estadio. Al final asistieron unas 15 mil personas.

Argentinos Juniors perdió 3-2. Maradona hizo el segundo gol de su equipo, justamente de penal y en tiempo de reposición. Miguel Ángel “Zurdo” López, el técnico de Argentino Juniors, no pareció molestarse por las constantes patadas de los jugadores leoneses a Diego y dijo impasible: “Ya estoy acostumbrado a verlo en el suelo. Los rivales siempre lo marcan con dureza…”.

Unos meses antes del Mundial de España 82, donde fue expulsado en el partido entre Argentina y Brasil por el árbitro mexicano Mario Rubio, de última hora se concertó un partido entre América y Boca Juniors.

Allí, de nueva cuenta, altivo, seguro de sí mismo, vestido con una camiseta negra, aquel chico excepcionalmente dotado para el futbol visitó por segunda ocasión México. Era un 25 de enero de 1982, cuando la joya de Boca Juniors volvió a pisar suelo azteca.
Maradona era ya un futbolista tan cotizado y privilegiado, que Boca Juniors tenía dos tarifas cuando concertaba partidos en el extranjero: una con Diego y otra sin él.

El Estadio Azteca se llenó para observar en vivo al habilidoso mediocampista argentino que consiguió esa noche el primer gol de su equipo, quitándose con el cuerpo a Carlos de los Cobos para vencer a Héctor Miguel Zelada.

Cerca, muy próximo a la plenitud de su grandeza, Maradona llevó a Boca a un triunfo de 2-1 sobre el América. Fue él quien además dio el pase para la anotación de Ricardo Gareca.

Carlos Reinoso, entrenador de América, minimizó de algún modo la victoria de los argentinos: “El primer gol fue un regalo de De los Cobos, pero nosotros tuvimos más tiempo el balón”.

Horas antes, algo atento y dispuesto, había declarado a la prensa mexicana: “Les pido que no me comparen con nadie. No soy el sustituto de Pelé. Soy Maradona nada más…”

Pasaron más de tres años para el regreso del “Diez”, que en noviembre de 1985, ocho meses antes de su consagración en el Estadio Azteca, enfrentó con su Selección al Tricolor.

El jueves 11 de noviembre de aquel año, en Los Ángeles, México y Argentina igualaron a un gol con anotaciones del propio Diego y de Tomás Boy. Tres días más tarde, en la reinauguración del Estadio Cuauhtémoc, aztecas y sudamericanos volvieron a empatar por el mismo marcador, los goles fueron obra de Javier Aguirre y Óscar Ruggeri.

Maradona, quien en Los Ángeles había criticado la actuación del equipo mexicano, sobre todo por el penal que les marcaron a favor, en Puebla tuvo palabras de elogio para el Tricolor:

“Pueden hacer un gran papel en el Mundial, estar juntos tanto tiempo y enfrentar a Selecciones que les exigen puede ser una buena medida de lo que pueden ofrecer”, expresó Maradona, quien integraba aquel representativo junto a algunos elementos que después jugarían en el futbol mexicano, como Ruggeri, el arquero Luis Islas y Sergio Almirón.

 

‘LOS PRIMEROS EN LLEGAR, LOS ÚLTIMOS EN IRNOS’

De cara al Mundial de México 86, con Maradona como el nuevo capitán de la Albiceleste y una de las figuras a seguir en la Copa del Mundo, la Selección argentina hizo su arribo al Distrito Federal el 5 de mayo de 1986.

Aquel fue un Mundial lleno de figuras, Zico, Platini, Sócrates, Altobelli, Boniek… y Maradona, que a excepción de su gol a Italia el 5 de junio y la gran cantidad de patadas que recibió en su partido de presentación ante Corea del Sur, había pasado desapercibido.

El 12 de junio, con Argentina ya clasificada a Octavos de Final y ante la posibilidad de enfrentar más adelante al Tricolor, Diego declaró: “Lo lamentaría (enfrentar a México) por ellos porque nosotros vamos a llegar hasta el final, así juguemos en el Azteca con los mexicanos y ante 115 mil personas. Argentina va a llegar a la Final”.

La expectativa por ver a la Selección de Argentina llegó a uno de sus puntos más altos cuando se conoció que el rival de los albicelestes en los Cuartos de Final sería Inglaterra.

Ingleses y argentinos habían sostenido una dispareja guerra entre abril y junio de 1982 por el control político de las Islas Malvinas (llamadas Falklands por los británicos) y ese recuerdo se hizo presente en la Copa del Mundo.

Los jugadores de ambas Selecciones quisieron restarle importancia al hecho, pero el morbo ya estaba presente.

Una gran cantidad de periodistas de todo el mundo se dieron cita en la concentración argentina para obtener alguna declaración, principalmente de Maradona, pero el que se llevó la exclusiva el 20 de junio, dos días antes del histórico “match” fue Bobby Charlton, el ex campeón del mundo con Inglaterra en el 66, quien entrevistó a Diego para la cadena británica BBC.

El domingo 22 de junio de 1986, pasadas las 13:00 horas, Diego Armando Maradona marcó, con la mano, el primer gol del partido frente a Inglaterra. Cuatro minutos después, luego de dejar regados por el campo a media docena de ingleses, en una absoluta cátedra de picardía, gambetas y magia, el “Diez” anotó el gol que lo catapultó, sin escalas, a la inmortalidad.

“¿Qué pensé en ese momento? En nada, sólo en definir la jugada. Al principio me parecía mejor tocarla para ‘Burru’ (Jorge Burruchaga) o Valdano, que me habían acompañado jalando rivales. Pero al final me la jugué solo… Qué lindo, por favor…”

Sobre su primera anotación, Diego lanzó una frase que también se volvería inmortal: “Fue un poco con la mano de Dios y otro poco con la cabeza de Maradona…”

Tres días después la indiscutible figura del Mundial brindó una muestra más de su clase al anotarle dos goles a Bélgica en una de las Semifinales.

A lo largo del Mundial Maradona percibió, con razón, que su Selección nunca figuró entre las favoritas del público mexicano. Quizá por eso el viernes 27, dos días antes del desenlace de la Copa del Mundo, el “Diez” lanzó una frase de esas que lo caracterizan: “Quiero aclarar, los besos que lanzo a la tribuna son para él, para mi viejo (papá). Porque no soy falso, no son besos a los mexicanos, no soy falso. Nunca he dicho, desde que llegué, que los mexicanos son los más lindos o los más amables, respeto a esta gente, a todo México, pero no voy a decir falsedades para comprar sentimientos”.

En la Final en el Azteca el público se dividió y una gran parte de los asistentes al Coloso de Santa Úrsula festejó los goles de Rummenigge y Vöeller que le dieron a Alemania el empate parcial en la Final. Pero esos mismos también vitorearon a los argentinos, que terminaron imponiéndose con el gol de Burruchaga a pase de, quién si no, Diego Maradona, que abandonó la capital mexicana junto con su Selección cerca de la media noche de aquel histórico 29 de junio, después de cumplir con la consigna que se habían impuesto al llegar a México casi dos meses antes: “Somos los primeros en llegar, pero seremos los últimos en irnos”.

 

‘LA PELOTA NO ME LA VAN A QUITAR’

Pocos meses después de haber sido suspendido del Mundial de Estados Unidos 94, por haber dado positivo en el control anti doping por consumo de efedrina, Diego vino a México para participar en el Torneo Intercontinental de Futbol Rápido que se celebró en la ciudad de Pachuca. El ídolo caído en desgracia descendió del avión el día el 12 de diciembre de 1994.
A la exhibición – en la que él y el brasileño Dirceu eran los máximos atractivos-, Diego le dio lujo y proyección internacional.

El responsable directo de que Maradona asistiera a ese torneo fue el hoy vicepresidente del Necaxa, Alejandro Bocardo, quien por medio de Andrés Fassi, en ese entonces parte del cuerpo técnico de los Rayos, se puso en contacto con el representante de Diego, Guillermo Cóppola.

“Cuando fui presidente de la FNFR (Federación Nacional de Futbol Rápido) decidimos hacer el evento internacional en Pachuca con Maradona, que fue una de las figuras que logramos traer. Siempre fue accesible, yo lo recuerdo así, muy cordial y ameno, una persona noble y de buenos sentimientos”, explicó el directivo.

El argentino hizo goles de fantasía, demostró que desconocía las reglas del futbol rápido, llevó cientos de aficionados a las tribunas de madera y fiel a su estilo, arremetió contra los altos directivos de FIFA: “La vida continúa y por ello no bajaré los brazos. La pelota, por más que Havelange y Blatter no la hayan tocado nunca, no me la van quitar jamás. Yo sé lo que se siente jugando y por más que ellos me sancionen, no me la van a sacar jamás”.

Un detalle que recuerda con alegría Bocardo fue que Maradona repartió entre sus compañeros de equipo parte de los honorarios que cobró en aquella ocasión.

“Diego Armando tenía un contrato con Comex, que era el patrocinador del evento; su salario era muy alto, mientras que el resto de sus compañeros de su equipo cobraba algo simbólico. Al final del evento, Maradona otorgó el 50 por ciento de lo que ganó a sus compañeros”, rememora Bocardo.

Dolido por los 15 meses de suspensión que le había impuesto la FIFA, Diego insinuó que estaría dispuesto a jugar en México, dejó destellos de su magia en la capital hidalguense, discutió con árbitros y jugadores contrarios, incluso, a punto estuvo de liarse a golpes, pero también se divirtió como un niño antes de dejar el país.

Y antes de hacerlo, conforme a su polémica personalidad, franca y desinhibida, bromeó: “No sé quién habrá hecho este reglamento –de futbol rápido-, pero hay que cambiarlo”, dijo Maradona, quien se vio sorprendido en el cobro de un “shoot out”.

El “Diez” volvió a México el 7 de junio del 2000 para ver el partido de Vuelta de la Semifinal América-Boca Juniors, correspondiente a la edición 2000 de la Copa Libertadores.

La premura del viaje, la lluvia y el tráfico impidieron que Maradona llegara al Coloso de Santa Úrsula en donde lo esperaban como comentarista de lujo de la cadena PSN, pero un día después, el astro pisó la cancha que 14 años atrás lo viera coronarse y concedió una nota exclusiva a esa televisora.

“Entrar otra vez me hizo vibrar el corazón. Sentí la misma alegría que me da cuando me despiertan mis hijas”, dijo dos días más tarde en una entrevista publicada por un diario capitalino. “Ojalá vuelva al futbol, pero no le puedo pedir más a Dios, porque me ha ayudado mucho. El tiempo lo dirá…”

A la salida del Coloso de Santa Úrsula a Diego se le ocurrió jugar un partido de futbol y el lugar elegido fue el desaparecido Centro Rayo, ubicado sobre Calzada de Tlalpan.

Ahí, junto a algunos amigos entre los que se encontraba Ángel “Matute” Morales, y vestido con la camiseta número 10 del jugador del Cruz Azul, Diego se dio el gusto de patear el balón durante algunos minutos, antes de partir rumbo a su hotel.

Esa noche Maradona y sus amigos departieron hasta muy entrada la madrugada en el restaurante Cambalache, ubicado en Insurgentes Sur, en donde Diego y sus amigos cenaron, se divirtieron y cantaron media docena de veces “La mano de Dios”, un tema compuesto por el cantante cordobés Rodrigo, que moriría en un accidente de tránsito unas semanas más tarde.

A unos meses de cumplir los 40 años y con tres de retiro, Maradona especuló con un probable regreso a las canchas en México, cosa que nunca se dio, y también repartó elogios a algunos personajes del balompié azteca.

“Aquí la gente me trata de maravilla, con mucho calor. Si mi regreso se da en México sería mucho mejor…

“A Luisito (Hernández) lo quiero mucho, fue mi compañero en Boca, sigo su carrera ahora en el Galaxy (de la MLS)… Hugo (Sánchez) es una persona muy buena, lo llamé ahora para el asunto del sindicato de futbolistas, también a (Manuel) Negrete…”

Durante una entrevista que concedió al diario Reforma, por la que se dice que recibió 10 mil dólares, Maradona manifestó su admiración por Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, el creador de “El Chavo del Ocho” y Alejandro Bocardo le dio una sorpresa.

“Días antes Maradona me había manifestado: ‘De México me gustan muchas cosas, pero al país que vaya siempre llevo mis videos de ‘El Chavo del Ocho’ o del ‘Chapulín Colorado’. Así es que me comuniqué con el hijo de ‘Chespirito’ y, pese a que don Roberto estaba un poco inestable de salud, le recibió la llamada”, señala Bocardo.

“Maestro, se me salen las lágrimas, uno de mis grandes sueños se ha cumplido hoy. Usted me ha dado grandes alegrías con sus programas y por fin pude conocer a uno de mis ídolos, porque el otro era Carlos Gardel”, dijo un emocionado Maradona al cómico.

 

LOS CAPRICHOS DEL ‘DIEZ’

El astro volvió a México, a mediados de marzo del 2002, le acompañaba una comitiva de 8 ó 10 “amigos”, que al igual que su fornido guardaespaldas, Horacio “El Ninja” Enrique, velaban en todo momento por la seguridad del ídolo.

Contratado para dar algunas pataditas a la pelota durante la despedida de Carlos Hermosillo, Diego visitó nuestro país con ese aire de personaje atormentado por la fama y el mito.

Para evitar el acoso de la prensa y los aficionados, de inmediato encontró refugio y privacidad en un sitio lejano al Distrito Federal. Durante una semana se hospedó en la suite 124 de un hotel en Ixtapan de la Sal, cuyo nombre, por coincidencia, hacía honor a la grandeza del “Diez”: Rancho San Diego.

Allí, entre legendarios sabinos y enormes áreas verdes, bajo un clima paradisíaco, Maradona jugó una cascarita en una irregular cancha de tierra – sólo resistió 10 minutos y luego salió cojeando-; practicó golf – incluso los empleados del hotel tuvieron que iluminarle el campo con los faros de algunos autos porque se le antojó jugar de noche- y utilizó el SPA por la madrugada para no tener ningún acercamiento con los huéspedes.

Esa vez, con su guardaespaldas siempre pendiente de que nadie le sacara imágenes fotográficas y de video, Maradona mostró en los pasillos del hotel y en su propia habitación, una conducta que iba súbitamente de las carcajadas a la ira, del aparente rostro tranquilo a la ansiedad.

Explosivo, irascible, sólo atento a sus impulsos, Diego retrasó aproximadamente una hora el arranque del juego de despedida de Hermosillo, debido a que llegó tarde al Estadio Azul. Allí, luego de solicitar un vestidor para él solo, aceptó jugar únicamente si antes le llevaban una pizza de peperoni y una Pepsi. Entonces, miles de aficionados le vieron patear el balón durante 38 minutos del partido.

En esa visita Maradona se mostró huidizo, colérico, perdió el control y estrelló algunos vasos de cristal contra uno de los muros del hotel. Estaba tan gordo, que parecía un buda vestido con uniforme de futbol. Antes de partir, se quejó de los mosquitos, de la prensa y la gente que aún le adoraba.

Su última visita fue en noviembre de 2006 para jugar un partido de “Showbol” que disputaron los representativos de México y Argentina, en Monterrey y el DF. Junto a jugadores como el portero Sergio Goycoechea, Carlos McCallister, Alejandro Mancuso y Óscar “Turu” Flores, enfrentó al equipo que integraban, entre otros, Adolfo Ríos, Jorge Campos, que jugó como delantero, Luis Hernández, Alberto García Aspe, Benjamín Galindo y Misael Espinoza. En un encuentro lleno de patadas, celebrado en el Palacio de los Deportes, el equipo verde se impuso 3-2 al albiceleste.

Aplaudido por los asistentes, un Diego más abierto y amable cumplió todavía con algunos compromisos comerciales, firmó autógrafos y se tomó fotos con los aficionados que aún lo seguían adorando. Maradona y México, una relación de amor y conveniencia.

 

 

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Esta es una entrevista realizada a Bora Milutinovic en marzo del 2006, en la Ciudad de México. El veterano técnico llegó una hora tarde a nuestra cita en el Sanborns del Hipódromo de las Américas. Estábamos a punto de irnos cuando lo vi caminando por la calle. Me acerqué a saludarlo y a decirle que lo estaba esperando. Después de darme la mano, volteó con enfado hacia la calle y dijo: “Es que chocó este pendejo”, refiriéndose a su chofer. La entrevista se realizó en el bar del lugar, entre interrupciones de gente que le pedía un autógrafo y las distracciones de Bora, que le veía las nalgas a cuanta mujer pasaba por ahí. El chofer llegó después y Bora le dijo que se sentara a comer mientras terminaba. La entrevista fue muy divertida.

La foto, obvio, no es de ese día, es de 1997, en un amistoso entre Pumas y Atlante, en CU. Ese día Mejía Barón, técnico de los Potros, me negó una entrevista que casi me cuesta una suspensión en el periódico, y Domizi y Alfaro Moreno casi se van a los golpes al término del partido. Yo miraba el juego en la tribuna cuando lo vi a Bora. “¿Qué haciendo por aquí, señor?”, le dije. “Pasando a saludar a los cuates…”, respondió con su eterna sonrisa.

 

‘SIGO SIENDO BORA’

Por Roberto Sergio Vargas

Cuando faltan menos de 100 días para la Copa del Mundo de Alemania, hay un hombre muy vinculado al futbol mexicano que aún mantiene la esperanza de acudir, como protagonista, a la magna cita del balompié mundial.

Sin empleo recientemente –su último trabajo como DT fue en la Liga de Qatar-, es la primera vez en los últimos 20 años que, a unos meses de una Copa del Mundo, Velibor Milutinovic no tiene equipo para ir a la misma. Y aunque no le quita el sueño dirigir su sexto Mundial, el popular Bora asevera, no sin cierta nostalgia, no sentirse raro por estar desempleado cuando Alemania 2006 está a la vuelta de la esquina.

Sencillo, frontal, dicharachero, vestido de manera informal y con su inconfundible flequillo sobre la frente, Bora asegura no saber nada acerca de su futuro inmediato.

“Mientras el campeonato no comience… Nunca se sabe qué puede pasar. Si viene algo, bien, si no viene, igual: Sigo siendo Bora”, dice sonriente mientras firma un autógrafo.

 

– ¿Quiere dirigir su sexto Mundial?

“Es una sensación tan especial cuando uno va a ir a un Mundial”, expresa nostálgico, “nunca he pensado que el primero, el segundo, tercero, cuarto o quinto, mientras no empiece el Mundial todo puede pasar. En este momento no tengo ningún compromiso, si algo sucede, bien, si no, soy feliz por los logros que he alcanzado”.

 

– Usted debe ser uno de los técnicos más buscados en el mundo, tanto para dirigir clubes como Selecciones, ¿no?

“Para dirigir un club es difícil, porque yo prefiero Selecciones, aunque depende de muchas cosas que alguien te llame. También depende uno de la propuesta, pero yo no cierro las puertas”.

Bora asegura que últimamente no ve mucho futbol por televisión, algo que es difícil de creer en una persona como él, que le ha dado la vuelta al mundo como entrenador y que ha dirigido Selecciones nacionales en cuatro continentes diferentes: “A ver, a ver, cuál me falta”, bromea mientras gira con el índice de su mano derecha un globo terráqueo.

 

– ¿Ve mucho futbol por televisión?

“Últimamente no tanto y no es porque no tenga interés; grabo los juegos y después los veo, esa es una gran ventaja. A mí lo que me gusta es ir al estadio”.

 

– ¿Quién es para Bora el mejor jugador del mundo en la actualidad?

“Hay tantos… ‘Kaká’, Ronaldo, Ronaldinho, ‘Juninho’, el del Lyon, Lampard, del Chelsea”

 

– Mencionó a cuatro brasileños, ¿son los favoritos para ganar el Mundial?

“Cuando uno tiene jugadores tan buenos como Brasil, es normal que sea el favorito. Ningún equipo del mundo tiene tantos jugadores tan destacados como Brasil. Inglaterra, Holanda, Portugal, Argentina, Francia, son equipos capaces que en un partido pueden desequilibrar, por eso el futbol es un deporte tan lindo, por las sorpresas que te puede dar”.

 

– ¿Cómo ve al Tri?

“A mí no me agrada dar opiniones de la Selección Mexicana, porque algo que yo diga puede crear polémica. Uno debe ser consciente que en esta etapa el entrenador nacional debe tener tranquilidad. Si lleva el parto en aguas tranquilas, como dicen los chinos, puede llegar el resultado que todo mundo desea”, dice este serbio radicado en la ciudad de México, de manera casi permanente, desde 1972. quien no rehuye a dar su opinión acerca del tema de los naturalizados.

“Yo nací en otro país y México me parece maravilloso. Pienso que muchas veces son más importantes los sentimientos, porque si una persona puede ayudar, no veo porqué no puede ser llamado por el entrenador si es parte del futbol nacional, siempre y cuando demuestre su capacidad. Creo que a la gente no le interesa si son figuras o no, lo que importa son los resultados”.

 

UN AVENTURERO DEL FUTBOL

Mercenario para muchos, aventurero, como él mismo se define, Bora detalla algunas características de las Selecciones que le tocó conducir en cinco Mundiales, además platica de su reciente experiencia en la Liga de Qatar, donde ganó el Torneo de Copa con el Al Sadd.

“Estuve en Qatar y fue una experiencia extraordinaria, porque la cultura árabe es muy interesante. El futbol es reflejo de la cultura y de la forma de ver el mundo de un país. Qatar es un país muy pequeño y de enorme riqueza, entonces vive el futbol de una manera muy particular, sin tanta pasión como nosotros”.

 

– ¿Cómo fue dirigir en China?

“China fue una gran experiencia porque ellos son muy respetuosos y eso fue una gran ventaja. Había un deseo de hacer las cosas bien, amor a la patria, deseos de demostrarle al mundo que en China había buenos jugadores. Qatar es un país con 200 mil habitantes y China tiene mil 300 millones, pero el proceso de seleccionar es parecido, porque en China no hay tanta gente que practique el futbol, te aseguro que hay más jugadores en el Distrito Federal. Hay una Liga muy chiquita, no hay competencias para jóvenes, pero yo encontré un buen grupo de jugadores que dio resultados extraordinarios. Son talentosos, disciplinados, pero no tienen pasión por este deporte. Físicamente están muy bien, pero les falta experiencia, ese roce internacional que es importante para todos los equipos”.

 

– Qatar y China son países con culturas e idiomas muy diferentes a lo que usted estaba acostumbrado, ¿es complicado dirigir a través de un intérprete?

“No, no es tan importante el idioma si estamos, como dicen, en la misma onda. He tenido traductores extraordinarios. Mira, en Estados Unidos no fue difícil hacerles entender lo que uno quería; después estaría Costa Rica, China, México y Nigeria, en ese orden. Si nuestra filosofía del juego es igual, el idioma no es tan importante”, dice mientras enlista los países sobre un papel.

 

– En México ya tenía una trayectoria antes de llegar a la Selección, había ganado un campeonato, ¿cómo fue dirigir a la Selección de países en los que no había dirigido antes, le ayudó su prestigio?

“Bueno, eso del prestigio… En México tuve una etapa como jugador y otra etapa como entrenador de futbol… En Pumas no fue difícil comenzar como entrenador porque había una filosofía de equipo… Hay que hacer las cosas adecuadamente, pero uno no vive de los resultados anteriores, pueden ayudar porque en el futbol, desgraciadamente, se vive de ellos, pero hay otras cosas que también son importantes. Para que un equipo funcione tiene que haber buena relación entre jugadores, directivos, técnico, medios de información y el público, cuando uno de ellos falla empiezan los problemas”.

 

– Hay técnicos que dicen que no les interesa lo que dice la prensa, que no leen diarios, ¿puede ser cierto esto?

“Uno debe ser cuidadoso con todo, con la prensa, el público… Hay que tener cuidado en cómo se dicen las cosas y por qué se dicen. Uno siempre debe de estar a disposición de los medios de información para no crear un entorno negativo con ellos, porque a la larga el perjudicado puede ser el equipo”, expresa.

 

Bora Milutinovic dejó al Tricolor tras el Mundial de México 86 y luego de algunas aventuras en equipos como Tecos, Veracruz, San Lorenzo de Almagro y el Udinese, de Italia, tomó el mando de la Selección de Estados Unidos, a la que guió a la segunda fase en el Mundial celebrado en aquel país, en 1994.

 

– ¿Qué características destaca del jugador estadounidense, de su futbol?

“La ambición que tienen los americanos, su visión estratégica es muy importante y eso fue una ventaja. Cuando uno tiene esas condiciones sabe a dónde quiere llegar, cómo va a llegar, además son disciplinados, tienen todo, por eso han crecido tanto”.

 

– En los más recientes duelos entre México y EU el ambiente ha sido muy caliente, con declaraciones fuertes tanto del técnico de ellos, Bruce Arena, como de Landon Donovan. Usted dirigió a ambos países, ¿cómo percibe la rivalidad entre estas Selecciones?

“La gran rivalidad entre Estados Unidos y México comenzó en 1991, cuando yo era entrenador de ellos. En julio del 91 derrotamos a México y después ganamos la primera Copa de Oro. Ese fue un estímulo extraordinario para el futuro, a partir de ahí el futbol se comenzó a popularizar y hoy en día hay más de 15 millones de jóvenes que lo juegan, es un deporte más promocionado en ese país”.

 

– Hemos platicado de tres países donde ha dirigido: Qatar, China y EU, y en los tres mencionó la palabra disciplina. Ahora le preguntó, ¿cómo fue dirigir a la Selección de Nigeria?

“Los nigerianos… No soy una persona que ponga pretextos, simplemente las condiciones no fueron favorables. Hubo presiones hacia esa Selección, falta de tiempo, pero son los mejores jugadores que he tenido. ¡Imagínate dirigir a Okocha, Finidi, (Taribo) West, Kanú! La falta de tiempo y de un objetivo en común hizo que las cosas no salieran como queríamos. Nigeria había hecho un excelente Mundial 94, en 96 ganan la medalla de oro en la Olimpiada y en 98 se clasificó al Mundial sin problemas, pero no pasó nada y lo mismo pasó en 2002. Ahora no clasificó y no ganó la Copa Africana, eso demuestra que para hacer un equipo competitivo no basta lo futbolístico, hay tantas pequeñas cosas a tener en cuenta… Hay que conocer el perfil del jugador, la filosofía, la cultura del país, cómo viven allá”.

 

– ¿Cómo lo trataron en Nigeria?

“No viví allá, vivía en Europa, donde ellos jugaban, eso era una gran ventaja. Obviamente sí viaje a Lagos y a otras regiones que pude conocer. En Nigeria hay una pasión exagerada por el futbol, algo que le falta, por ejemplo, a los chinos”, expresa Bora, quien tomó las riendas de la Selección nigeriana a unos meses del Mundial de Francia, luego de ser despedido del Tricolor, al que clasificó para esa competencia.

 

– Y Costa Rica cómo fue, ¿hay una antes y un después de Bora en el futbol de ese país?

“Obviamente (ríe)… No, no, bromeo, yo creo que hay que estar el momento adecuado en el lugar adecuado, después todo es fácil. Cuando se logra un ambiente como el que creamos con los ticos, la manera de entrenar, con entusiasmo, pasión, simpleza, disciplina, todo eso ayuda. Los ticos nunca dudaron de lo que hacíamos, nunca hablábamos del Mundial, de los rivales, sólo habábamos de la vida”.

 

– ¿No se quedó con las ganas de dirigir un segundo Mundial con México?

“Salí porque las circunstancias eran desfavorables para mí y para la Selección, pero al mismo tiempo los resultados fueron positivos porque yo fui al Mundial con Nigeria. ¡Qué bueno que me corrieron! Si no me hubieran corrido no hubiera dirigido a esos grandes jugadores”.

 

– ¿Qué jugador mexicano le gusta en la actualidad?

“Oswaldo, Márquez, Pavel en el medio campo, Borgetti adelante. Curiosamente, a esos cuatro jugadores yo los debuté en la Selección”.

 

– ¿Ha cambiado la mentalidad del jugador mexicano?

“El jugador mexicano ha adquirido experiencia con la Libertadores, la Copa América y eso ha ayudado para que hayan madurado”.

 

– Pero sigue sin haber muchos futbolistas mexicanos en Europa…

“Eso pasa por intereses deportivos y económicos, cada jugador piensa diferente, además México es un país maravilloso para vivir”.

 

PUMAS Y LA ESCUELA ‘BORISTA’

Pese a no aparecer con frecuencia en los medios de comunicación, la figura de Bora sigue siendo conocida. El serbio atrae las miradas de los comensales que llegan al lugar en donde se realiza la entrevista y los menos desinhibidos le saludan o le acercan un pedazo de papel para conseguir un autógrafo.

Bora inició su carrera como jugador en el Partizán de Belgrado y, después de militar con otros equipos europeos, como el AS Mónaco, en 1972 llegó a México para jugar con los Pumas de la UNAM.

“En mi vida he tenido dos equipos, Partizán de Belgrado, donde comencé y jugué tantos años, y aquí en México Pumas…”, dice mientras se lleva la mano derecha al corazón.

 

– ¿Cómo llegó a Universidad?

“(Alfonso) Portugal me vio jugar y por él llegué a Pumas. Nunca pude agradecerle en la cancha porque él salió del equipo una semana después de que yo firme contrato, cosas del futbol. Mira cómo es el destino, yo llegué a Pumas en 1972 y me quedé 11 años, hasta 1983. Ahí terminé mi carrera como jugador y me convertí en entrenador muy rápido”.

 

– ¿Siempre quiso ser técnico?

“No es que siempre haya tenido la inquietud de dirigir, pero todo se dio de manera normal. En Pumas los directivos me apoyaron y pasé a formar parte del cuerpo técnico de (Jorge) Marik; Miguel (Mejía Barón) era el secretario técnico, todo se dio con mucha normalidad.

“Terminé la carrera de técnico en Yugoslavia para tener el diploma y seguir en el futbol, pero la vida es así, en mis inicios tuve resultados sumamente positivos y esto me ayudó mucho para seguir. He tenido muchas alegrías como entrenador y no sé si eso sea suerte o destino, llámalo como tú quieras”, expresa Bora, quien como jugador formó parte del plantel que ganó para Pumas su primer título en el Máximo Circuito: el Torneo de Copa, en 1975, y luego, cómo técnico, ganó la Liga en 1980-81, además de obtener los subcampeonatos en 1977-78 y 78-79.

 

– ¿Qué significa Pumas para el futbol mexicano?

“Creo que a partir de 1974, cuando se da una reestructuración del equipo y se empieza a trabajar con otra filosofía, Pumas comienza a crecer. En 1975 ya era un equipo importante, pero desde el campeonato que gana en 1976-77, Pumas ha sido el equipo más influyente en el futbol mexicano… Universidad daba espectáculo, ganaba y por eso había tantos jugadores de Pumas en la Selección.

“Sin faltarle el respeto a otros equipos, en los mejores momentos de la Selección siempre hubo una base de jugadores surgidos de Pumas: Mundial de 1986, Copa América de 1993, Copa del Mundo de 1994…”

 

– ¿Y qué ha pasado ahora?

“Esa pregunta no me corresponde contestarla a mí, pero Pumas siempre va a ser un equipo importante en México”, señala.

A lo largo de sus 30 años como director técnico, Bora ha sido un referente indiscutible para toda una generación de entrenadores, sobre todo para los surgidos del Club Universidad, pero de su influencia no se habla mucho, como sí se hace con el legado de estrategas de la talla de Manuel Lapuente y Ricardo La Volpe.

 

– En Argentina se ha hablado durante mucho tiempo de dos maneras de entender el futbol: el “menottismo” y el “bilardismo”. En México se empezó a hablar hace algunos años de “lavolpismo” y “lapuentismo”, ¿existen tales conceptos?

“Esos son intereses creados, hay gente a la que le conviene creer en esas cosas. Es interesante, pero analiza si alguien dice algo de Bora. Ve qué jugadores y qué entrenadores colaboraron conmigo, te vas a dar cuenta…”

 

– De que hay una escuela “borista”…

“No, qué escuela, si nosotros somos cuates: Miguel (Mejía Barón), Mario (Velarde, qepd), (Héctor) Sanabria… ¿Con quién trabajó (Javier) Aguirre? ¿‘Tuca’ (Ferretti)? ¿Hugo (Sánchez)? Comparar esas dos escuelas, esos dos entrenadores (La Volpe y Lapuente) es algo de lo que yo no puedo hablar, a mí no me interesa, sólo puedo decir que hay muchos entrenadores que tienen influencia de Mejía Barón y mía, y que han logrado buenos resultados”, dice.

 

– ¿A qué entrenador le aprendió más o tuvo mayor influencia sobre usted?

“Todos, desde mi hermano (Milos). He tenido la oportunidad de conocer gente maravillosa, pero en la vida y en el futbol puedes aprender de cualquier persona, no sólo de tus entrenadores”.

 

– ¿Cómo vivió la guerra que causó la desaparición de Yugoslavia?

“Como ser humano, con una profunda tristeza; como serbio tengo mi punto de vista, pero es muy triste que a finales del siglo XX los problemas no se hayan podido solucionar sin una guerra”.

 

– ¿Qué tanto afectó ese conflicto al futbol de la ex Yugoslavia, que siempre estuvo apenas un paso atrás de las grandes potencias de Europa?

“Por supuesto que lo afectó, pero desde que comenzó la guerra (1992), en los Mundiales de 94, 98 y 2002, siempre hubo equipos de Yugoslavia: Eslovenia, Croacia, Serbia; en Alemania vamos a tener otra vez a Croacia y Serbia, eso demuestra que en el mundo había pocos países como lo fue Yugoslavia”.

 

– Después de tantos años como jugador y como técnico, ¿tiene Bora alguna deuda con el futbol, o el futbol con Bora?

“Siempre falta algo. Después de las experiencias que he tenido en la vida, uno siempre quiere aportar algo. Si he aportado o no, no lo puedo decir yo, lo tiene que decir la gente y los resultados… He tenido oportunidad de viajar, conocer, tengo las puertas abiertas en todo el mundo”, concluye convencido.