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Pablo Larios

Aquel martes (3 de noviembre de 1998), mi agenda de trabajo en el diario Reforma indicaba que me tocaba ir al entrenamiento de Toros Neza, en el vetusto Neza 86, el inmueble que recibió tres duelos de la Copa del Mundo de 1986, incluidos dos de la Selección de Escocia, a los que acudió la estrella de rock Rod Stewart.
Por la mañana, antes de salir de casa, le comenté a mi papá que iba a cubrir el entrenamiento de Toros. Me dijo que no conocía el Neza 86 y, contrario a mi costumbre, lo invité a que me acompañara.
Por aquellos años, Toros Neza era uno de los pocos equipos que dejaba entrar a sus entrenamientos a prácticamente cualquier persona. Además, la salida del “Turco” Mohamed seis meses antes y el último lugar que ocupaba en la tabla de posiciones, no invitaba a muchos reporteros a acudir a las prácticas. Pero eso cambió un día después.
Lo que sucedió está relatado acá abajo sin editar. Tal y como salió publicado en la primera página de la sección deportiva de Reforma un día más tarde (¡Qué mal redactaba, por cierto!)
Mi viejo me preguntó aquella la noche: “¿A poco vas a publicar todo eso?” (ya me había escuchado mandar mi adelanto al salir del estadio). Le respondí: “Tú viste lo que pasó, no puedo ocultar la verdad”. Se quedó callado un rato y me dijo: “Te vas a meter en un problema”.
Al otro día, Miguel Padilla, el editor de futbol, me mandó a cubrir la práctica del América y otro compañero, uno de los más experimentados de la sección, fue al Neza 86.
Cuando llegué a comer, mi viejo se asomó por la ventana y me dijo: “¡Sube en chinga para que escuches el desmadre que armaste!” En Los Protagonistas, Juan Antonio Hernández, dueño del equipo, anunciaba la separación del plantel de los porteros Pablo Larios y Ramón Alonso, además del veterano defensa Miguel Herrera.
Por la tarde, en la redacción, Héctor Quispe, muy molesto, se quejaba de que había ido a Neza a “arreglar las tonterías que hizo este señor” y señalándome me dijo: “Dice Manzo (Manuel, el técnico del equipo), que si tienes pantalones lo vayas a ver. Ah y Miguel Herrera dice que cuando te vea te va a romper la cara”. Alejandra Benítez también me pasó el mensaje: “Dice Miguel (Herrera) que eres un mentiroso y que te va a romper la madre”.
Mediático, desde entonces, el “Piojo” le tomó la llamada a todos los programas vespertinos para desmentir lo ocurrido un día antes. Repitió una y otra vez que no había lesionado a nadie y que no me conocía.
Hernández se echó para atrás dos días después, pues Toros Neza enfrentaba a Cruz Azul el fin de semana, y perdonó a Herrera. La titularidad en el arco del cuadro burel la tenía asegurada el guardameta argentino Marcos “La Anguila” Gutiérrez, por lo que Alonso no regresó y Pablo Larios, el portero titular de la Selección Mexicana en el Mundial México 86, no jugó nunca más.

 

El enojo burel

Roberto Vargas (REFORMA, 4 de noviembre de 1998)

Son actualmente el peor equipo del futbol mexicano, el sábado enfrentarán al Cruz Azul, líder general del torneo y sin embargo, Toros Neza se toma las cosas con calma, mucha calma. Es un equipo desmotivado y con enormes problemas de disciplina que se viven día a día en los entrenamientos. La práctica de ayer no fue la excepción.

Manuel Manzo, técnico llegado hace nueve días a Neza, observaba el entrenamiento en el estadio a un lado de la cancha. Adentro sus dos auxiliares, Rafael Loredo y Sergio Lugo, dirigían el interescuadras cuando en una acción en medio campo Miguel Herrera, en el cuadro titular, hizo una fuerte entrada a Oscar Vega, éste se quedó parado doliéndose del tobillo derecho mientras que Herrera continuó la jugada sin que nadie le llamara la atención.

Manzo callado, sólo una o dos voces para indicar al portero de los titulares, Marcos Gutiérrez, que ordenara a su defensa. Al lado del DT el tercer portero, Ramón Alonso, platicaba con un utilero.

El cuerpo técnico mandó a Germán Arangio al cuadro suplente ante la molestia del argentino, quien al término del interescuadras aventó la casaca de entrenamiento al piso lo que provocó un tranquilo “no te enojes” proveniente de Manzo.

Loredo y Lugo llamaron a los titulares al centro del campo, mientras Manzo ordenaba que se delimitara una cancha de fut-tenis al lado del terreno de juego en donde descansaban Pablo Larios y algunos suplentes, entre ellos Vega, quien seguía doliéndose del tobillo.

Larios se puso hielo sobre la rodilla derecha y Alonso se quitó los guantes antes de entrar al vestidor.

En la portería norte Juan Ramón Fleita, el uruguayo Parodi, “Lupe” Rubio, Manuel Virchis, Enrique Figueroa y Luis Maldonado fueron llamados por Sergio Lugo para practicar centros y remates a una portería vacía, pues Alonso estaba en el vestidor.

Rafael Loredo fue por el portero suplente, quien de malas se puso los guantes para atajar algunos centros hasta que la “Anguila”, que se encontraba con los titulares y con Manzo, en los pocos minutos que el técnico dialogó con sus jugadores, llegó para sustituirlo.

-¿Ya terminaste?- preguntó a Alonso un jugador suplente.

“Pues ya llegó ese pendejo, ¿no?”, respondió el portero señalando al argentino.

Loredo llamó a gritos a Larios y a Alonso, mientras Manzo iniciaba su sesión de fut-tenis, pero los dos porteros hicieron caso omiso al auxiliar.

“Larios, Alonso, vengan para acá”. Pero el veterano guardameta se limitó a señalar su rodilla derecha con una bolsa de hielo encima y Alonso lo ignoró.

– “Alonso, ven para acá”, insistió Loredo.

– No voy a ir, señor-, contestó Alonso.

– ¿Por qué?”

-Ya me quité los zapatos, respondió el guardameta mientras levantaba los pies descalzos.

“De la manera más atenta te pido que te vistas y que vayas a la portería”.

– No voy a ir señor, tengo una molestia.

“¿Ya le avisaste al doctor?”

– No.

“Entonces vístete y ven”.

– No, no voy a ir -, respondió el portero, uno se rompe los huevos (en el entrenamiento) para que no lo tomen en cuenta, dijo en voz baja antes de entrar al vestidor.

TOMANDO EL SOL

En el centro de la cancha, recostados bajo el sol, platicaban Arangio, el “Pony” Ruiz, Humberto González, López Meneses y Herrera, sobrevivientes del subcampeonato del Verano 97, mientras Manzo seguía jugando.

El “Pony” abandonó la cancha y antes de salir hizo un reclamo al médico del equipo, después fue abordado por tres reporteros y cuando un enviado de Radio ACIR lo cuestionó sobre su discusión con el médico, el chileno le bajó el micrófono de un manotazo:

– Baja eso, apaga eso, dijo Ruiz señalando la grabadora, ¿por qué preguntas pendejadas?

“Sólo te pregunto lo que pasó”.

– ¿Y qué pasó? ¿Tú sabes cómo me llevo con él? Tener un micrófono no te da derecho a preguntar pendejadas. Eres un pendejo, dijo el chileno.

Otro jugador que también se molestó por las preguntas de los reporteros fue Arangio, quien antes de abandonar la cancha volteó a ver a Manzo, quien seguía en el fut-tenis, y expresó: “Míralo, que siga jugando”.

Larios, que salió detrás del argentino, señaló que en Toros Neza cada quien hace lo que quiere y mostró su molestia por salir del cuadro titular.

“El que juegue da igual, nunca te dicen nada, el último que se entera de las cosas es uno, cada quien hace lo que quiere, da igual”, expresó Larios.

El veterano guardameta aseguró que la idea del retiro ha pasado por su cabeza, pero aún no ha decidido nada, mientras tanto entró al vestidor con su bolsa de hielo en la rodilla.

– ¿Pablo, te pasó algo?

“No, nada, ya no quería seguir”.

Manzo, que por fin dejó de jugar con sus asistentes, a los que derrotó, señaló que contra Cruz Azul, el sábado, pueden dar una sorpresa y jugarán los que quieran hacerlo.

“Ya hablamos desde ayer y van a participar los que quieran hacerlo, yo no voy a soportar berrinches de nadie y el que quiera jugar, adelante”, expresó un exhausto Manzo.

 

SE EMBISTEN SOLOS

Roberto Vargas (REFORMA, 4 de noviembre de 1998)

Jugadores y cuerpo técnico de los Toros Neza llegaron ayer al fondo de su crisis, perdiendo el respeto por el trabajo de sus propios compañeros, mintiendo para no entrenar e insultando a un reportero de radio.

La indisciplina

– El tercer portero, Ramón Alonso, entró al vestidor al terminar el interescuadras, en el que no jugó, a regañadientes accedió a continuar la práctica, que aún no concluía, pero al ver llegar a Marcos Gutiérrez se retiró de nueva cuenta, se quitó los zapatos y no regresó a la portería a pesar de la insistencia del auxiliar Rafael Loredo.

Germán Arangio jugaba en el cuadro titular cuando el cuerpo técnico decidió pasarlo con los suplentes. Al termino del juego el argentino se quitó la casaca de entrenamiento y la aventó al piso.

Pablo Larios se rehusó a seguir en la práctica a pesar de la insistencia de Sergio Lugo y Loredo; se puso hielo en la rodilla derecha y al finalizar el entrenamiento aceptó que no tenía nada y sólo buscaba no seguir en la práctica.

– El preparador físico, Enrique Basulto, nunca ordenó una sesión de estiramiento como se acostumbra en otros equipos y apenas terminó la charla técnica se fue a jugar fut-tenis con Manzo.

La desunión

Miguel Herrera hizo una fuerte entrada a Oscar Vega, éste se quedó doliéndose del tobillo derecho y la jugada continuó sin que nadie le llamara la atención a Herrera o asistiera al compañero lesionado.

– Mientras sus auxiliares platicaban con el probable cuadro titular que enfrentará a Cruz Azul, Manuel Manzo, el DT, ordenó que se delimitará una cancha de fut-tenis para jugar un rato con sus amigos, utileros y asistentes.

– Herrera, el “Pony” Ruiz, López Meneses, Humberto González y Arangio se tiraron a tomar el sol en el centro del campo mientras sus compañeros seguían pegándole al balón y Manzo jugaba.

 

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Este post fue publicado el día de la muerte de Roberto Fontanarrosa. Lo tuve que actualizar unos minutos después, cuando el ‘Negro’ se despidió de mí.

 

El escritor y dibujante argentino Roberto Fontanarrosa murió este jueves (19 de julio de 2007) en la ciudad de Rosario, Argentina.

El “Negro” trabajaba en Clarín y fue el creador de personajes como “Inodoro Pereyra” y “Boogie el aceitoso”, que en México pudo ser leído muchos años en el semanario Proceso. También escribió cuentos inolvidables como “El mundo ha vivido equivocado”, “Palabras iniciales” y “19 de diciembre de 1971”, entre otros. Tenía 62 años y sufría en los últimos años de una enfermedad neurológica.

Fontanarrosa nació el 26 de noviembre de 1944 y desde joven se destacó como dibujante humorístico, no sólo por su inventiva, sino por la personalidad de sus trazos. Hincha a muerte de Rosario Central, le dedicó al fútbol una parte muy importante de su obra literaria, como en la novela “El área 18”.

Entre sus libros figuran “Los trenes matan a los autos”, “El mundo ha vivido equivocado”, “Nada del otro mundo” y “No sé si he sido claro”, entre otros.

Lo entrevisté el 8 de abril de 2005 en el Café Metrópoli, en Rosario. El Panza Reyes y yo estábamos en Buenos Aires en una cobertura de equipos mexicanos en la Copa Libertadores y ese viernes viajamos de madrugada a Rosario para ver al “Negro”, que nos citó en el café que está en la planta baja del edificio donde vivía. Estuvimos más de una hora hablando de fútbol y literatura, de su proceso creativo, de política y de música…

“Vámonos yendo porque alguien tiene que trabajar”, fue lo último que le escuché decir antes de levantarnos de la mesa.

¡Descanse en paz, maestro!

Esto lo escribí para el blog de Soccermanía en Toque de Queda y unos minutos después lo tuve que actualizar. Lean por qué.

UPDATE: ¿Alguien cree en el destino? ¿en cosas sobrenaturales? Como escribí líneas arriba, tuve la fortuna de conocer en persona a Roberto Fontanarrosa, hincha fanático de Rosario Central, club conocido en su país como los “Canallas”. Bueno, cuando subía el post y buscaba mis fotos con el “Negro”, el “party shuffle” de mi iTunes comenzó a tocar “Canalla”, de Andrés Calamaro… ¡Se despidió de mí, el “Negro” se despidió!

20/07/07

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La mañana de un lunes de mayo de 2006 recibí en la redacción de Soccermanía una llamada de Ediciones B para hacerle una entrevista a Paco Ignacio Taibo II. Por supuesto que acepté, ya que es uno de mis escritores favoritos. Llegué a las oficinas de la editorial, en Anzures, a las 18:00 horas, pero Paco ya se había ido: “Estaba muy cansado, pero dice que te espera en su casa”, me dijo la mujer de relaciones públicas. Y Alex Cruz, el fotógrafo, y yo nos fuimos a su casa en la Condesa, donde nos recibió y platicamos durante más de una hora.

“¿Eres reportero de una revista de futbol que quiere escribir novelas policiacas o cómo está el pedo?”, me preguntó Taibo luego de charlar un rato. Le recordé las menciones futboleras que salen en sus novelas, como el casero español y atlantista de Belascoarán y a los personajes a los que les había dedicado algunos de sus libros (como Ciro Gómez Leyva o el ex canciller Jorge G. Castañeda) y me contestó con su peculiar estilo: “Unos más chaqueteros que otros, pero seguimos siendo cuates”. Le conté que supe de sus libros en las páginas de Encuentro de la Juventud, una revista del CREA, y que leí algún cuento suyo en Playboy (“Hay que aprovechar cualquier espacio para publicar”). Cuando le pregunté por qué no había escrito una novela de futbol, respondió con burla: “¡Escríbela tú, cabrón!”. No sé si llegó a sus manos la entrevista que se publicó en la sección de aficionados famosos de la revista PUMAS, pero antes de salir de su casa me invitó a visitarlo en la Semana Negra de aquel año.

 

BAJO LA SOMBRA DE LOS PUMAS

Por Roberto Sergio Vargas
La pelota pocas veces ha rodado por las páginas de la obra de Paco Ignacio Taibo II, sin embargo, en “Las memorias del bizco”, un relato en donde unos presos juegan al futbol con la cabeza de un guardia corrupto, el escritor aborda el tema del balompié desde su singular narrativa.

“Está medio brutal (ríe), a mí me gusta el cuento, pero está muy salvaje”, dice sonriente el escritor, que presentó a finales de abril Sólo tu sombra fatal, libro que contiene, entre otros, el relato antes citado.

Historiador, periodista, militante estudiantil en el 68, profesor universitario y fundador del género neopoliciaco en Latinoamérica, Taibo II confiesa su gusto por el futbol ofensivo y por los Pumas de la UNAM.

“Yo soy Puma de toda la vida, que recuerde, desde aquellos Pumas que tenían a (Aarón) Padilla de extremo y a (Enrique) Borja de delantero. A (Luis) Regueiro lo vi jugar cuando yo era adolescente, muy técnico, jugaba sin mirar el balón, dirigía la mirada hacia un lado y pasaba el balón para el lado que no estaba mirando. Ese tipo de jugador me gusta, tienen mi máximo respeto los jugadores que siempre van hacia adelante.

“A mí me gustaban los Pumas de la época de ‘Cabinho’, que goleaban, aunque a veces perdían también escandalosamente… Ese estilo parece que se ha perdido, aunque creo que lo recuperaron un poco durante algún momento cuando los dirigía Hugo Sánchez, un estilo vistoso, agresivo, de jugárselo todo, pero no hay constancia en los equipos”, dice el creador del detective Belascoarán Shayne mientras enciende el segundo cigarro de la charla.

– El ex futbolista y técnico argentino Jorge Valdano ha hablado en algún momento de que hay un “futbol de izquierdas”, que apuesta por el espectáculo, que es vistoso, que conserva el sentido lúdico, y un “futbol de derechas”…

“… puntista, conservador, al que sólo le importa ganar… A mí me gusta esa tradición que dice que es mejor perder 4-3 que ganar 1-0… Me gusta el futbol espectáculo, que arriesga.

“Creo que hubo un momento brillante en el futbol mexicano cuando Bora (Milutinovic) toma, a los Pumas primero y a la Selección después, porque él era un técnico que tenía muy claro el futbol como fiesta, como espectáculo, de aquellos que decían que era mejor perder 4-3 que perder 1-0… Y por ejemplo, a esta Selección (de La Volpe) no la entiendo, es una Selección de 10 minutos de futbol, no más. Mucho más cercana a mi idea de futbol es la Selección de los juveniles que salieron campeones del mundo (en Perú 2005), que no son el equipo de ‘el burro que tocó la flauta’, se veía orden, el trabajo del entrenador, de haber escogido bien a los jugadores, no fue casualidad, improvisación”, expresa.

Crítico, como ha sido a lo largo de su obra, Taibo II asegura que el mercantilismo del futbol actual ha hecho que él, como muchos otros aficionados, hayan dejado de ver partidos con asiduidad.

“Me gusta el futbol, pero no es una pasión para mí. Un buen partido de futbol me pone de buen humor, pero hace mucho tiempo que no veo un buen partido, a lo más medios tiempos. Me irrita, como a todos, la supercomercialización del futbol, con estrellas que ganan sueldos millonarios y que les preocupa más la marca que llevarán en el uniforme que aquellas viejas leyendas de amor a la camiseta. Me parece que hay poco espíritu deportivo y mucho mercantilismo, eso hizo que me alejara poco a poco del futbol. Sin embargo, de vez en cuando me acerco de nuevo”.

– ¿Ve los Mundiales?
“Los sigo, no con especial placer porque siempre pierden los equipos que me gustan. En eso soy muy mexicano, tengo una capacidad notable para elegir perdedores”, dice irónico.

– Dice Juan Villoro que el aficionado mexicano está acostumbrado a la adversidad, que asume las derrotas de su Selección…
“Las asumirá él, porque a mí no me gustan, me caen encima…”

Autor de obras tan importantes como “Ernesto Guevara, mejor conocido como el Che”, Taibo II se confiesa seguidor de deportes como el ciclismo, futbol americano y, en otros momentos, del beisbol.

– ¿Qué opinión tiene de esos intelectuales, gente de letras, sobre todo, que desprecia el futbol?
“No es mi caso. Yo creo que a muchos no les gustaba el futbol porque veían un manejo doloso del deporte como línea de desvío de la vida cotidiana. A mí ya no me tocó esa confrontación del futbol contra algo, a mí ya me tocó el futbol con… Así es que no tuve la habilidad de inventar argumentos en contra”, expresa divertido al tiempo que pregunta por la campaña de Javier Aguirre con el Osasuna.

“He visto algunos partidos y me parece que es un equipo luchón-luchón, como era Aguirre en la cancha, ¿no?, que se pasaba los 90 minutos chingue y jode. Me parece muy meritorio lo que ha hecho”.

– ¿En algún momento ha pensado en escribir una novela con el futbol como tema principal?
“Con el futbol no, pero sí he pensado en escribir un cuento que tenga que ver con el deporte a partir de alguna anécdota que me han contado. Para escribir una novela hay que estar informado del tema, uno no pude escribir de algo que desconoce porque quedaría más falso que billete de dos pesos”, concluye tajante Taibo, quien viajó a Gijón, a preparar una nueva edición de la Semana Negra y a ver en directo los últimos partidos de su adorado Sporting, club del cual es hincha en España.

Mayo 2006

El jueves 19 de julio de 2007 falleció en Rosario, Argentina, Roberto Fontanarrosa, escritor y dibujante argentino que plasmó en su obra su amor por el futbol. A manera de homenaje, Soccermanía publicó íntegra una entrevista realizada en abril de 2005 al ‘Negro’. Una parte de la misma fue publicada en junio de aquel año en esa revista.

 

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‘Cruz Azul era una sucursal de Central’

Por Roberto Sergio Vargas

Fotos: Jorge Reyes

Soccermanía / Enviados

ROSARIO, Argentina.- Lo primero que pregunta Roberto Fontanarrosa al ver llegar a estos enviados es si en el futbol mexicano “todavía existen esas particularidades que en Argentina nos parecen impensables”. Se refiere a la venta de cerveza en los estadios, a las tribunas compartidas por los seguidores de los cuadros contendientes, los refuerzos de los equipos mexicanos en la Copa Libertadores y al régimen de transferencias conocido como Draft.

De voz pausada y figura frágil, el “Negro” Fontanarrosa es físicamente todo lo opuesto a aquel personaje que le diera fama en la década de los 70: “Boogie, el Aceitoso”, un matón a sueldo, mercenario y vulgar.

Sentado en una mesa del Café Metrópoli, donde desayuna todos los días, el escritor y dibujante, fanático de Rosario Central, se deja llevar por esa pasión que atrapa a la mayoría de los argentinos: el futbol. El “Negro” recrea la memoria y emocionado, trae a la mesa el recuerdo del primer partido que observó en vivo, a Mario Kempes, al “Chelito” Delgado y a Wálter Gaitán, a la Selección argentina, los Clásicos contra Newell’s que lo hacen vibrar…

“A mí me hacen mierda los Clásicos. A la cancha de Central voy, a la de Newell’s no, me pongo muy nervioso, pero emocionalmente es tanto lo que se juega que, en definitiva, aunque todos digan lo contrario, el empate le conviene a todos”.

Fontanarrosa se acomoda, recoge los diarios que están sobre la mesa y echa una ojeada a una revista antes de comenzar una charla que se prolongaría por más de dos horas. “A nosotros los argentinos nos causan curiosidad ciertos detalles del futbol mexicano, como que las hinchadas vayan juntas a los estadios o que estén muy cerca, eso aquí es impensable.

“Me llama mucho la atención eso de que alguien sea partidario, por decir algo, del Cruz Azul y de otro equipo. También, las pocas veces que he ido al Estadio Azteca, he visto hinchas que llegan a los 15 minutos de iniciado el partido y a los 10 minutos ya se pararon por una cerveza, yo lo interpreto como una falta de compromiso hacia el partido porque, claro, acá el tema del futbol es obsesivo… Y otra cosa que me causa sorpresa es la forma como reparten los jugadores, tipo NBA, que los equipos se presten jugadores para la Copa Libertadores..”, expresa el autor de novelas como “La Gansada” o “El Área 18” antes de que se le explique la manera cómo opera el casi extinto Draft.

 

– Por lo visto sabe bastante del futbol mexicano…

“Me gusta mirar futbol mexicano porque es vistoso, menos cerrado que acá, además hay muchos jugadores argentinos, como en Cruz Azul, que era como una sucursal de Rosario Central con el ‘Chelo’ (Marcelo Delgado), el ‘Chelito’ (César Delgado), Luciano Figueroa, Federico Lussenhoff, el ‘Cata’ Díaz… El futbol mexicano ha crecido enormidades y se ha visto en la Libertadores, los mexicanos son equipos complicados, pero juegan y dejan jugar, no son como, digamos, los venezolanos, a los que les cuesta mucho trabajo jugar fuera de su país. Recuerdo muy bien a ese Cruz Azul que vino a jugar la Semifinal de la Libertadores (en 2001) con Central, un muy buen equipo con Cardozo y Palencia, que como visitante iba al frente y no nos ganó de milagro… Central nunca ha perdido contra equipos extranjeros en Rosario, cosas de las que uno se entera después…”, señala con orgullo.

Fontanarrosa nació en 1944 en Rosario, ciudad ubicada a 300 kilómetros de Buenos Aires y en donde el balompié se vive con más pasión que en la propia capital de Argentina. Aunque hay cinco equipos profesionales de futbol en la ciudad, Newell’s Old Boys y Rosario Central acaparan el corazón de casi la totalidad de los habitantes de la ciudad.

 

– ¿A qué edad comenzó a ir a ver a Central?

“Mi padre no me llevaba mucho a la cancha porque a él lo que le gustaba era el basquetbol, pero recuerdo que mi primer partido fue un Central-Tigre. Dejé de ir mucho tiempo, hasta que volví con un compañero de la primaria que iba con un hermano y el papá, no sé, tendría unos 11 ó 12 años y no dejé de ir más”.

 

– ¿Cuál es el gol que más ha disfrutado?

“Muchos, generalmente en los Clásicos”.

 

– ¿Y la peor tristeza?

“Cuando se pierde con Newell’s es duro. También he sufrido con la Selección, pero no es lo mismo. Como dice un amigo: ‘Central es como la madre y la Selección como una tía’. Con la Selección he viajado, he sufrido, pero nunca como con Central”.

 

– ¿Tiene alguna cábala?

“No, la única cábala que sirve es tener 11 buenos jugadores”.

 

El “Negro” combina su pasión por el futbol con la escritura y su trabajo como caricaturista en el diario Clarín, donde publica un cartón casi todos los días desde hace más de 20 años. A pesar de su fanatismo por los “canallas”, Fontanarrosa sorprende con algunas respuestas, como su gusto por el futbol que practicaba la Selección de Marcelo Bielsa, un conocido hincha de Newell’s.

“Me gustaba como jugaba (la Albiceleste) y me gusta Bielsa como técnico, pero cada argentino tiene su Selección y siempre dirá que faltó tal o cual jugador. Algo que no se le puede reprochar a Bielsa es que en cualquier cancha ponía un equipo ofensivo, es de los pocos técnicos obsesivos, estudiosos, trabajadores, que hacía un planteo ofensivo, porque muchas veces esos técnicos se preocupan más por tomar todas las precauciones y no por jugar”.

 

– ¿Lo dice por (Carlos) Bilardo?

“No quiero dar nombres, pero todos sabemos a qué me refiero”.

 

– ¿Existe el “bilardismo” y el “menottismo” en Argentina?

“Eso sigue generando polémica en las pláticas, aunque a nivel práctico hay técnicos, como Bielsa, que toman cosas de los dos; técnicos más jóvenes ya no están en esa, creo que es un debate superado, pero en su momento fueron dos interpretaciones de cómo jugar al futbol”.

 

– ¿Qué significa César Luis Menotti para el hincha de Rosario Central y para el futbol argentino?

“El ‘Flaco’ es un gran amigo mío, yo lo vi jugar. Creo que hoy por hoy está por encima de cualquier discusión. Puede ganar, perder, pero el ‘Flaco’ es un icono del futbol argentino, apasionado de este deporte, polémico y como todo en la vida, hay gente que lo odia y gente que lo ama”.

 

– En el mundo todos sabemos que el futbol es una pasión argentina, pero en Rosario se vive con mayor intensidad, ¿por qué?

“Por la gran rivalidad que hay entre estos dos clubes, ambos tienen más de 100 años. Esta rivalidad se alimenta de la equivalencia, son muy parejos los dos equipos en el historial… Los de Central decimos que los de Newell’s son hijos nuestros y ellos dicen lo mismo, pero en la historia de los Clásicos hay muy poca diferencia… Central tiene cuatro campeonatos y Newell’s cinco; Central tiene una Copa Conmebol y ellos dos Finales de Libertadores, todo es muy parejo y por ahí va la rivalidad. Además en todas las ciudades siempre hay esa rivalidad entre los clubes por su origen, uno rico y otro humilde; acá Central nació en los talleres del ferrocarril y Newell’s en un colegio inglés, por eso Central es más popular, mueve una cantidad de gente impresionante”.

 

– Hace unas semanas el diario La Capital publicó una nota en donde decía que 10 de los 19 jugadores que habían jugado contra Bolivia por las eliminatorias, en marzo pasado, habían salido de las Inferiores de Newell’s o de Central, ¿por qué surge tanto jugador de Rosario y sus alrededores?

“Es una zona con mucha tradición futbolística, con una cultura del futbol importante. Nadie se sorprende si un hijo, si un sobrino dice que quiere jugar al futbol, es de lo más natural. Rosario está rodeado de muchos pueblos ganaderos y agrícolas que son conocidos como la ‘pampa gringa’ donde viven muchos hijos de inmigrantes, entonces todos esos chicos del campo, con una base nutricional importante, tienen las condiciones para jugar al futbol, ejemplo de ello son tipos como (Gabriel) Batistuta, (Gabriel) Heinze, rubios, grandotes, que se pueden desarrollar bien en el futbol. Sin menospreciar a nadie, no es el mismo caso de los chicos de las ‘villas miseria’, que no tienen una alimentación adecuada y muchos se quedan en el camino por lo mismo. Tanto Newell’s como Central son clubes que trabajan muy bien sus divisiones inferiores y aprovechan eso”.

 

– Newell’s salió campeón recientemente y Central tiene casi 20 años sin un título, ¿es obligado para Central ganar algo?

“A muchos hinchas se les ‘llenó de sangre el ojo’ por el campeonato de Newell’s, pero racionalmente no se puede exigir un título porque no se invirtieron 10 millones de dólares para reforzar el equipo, como pasó con Newell’s, que gastó mucho dinero para conseguir ese título y después de varios torneos lo consiguió. Trajo a (Jorge) Bermúdez, ‘Orteguita’ (Ariel Ortega), Rubén Capria, Jairo Patiño, Julián Vázquez… Y Central no ha invertido un peso, casi todos los jugadores son de las inferiores”.

 

– ¿Quién es el máximo ídolo en la historia de Central?

“Por Central han pasado grandísimos jugadores y, aunque no salió de inferiores, para mí Mario Kempes fue el mejor. Otro puede ser Omar Palma, que se retiró a los 40 años jugando para Central”.

 

– ¿Qué opinión tiene de César “Chelito” Delgado?

“Me parece un jugador bárbaro que podría tomar en la Selección el lugar que alguna vez tuvo Ariel Ortega. Es muy desequilibrante, de esa raza de jugadores que nacen, que no se pueden formar, como son los ‘gambeteadores’, un tipo que puede ganar en un mano a mano, que puede definir un partido. Llegó medio grande a Central, a los 16 años, y fue toda una aparición, porque es muy ‘agresivo’ en su manera de jugar, enfrenta, pierde el balón y la pide de nuevo, además tiene gol, que es medio raro en un jugador de esas características. Me gusta verlo jugar con el Cruz Azul. Walter Gaitán también es un jugador diferente, con un futbol exquisito, cuando anda bien da gusto verlo jugar”.

 

– ¿Quién es el hincha más famoso de Rosario Central: Roberto Fontanarrosa, el Che Guevara o Fito Páez?

“(Ríe)… El Che se ha convertido en un referente del club, como que la gente se lo apropió”.

 

– Pero, ¿en realidad simpatizaba con Central?

“El dato más concreto sobre esto lo da Alberto Granado, el hombre que hizo aquel famoso viaje en motocicleta con el Che. En un programa periodístico le preguntaron y Granado dijo que cuando se detenían en algún pueblo a jugar, el Che, que jugaba como portero porque era asmático, decía que era hincha de Central: primero porque era el equipo de la ciudad donde él había nacido, y segundo porque era el club de la clase popular de Rosario. Tiene sentido”, expresa mientras da un nuevo sorbo a su taza de café.

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UN HOMBRE COMÚN Y CORRIENTE

Roberto Fontanarrosa se define como un tipo común y corriente, pero no lo es. Rosarino de nacimiento y tercamente arraigado a esta urbe, el “Negro” es todo un personaje en su ciudad natal y en su país, en donde recientemente fue galardonado por el Senado de la Nación por su obra.

Escritor, dibujante -“monero, como dicen ustedes los mexicanos”-, creador de personajes tan entrañables como “Booggie, El Aceitoso” e “Inodoro Pereyra”, autor de tres novelas, y más de 30 libros de caricaturas, el “Negro” platica con la misma fluidez y sencillez que le imprime a su relatos.

Conocido en México principalmente por su personaje de “Booggie, El Aceitoso”, que publicó durante años en el semanario Proceso, Fontanarrosa continúa gustoso la charla mientras termina su desayuno en el Café Metrópolis de la calle Wheelright, en Rosario, muy cerca de la estación de tren que le dio nombre al club de sus amores.

Saluda con familiaridad a los parroquianos del lugar y continúa con la charla. Platica de sus gustos musicales y literarios, se define como “alguien a quien no le gustan las cosas complicadas”, además de confesar de que su arribo al mundo de la literatura se dio a partir de una pelota de futbol.

 

– Además de su trabajo como “monero”, ¿qué otras cosas mueven el ser de Roberto Fontanarrosa?

“Con el trabajo y el futbol como vocación, como gusto, tengo para divertirme. Luego están el cine, la música, la lectura…”

 

– ¿Qué tipo de cine le gusta?

“No me atraen las películas demasiado intelectuales o raras, películas tunecinas o cosas así (ríe); tampoco como lector me gustan las cosas complicadas, a mí me gusta que me cuenten historias”.

 

– ¿Algún autor favorito?

“Muchos, pero me gustan más los textos periodísticos, me gusta mucho el género del reportaje, por eso me impactaron los escritores estadounidenses de corte periodístico, Ernest Hemingway, Norman Mailer, Truman Capote, Salinger, tipos que te cuentan algo… Después he leído, por supuesto, a Borges, García Márquez, Vargas Llosa, (Osvaldo) Soriano… Toda una mescolanza de cosas porque también me hice lector a través de las historietas. Mexicanos he leído poco, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, que incluso me prologó un libro de ‘Boogie’”.

 

– ¿Qué tipo de música escucha?

“Lo popular, soy un tipo común y corriente, no tengo hábito ni cultura de música clásica, pero Serrat, Sabina, Fito Páez, Milanés, Silvio Rodríguez, el tango… No te voy a sorprender demasiado”.

 

– A pesar de la pasión que genera, de todo lo que mueve globalmente, el futbol sigue siendo despreciado desde el ámbito cultural, intelectual, ¿por qué?

“Ese es todo un tema… En Argentina ahora hay una producción interesante de literatura acerca del futbol, pero cuando yo era adolescente los únicos que escribían sobre futbol eran los periodistas, yo leía El Gráfico porque no había cuentos o novelas sobre futbol. Comienzo a escribir cuentos de futbol porque me gusta el futbol, no porque me gustara escribir… Yo llegué a la escritura por el otro lado, a partir de un gusto personal.

“Pero sí, hay un desprecio de cierto tipo de intelectuales hacia todo lo que sea muy popular y el futbol está dentro de eso. Todo el tiempo que yo le he dedicado a mirar futbol, por ahí un intelectual lo ha dedicado a leer a James Joyce, entonces es lógico que tenga más cercanía hacia ese tema. Pero llegado el caso no es tan importante que los intelectuales le presten atención al futbol”.

 

– ¿Es una pose de intelectual despreciar el futbol?

“Por ahí no son poses y son elecciones reales, pero hay coincidencias, porque el público que consume lo mío es gente a la que le gusta lo mismo que a mí. Si a mí en lugar del futbol me hubiera gustado el beisbol, me hubieran leído cuatro personas en Argentina”.

 

– ¿Usted se siente más cerca del futbol o de la literatura?

“Del futbol, totalmente. Escribo porque me gusta el tema y desde cierto lugar lo conozco, como hincha, como jugador amateur, si tengo que escribir algo de futbol profesional me guío por lo que leo o por amigos que han jugado profesionalmente. Pero el futbol es un lenguaje universal.”.

 

Usted ha escrito tres novelas, tiene publicados varios libros de cuentos y más de 30 volúmenes de caricaturas, pero además hace un cartón diario para Clarín desde hace más de 20 años, ¿de dónde sale tanta creatividad?

“Esto es un oficio, tengo amigos mexicanos que hacen lo mismo: Helioflores, Naranjo, Rius. Fundamentalmente trabajo con el diario, tomo Clarín, leo y de ahí saco las noticias, eso te alimenta mucho. Hay veces que te quedas corto con un cartón diario, tendrías que hacer más. Es tan cambiante todo, tan dinámico. En las sociedades latinoamericanas pasan cosas que por ahí en Europa tardan 15 años para que sucedan, entonces hay mucho material. Los periodos de crisis son muy propicios para el periodismo, hay muchas convulsiones, efervescencia, y nuestros países están siempre en crisis; unos más, otros menos, pero periodos de tranquilidad y bonanza no hay muchos”.

 

– ¿En algún momento se le ha cansado la musa inspiradora?

“No es tanto la cosa de la musa, es de información y oficio, pero es cierto que hay algunos días en que uno está mejor predispuesto que en otras ocasiones por vaya a saber qué razones anímicas. Pero al final sabes que hay un piloto automático que te salva. Cuando viajé con los muchachos de Clarín, siguiendo a la Selección argentina en el Mundial de Francia, yo estaba acostumbrado a trabajar en mi estudio, solo, sin ruido, y en esas redacciones hay un ‘quilombo’ de ruido… Sin embargo, todos trabajábamos y entregábamos el material. Yo creo que al final, el oficio te salva”.

 

“Todos éramos sospechosos”

Apasionado como es, y muy amigo de sus amigos, Fontanarrosa parte de la defensa del ex técnico de la Selección mexicana, César Luis Menotti, a quien algún sector de la prensa argentina acusa de haber ganado el Mundial de 1978 con la ayuda de la junta militar que gobernaba Argentina en ese entonces, para hacer un repaso de su oficio y de su vida durante la última dictadura militar en aquel país.

“Me parece una tontería decir eso del ‘Flaco’ Menotti. Todos estuvimos trabajando durante la dictadura, produciendo para el régimen militar, por lo que es totalmente opinable y discutible ese hecho. Todo gobierno trata de sacar provecho de los triunfos deportivos, como en esa época nefasta; no sé si fue válido lo que hicieron (con el triunfo de la Selección), pero fue real”.

 

– ¿Usted nunca se tuvo que ir del país?

“No, tampoco militaba, pero viví esa época con muchísimo temor porque yo era joven y todos los jóvenes éramos sospechosos. Tuve mucha gente amiga desaparecida, muerta, muchos amigos se fueron, pero a mí me asustaba más la idea de irme que quedarme. Me quedé y me metí mis buenos sustos, no porque yo estuviera en algo, no fui un héroe ni nada por el estilo, pero fue una época muy terrible. Si volviera a suceder, yo le diría a mi hijo, que tiene 21 años, ‘andáte’…”

 

– A pesar de la dictadura siempre hubo espacio para la creación…

“Muy recortada, especialmente en nuestro trabajo, había un montón de temas que no se podían tocar. Actividad política no había y sobre fuerzas armadas, policía, religión, obviamente no podías hablar”.

 

– ¿Existen temas tabú que los caricaturistas no puedan tocar en Argentina? En México, por ejemplo, durante muchos años se dijo que no se podían hacer cartones acerca del Presidente y su familia, de la Virgen de Guadalupe y del Ejército.

“Tabúes no, pero hay cosas que responden más a límites que uno se marca por cuestiones de tipo, entre comillas, ético o moral. Nadie ha hecho chistes de los desaparecidos, por ejemplo. No es que el diario te diga: ‘Che, sobre esto no se escribe’, pero pasa más por el sentido común. Yo no podría haber hecho para Clarín un chiste sobre la muerte del Papa, no se me hubiera ocurrido, pero, en general, después de la dictadura ha habido mucha apertura, mucha libertad de prensa”.

 

– ¿Y no se abusa de ella, no se ha caído en el libertinaje?

“Puede ser, pero entre libertinaje y la censura estricta, más vale el libertinaje. Lo más complicado es encontrar un equilibrio, hacer esto pero no pasarse; retraerse pero no tanto”, concluye.

 

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¿Por qué otro blog?

Publicado: septiembre 28, 2010 en mis demonios, Periodismo

“¿Por qué tienes tantas anécdotas?”, me pregunta Fernando, uno de los muchachos que trabajan conmigo y que tiene 16 años menos que yo. “Porque he vivido, cabrón”, le respondo. He vivido toda la vida, salvo cortos periodos de tiempo, en el mexicanísimo Distrito Federal.

¡Dieciseis años!… A los 16 ya era un lector consumado. En primer año de primaria ganaba concursos de lectura, pero creo que comencé a devorar textos a los ocho años, cuando mi mamá compró una suscripción de Selecciones de Readers Digest. Sí, hoy lo digo sin pena, me hice lector por el Selecciones y hace siete años estuve a un tris de trabajar en esa empresa como editor de suplementos… ¡Si ya hasta oficina tenía!

Comencé a escribir, “en forma”, a los 16, cuando en un campamento con mis amigos fui el encargado de hacer la crónica de aquellos días de septiembre.

Después vinieron los diarios y un intento de novela que quería que se pareciera a “Pasto verde”, de Parménides García Saldaña, donde mis amigos, primos y hermanos tenían un sobrenombre particular… Y estaba en papel estelar “Sweet Sixteen”, una ninfeta de la que no volví a saber después de su embarazo cuasi adolescente. Ahí comencé a meter en mis relatos la música, el rock, el heavy metal que sigo escuchando a mis 39…

Escribir se convirtió en algo tan necesario como la lectura. Y luego vinieron los cuentos con los que gané un par de concursos en la desaparecida UVM-Xochimilco. Y llegó el día en que tuve que decidirme entre el periodismo y la ciencia política. Ganó la segunda.

Mi querida UNAM no fue lo que yo esperaba y me fui al ITAM, donde rechazaron sistemáticamente todos los textos que envié a Opción y El Supuesto.

La militancia política y la burocracia partidista me arrojaron a una candidatura a un puesto de elección popular, algo que en realidad no deseaba, porque yo quería ser politólogo y no político, pero en medio de esa confusión llegó la invitación para el taller de redacción del diario Reforma. Y mi vida cambió por completo. Dejé de pensar en un escaño en el congreso local o en la oficina de investigación en el departamento de ciencias sociales de alguna universidad para soñar con un lugar en la redacción de un diario.

¿Domingo y trabajando?

Un 7 de junio, curiosamente día de San Roberto, me llegó la carta de aceptación para Reforma que decía, entre otras cosas, que aquel año 879 personas se habían postulado. Fui uno de los 12 que se quedaron y tres meses después me incorporaba a la redacción de deportes como reportero.

¿No que no servía de nada quedarse todo el domingo a ver futbol en casa?

Ahí comenzó mi vida en este maravilloso oficio, llevo 14 años, donde sigo aprendiendo día con día y en el que he conocido a infinidad de personas, autores, lugares, redacciones y donde me acerco a las “10 mil horas de futbol” de las que hablaba el periodista uruguayo Diego Lucero… Un oficio que me ha llevado del otro lado del Atlántico y siete veces a Buenos Aires, mi ciudad favorita después del DF y en donde algún día pienso vivir.

“Cuento historias”, le digo a Ana Camila cuando me pregunta en qué trabajo… En realidad quisiera hacerlo, aunque la responsabilidad del trabajo y la burocracia me lo han impedido a últimas fechas. Pero no pierdo la esperanza, por eso estoy aquí, dispuesto a retomar el camino.