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Valdano y Roberto Vargas

Febrero de 1998:

Primer acto. Miércoles por la noche. Se concreta una cita para entrevistar a Jorge Valdano, junto a Miguel Padilla, para el diario Reforma y el semanario Señor Futbol. Llego a casa y tomo “Sueños de futbol”, le doy una leída y lo dejo en la mesa de la sala para llevármelo al otro día. Al buscarlo por la mañana, lo encuentro tirado en el suelo mordisqueado por Tina, nuestra mascota. ¡Me quiere dar un infarto!

Segundo acto. Jueves por la mañana. Corró a la librería “El Sótano” para comprar otro ejemplar. Encuentro el que había dejado escondido para un colega y lo compro.

Intermedio: Llegamos a las instalaciones de TV Azteca a la hora pactada para la entrevista. Valdano se había ido a su hotel. ¡Sudamos frío! Padilla y yo bajamos corriendo rumbo a la salida, a ver si encontrábamos a “El Filósofo” antes de que llegara a la calle. De pronto, el trasero monumental de una rubia nos hace voltear: era la conductora Rocío Sánchez Azuara. Mientras la contemplábamos, una secretaria nos alcanza: “El señor Valdano regresó”.

Tercer acto. Después de la entrevista, en la oficina de José Ramón Fernández, Valdano me firma el libro y me escribe la siguiente dedicatoria: “Para Roberto, con el deseo que compartamos sueños”.

Sueños 1

Acto final: Jorge Valdano visita la redacción de Reforma en 1999, ya como colaborador del diario. En medio de una sesión de fotografías y autógrafos, le cuento la anécdota del libro mordido. Ríe y me firma el ejemplar dañado con una nueva dedicatoria: “Para Roberto, que le da de comer sueños al perro, con el deseo de que le aprovechen”.

Sueños 2

Tenía más de 10 años de no charlar con Jorge Valdano. Durante ese lapso, lo vi un par de veces en presentaciones de libros y, durante mi breve paso por Récord, revisaba los artículos que mandaba todos los jueves para publicarse el sábado.

El martes coincidimos en el Estadio Azteca, donde grababa la recreación del gol que le convirtió a Alemania en la Final de la Copa del Mundo de 1986. Siempre amable, charló ampliamente con el equipo de TDN, que se encontraba ahí para una nota especial que saldrá al aire el siguiente torneo de la Liga MX.

Con Lalo Bacas nos acercamos a Valdano sobre la cancha. El santafesino y el tucumano, un ex Rosario Central y un ex Newell’s Old Boys, recordaron la concentración de la Selección Argentina en las instalaciones del Club América, en 1986.

Valdano-Bacas.PNG

“Tres días antes del partido contra Inglaterra”, cuenta Bacas, “jugamos contra Argentina acá. ¡Les dimos un baile… ! Ganábamos 2-0 y Bilardo estaba como loco. Gritaba, corría, se metía a la banca, hacía cambios… No paró el partido hasta que empataron. Nosotros comenzábamos la pretemporada, estábamos muertos… Nos decíamos entre nosotros: ‘Ya déjenlos pasar para irnos a la mierda…’ Pero Alfredo (Tena) no quería…”

Comenzó a llover cuando Valdano abandonaba la cancha: “Así debería haber llovido el día de la Final”, dijo antes de entrar al túnel. Un lujo escuchar esas anécdotas de boca de sus protagonistas.

* El negativo de la foto de aquella entrevista de 1998 nunca me lo entregó Daniel Gazca; conservo el audio íntegro de aquella charla en un mini casete.

Pablo Larios

Aquel martes (3 de noviembre de 1998), mi agenda de trabajo en el diario Reforma indicaba que me tocaba ir al entrenamiento de Toros Neza, en el vetusto Neza 86, el inmueble que recibió tres duelos de la Copa del Mundo de 1986, incluidos dos de la Selección de Escocia, a los que acudió la estrella de rock Rod Stewart.
Por la mañana, antes de salir de casa, le comenté a mi papá que iba a cubrir el entrenamiento de Toros. Me dijo que no conocía el Neza 86 y, contrario a mi costumbre, lo invité a que me acompañara.
Por aquellos años, Toros Neza era uno de los pocos equipos que dejaba entrar a sus entrenamientos a prácticamente cualquier persona. Además, la salida del “Turco” Mohamed seis meses antes y el último lugar que ocupaba en la tabla de posiciones, no invitaba a muchos reporteros a acudir a las prácticas. Pero eso cambió un día después.
Lo que sucedió está relatado acá abajo sin editar. Tal y como salió publicado en la primera página de la sección deportiva de Reforma un día más tarde (¡Qué mal redactaba, por cierto!)
Mi viejo me preguntó aquella la noche: “¿A poco vas a publicar todo eso?” (ya me había escuchado mandar mi adelanto al salir del estadio). Le respondí: “Tú viste lo que pasó, no puedo ocultar la verdad”. Se quedó callado un rato y me dijo: “Te vas a meter en un problema”.
Al otro día, Miguel Padilla, el editor de futbol, me mandó a cubrir la práctica del América y otro compañero, uno de los más experimentados de la sección, fue al Neza 86.
Cuando llegué a comer, mi viejo se asomó por la ventana y me dijo: “¡Sube en chinga para que escuches el desmadre que armaste!” En Los Protagonistas, Juan Antonio Hernández, dueño del equipo, anunciaba la separación del plantel de los porteros Pablo Larios y Ramón Alonso, además del veterano defensa Miguel Herrera.
Por la tarde, en la redacción, Héctor Quispe, muy molesto, se quejaba de que había ido a Neza a “arreglar las tonterías que hizo este señor” y señalándome me dijo: “Dice Manzo (Manuel, el técnico del equipo), que si tienes pantalones lo vayas a ver. Ah y Miguel Herrera dice que cuando te vea te va a romper la cara”. Alejandra Benítez también me pasó el mensaje: “Dice Miguel (Herrera) que eres un mentiroso y que te va a romper la madre”.
Mediático, desde entonces, el “Piojo” le tomó la llamada a todos los programas vespertinos para desmentir lo ocurrido un día antes. Repitió una y otra vez que no había lesionado a nadie y que no me conocía.
Hernández se echó para atrás dos días después, pues Toros Neza enfrentaba a Cruz Azul el fin de semana, y perdonó a Herrera. La titularidad en el arco del cuadro burel la tenía asegurada el guardameta argentino Marcos “La Anguila” Gutiérrez, por lo que Alonso no regresó y Pablo Larios, el portero titular de la Selección Mexicana en el Mundial México 86, no jugó nunca más.

 

El enojo burel

Roberto Vargas (REFORMA, 4 de noviembre de 1998)

Son actualmente el peor equipo del futbol mexicano, el sábado enfrentarán al Cruz Azul, líder general del torneo y sin embargo, Toros Neza se toma las cosas con calma, mucha calma. Es un equipo desmotivado y con enormes problemas de disciplina que se viven día a día en los entrenamientos. La práctica de ayer no fue la excepción.

Manuel Manzo, técnico llegado hace nueve días a Neza, observaba el entrenamiento en el estadio a un lado de la cancha. Adentro sus dos auxiliares, Rafael Loredo y Sergio Lugo, dirigían el interescuadras cuando en una acción en medio campo Miguel Herrera, en el cuadro titular, hizo una fuerte entrada a Oscar Vega, éste se quedó parado doliéndose del tobillo derecho mientras que Herrera continuó la jugada sin que nadie le llamara la atención.

Manzo callado, sólo una o dos voces para indicar al portero de los titulares, Marcos Gutiérrez, que ordenara a su defensa. Al lado del DT el tercer portero, Ramón Alonso, platicaba con un utilero.

El cuerpo técnico mandó a Germán Arangio al cuadro suplente ante la molestia del argentino, quien al término del interescuadras aventó la casaca de entrenamiento al piso lo que provocó un tranquilo “no te enojes” proveniente de Manzo.

Loredo y Lugo llamaron a los titulares al centro del campo, mientras Manzo ordenaba que se delimitara una cancha de fut-tenis al lado del terreno de juego en donde descansaban Pablo Larios y algunos suplentes, entre ellos Vega, quien seguía doliéndose del tobillo.

Larios se puso hielo sobre la rodilla derecha y Alonso se quitó los guantes antes de entrar al vestidor.

En la portería norte Juan Ramón Fleita, el uruguayo Parodi, “Lupe” Rubio, Manuel Virchis, Enrique Figueroa y Luis Maldonado fueron llamados por Sergio Lugo para practicar centros y remates a una portería vacía, pues Alonso estaba en el vestidor.

Rafael Loredo fue por el portero suplente, quien de malas se puso los guantes para atajar algunos centros hasta que la “Anguila”, que se encontraba con los titulares y con Manzo, en los pocos minutos que el técnico dialogó con sus jugadores, llegó para sustituirlo.

-¿Ya terminaste?- preguntó a Alonso un jugador suplente.

“Pues ya llegó ese pendejo, ¿no?”, respondió el portero señalando al argentino.

Loredo llamó a gritos a Larios y a Alonso, mientras Manzo iniciaba su sesión de fut-tenis, pero los dos porteros hicieron caso omiso al auxiliar.

“Larios, Alonso, vengan para acá”. Pero el veterano guardameta se limitó a señalar su rodilla derecha con una bolsa de hielo encima y Alonso lo ignoró.

– “Alonso, ven para acá”, insistió Loredo.

– No voy a ir, señor-, contestó Alonso.

– ¿Por qué?”

-Ya me quité los zapatos, respondió el guardameta mientras levantaba los pies descalzos.

“De la manera más atenta te pido que te vistas y que vayas a la portería”.

– No voy a ir señor, tengo una molestia.

“¿Ya le avisaste al doctor?”

– No.

“Entonces vístete y ven”.

– No, no voy a ir -, respondió el portero, uno se rompe los huevos (en el entrenamiento) para que no lo tomen en cuenta, dijo en voz baja antes de entrar al vestidor.

TOMANDO EL SOL

En el centro de la cancha, recostados bajo el sol, platicaban Arangio, el “Pony” Ruiz, Humberto González, López Meneses y Herrera, sobrevivientes del subcampeonato del Verano 97, mientras Manzo seguía jugando.

El “Pony” abandonó la cancha y antes de salir hizo un reclamo al médico del equipo, después fue abordado por tres reporteros y cuando un enviado de Radio ACIR lo cuestionó sobre su discusión con el médico, el chileno le bajó el micrófono de un manotazo:

– Baja eso, apaga eso, dijo Ruiz señalando la grabadora, ¿por qué preguntas pendejadas?

“Sólo te pregunto lo que pasó”.

– ¿Y qué pasó? ¿Tú sabes cómo me llevo con él? Tener un micrófono no te da derecho a preguntar pendejadas. Eres un pendejo, dijo el chileno.

Otro jugador que también se molestó por las preguntas de los reporteros fue Arangio, quien antes de abandonar la cancha volteó a ver a Manzo, quien seguía en el fut-tenis, y expresó: “Míralo, que siga jugando”.

Larios, que salió detrás del argentino, señaló que en Toros Neza cada quien hace lo que quiere y mostró su molestia por salir del cuadro titular.

“El que juegue da igual, nunca te dicen nada, el último que se entera de las cosas es uno, cada quien hace lo que quiere, da igual”, expresó Larios.

El veterano guardameta aseguró que la idea del retiro ha pasado por su cabeza, pero aún no ha decidido nada, mientras tanto entró al vestidor con su bolsa de hielo en la rodilla.

– ¿Pablo, te pasó algo?

“No, nada, ya no quería seguir”.

Manzo, que por fin dejó de jugar con sus asistentes, a los que derrotó, señaló que contra Cruz Azul, el sábado, pueden dar una sorpresa y jugarán los que quieran hacerlo.

“Ya hablamos desde ayer y van a participar los que quieran hacerlo, yo no voy a soportar berrinches de nadie y el que quiera jugar, adelante”, expresó un exhausto Manzo.

 

SE EMBISTEN SOLOS

Roberto Vargas (REFORMA, 4 de noviembre de 1998)

Jugadores y cuerpo técnico de los Toros Neza llegaron ayer al fondo de su crisis, perdiendo el respeto por el trabajo de sus propios compañeros, mintiendo para no entrenar e insultando a un reportero de radio.

La indisciplina

– El tercer portero, Ramón Alonso, entró al vestidor al terminar el interescuadras, en el que no jugó, a regañadientes accedió a continuar la práctica, que aún no concluía, pero al ver llegar a Marcos Gutiérrez se retiró de nueva cuenta, se quitó los zapatos y no regresó a la portería a pesar de la insistencia del auxiliar Rafael Loredo.

Germán Arangio jugaba en el cuadro titular cuando el cuerpo técnico decidió pasarlo con los suplentes. Al termino del juego el argentino se quitó la casaca de entrenamiento y la aventó al piso.

Pablo Larios se rehusó a seguir en la práctica a pesar de la insistencia de Sergio Lugo y Loredo; se puso hielo en la rodilla derecha y al finalizar el entrenamiento aceptó que no tenía nada y sólo buscaba no seguir en la práctica.

– El preparador físico, Enrique Basulto, nunca ordenó una sesión de estiramiento como se acostumbra en otros equipos y apenas terminó la charla técnica se fue a jugar fut-tenis con Manzo.

La desunión

Miguel Herrera hizo una fuerte entrada a Oscar Vega, éste se quedó doliéndose del tobillo derecho y la jugada continuó sin que nadie le llamara la atención a Herrera o asistiera al compañero lesionado.

– Mientras sus auxiliares platicaban con el probable cuadro titular que enfrentará a Cruz Azul, Manuel Manzo, el DT, ordenó que se delimitará una cancha de fut-tenis para jugar un rato con sus amigos, utileros y asistentes.

– Herrera, el “Pony” Ruiz, López Meneses, Humberto González y Arangio se tiraron a tomar el sol en el centro del campo mientras sus compañeros seguían pegándole al balón y Manzo jugaba.

 

gRIFFA

Foto: Revista El Gráfico

Esta entrevista con el legendario buscador de talentos la realicé para Soccermanía por allá del 2004, cuando Griffa trabajaba como Coordinador de Fuerzas Básicas de la Federación Mexicana de Futbol. En la actualidad, tiene un puesto similar en Independiente de Avellaneda, luego de su paso por Newell’s Old Boys y Boca Juniors. Hace un par de años volví a hablar con él, cuando Marcelo Bielsa, uno de sus discípulos más notables, sonaba para dirigir a la Selección Mexicana.

 

Sale sonriente del ascensor de un hotel del sur del Distrito Federal vestido de forma casual y con una chamarra con el escudo de la Federación Mexicana de Futbol. Camina con paso vigoroso, es un incógnito ante los ahí presentes que ni por asomo advierten que ese hombre canoso es el “cazador” de talentos más célebre en la República Argentina y que entre sus descubrimientos se encuentran Gabriel Omar Batistuta y la “nueva joya” del balompié de aquel país: Carlos Tevez.

Jorge Griffa, Coordinador técnico de Fuerzas Básicas de la FMF, puesto que ocupa desde principios de año, ha observado las últimas semanas el trabajo de los juveniles del América y Atlante, antes de seguir rumbo a Pachuca. Comenzó su trabajo por el norte del país, en donde visitó los campamentos de Tigres, Monterrey, San Luis y Santos Laguna, por lo que platica sus impresiones después de sus primeras visorías en México.

“La colaboración que he recibido de los clubes ha sido magnífica, más que preocuparme qué se dice sobre mi persona, me he fijado en el nivel que tienen los chicos mexicanos, que es lo que me interesa. Lo otro realmente me tiene sin cuidado, porque yo vine a trabajar. Hemos estado con Tigres, Monterrey, San Luis, Santos Laguna y en el América, en todos el trato ha sido magnífico”.

– ¿Y cómo ha encontrado el nivel de los juveniles de estos equipos?

“Sería un atrevimiento bárbaro de mi parte decir realmente qué es lo que pienso de cada club; ahora, puedo dar un ‘pantallazo’ de lo que he visto en general. El primer análisis que hago es que el chico mexicano tiene habilidad, medianamente buena técnica y es muy rápido, que ya son armas muy importantes para el desarrollo del futbol. De lo que carece, de alguna forma, es de esa mentalidad definida y decidida, que esté convencido de su capacidad. Y luego, ante determinadas situaciones que exige el futbol, como es el roce físico, es un jugador que no tiene la potencia física que se necesita en el futbol actual. Si nosotros pensamos que el futbol tiene la parte técnica, la parte física y la psíquica… tenemos que preparar al chico para las maniobras en donde entremezclan la velocidad, la técnica y la fuerza”.

– En alguna entrevista usted señalaba que cuando comenzó a preparar a los juveniles de Newell’s Old Boys, en Rosario, buscaba que sus jugadores tuvieran una mezcla de la técnica de los argentinos, con el trabajo y sacrifico del futbolista español. En el caso de México, ¿qué características le gustaría combinar?

“Yo he visto algunas características del jugador mexicano y sobre eso voy a tratar de trabajar, pero para mí también es muy importante este proceso que la Federación ofrece a los clubes, y que yo tengo el honor y la suerte de trabajar en él. El señor De la Torre (Alberto, presidente de la FMF) y yo, coincidentemente compartimos la misma idea de que había que ampliar el horizonte de los juveniles.

“El cambio de mentalidad que yo hice en Rosario fue porque me di cuenta que algo andaba mal, pero no podía cambiarlo arriba, debía hacerlo desde abajo, a través de sus juveniles, y tengo la satisfacción de ser partícipe de ese cambio en Argentina. Vamos a ver en el futbol mexicano qué pasa, esa es la idea; la disposición que he encontrado en los chicos y en los técnicos, sin ninguna duda ayuda a que yo, con mis treinta y pico años de experiencia, les pueda ofrecer todo lo que viví durante este tiempo, y algunos jóvenes y no tan jóvenes, pero con menor experiencia que yo, puedan enriquecer su conocimiento”.

– En 1992, cuando Marcelo Bielsa llegó a México, dijo en una entrevista que acá había tenido que cambiar su discurso futbolístico, en el sentido de que tenía que hablarle de manera diferente a los jugadores juveniles para no ofenderlos, ¿cambió usted su discurso?

“Cada país tiene su idiosincrasia, pero además cada equipo es un mundo, no necesariamente todo los chicos tienen la misma mentalidad, ni para mejor ni para peor. Yo creo que el jugador mexicano puede competir con cualquier chico del mundo, tranquilamente. Si tiene ya, a pesar de algunos inconvenientes, la posibilidad de asistir a competencias, en cuanto empiece a transformar lo negativo en positivo estará en presencia de dar un gran salto”.

– Los jugadores son competitivos, pero, ¿cómo ha encontrado a la gente que trabaja en las inferiores, está capacitada?

“Yo no puedo hablar mucho de esto, pero he visto una gran atención y un gran deseo de capitalizar conocimientos, tanto del jugador, como de aquellos que dirigen a los juveniles. En la vida nunca se deja de aprender y por mi experiencia puedo decir que cuando estamos en los 30, cuando dejamos de jugar al futbol, creemos que sabemos todo; a los 40, nos empezamos a dar cuenta de lo poco que sabemos para enseñarle a los chicos; a los 50 pensamos en lo mucho que tenemos por aprender y a los 60 seguimos aprendiendo. ¡Imagínense si hay panorama para aprender en el futbol! El futbol tiene una evolución constante y cada día es más exigente, nosotros tenemos que darle todos los días a los chicos mayor capacitación para que puedan desarrollar todo lo que saben y responder a esa exigencia”.

– A nivel infraestructura, ¿cómo ha encontrado México?

“En términos generales bien, algunos mejor, otros peor, pero yo creo que podrían estar mucho mejor. Hay clubes que están relativamente bien, otros con lo justo y otros que no están bien. Si nosotros apuntamos a un proyecto y apostamos a él, tenemos que darle todo el apoyo que necesita, y un punto son las canchas y los lugares de juego, eso es fundamental. He visto que tienen muchas cosas, infinidad de pelotas, ropa, pero están limitados en las canchas de juego, y eso hay que mejorarlo. Los chicos mexicanos pueden estar mucho mejor, trabajar en mejores condiciones no equivale a gastar mucho dinero”.

– Hay en México la capacidad para que surja un Batistuta, un Balbo, un Tevez…

“… un Burdisso, un Battaglia, Pochettino, Sensini… puros chicos de Boca y de Newell’s (sonríe)… Estoy convencido de que en el futbol mexicano hay chicos que pueden ser grandes jugadores, incluso ya los hay, pero de todas maneras es importante que el chico tome ejemplos, que diga ‘yo quiero parecerme a este o a aquel otro’, esa imagen que ven ellos puede ser reflejada en ellos mismos. Acá hubo un jugador muy importante como Hugo Sánchez, que jugó en España muchos años. Es importante que los chicos lo vean, que piensen que el día de mañana pueden estar, como él, en algún club mayor o en la Selección de su país, pero lo primero que hay que pensar es que para conseguir el éxito se necesita un esfuerzo extra, no alcanza con el esfuerzo normal. Para ser el gran jugador de futbol hay que hacer un sacrificio y eso lleva de la mano resignar muchas cosas en la vida, dejar de hacer de hacer cosas que hacen otros chicos de su misma edad, pero al final hay dos caminos, no tres ni veintiocho, dos caminos: el del posible éxito y el del seguro fracaso. Nosotros tenemos la obligación de marcarle los dos caminos para que el chico pueda tener esa posibilidad de éxito”.

– A usted, que le gusta tanto trabajar con juveniles, ¿qué le dice que el líder del campeonato mexicano, Jaguares de Chiapas, no tenga en sus filas jugadores de inferiores?

“Todos esos muchachos que están haciendo una gran temporada, jugando muy bien, nacieron como juveniles en algún lado, alguien les dio la oportunidad, y ahora alguien ha tenido la habilidad de juntarlos. Por eso es importante lo que propone el presidente de la Federación, a través mío, que esos equipos puedan desarrollar sus juveniles, que surjan clubes que apunten hacia esa clase de proyectos. El futbol juvenil puede ayudar a los clubes sin tener que comprometerse económicamente. Cuando se hace un trabajo planificado, con orden, con un punto de referencia, el club pasa, en un plazo determinado, de ser comprador a un vendedor, pero hay que ver qué quiere cada uno. Si se quiere ser un equipo vendedor hay que trabajar en el futbol juvenil, pero no es cosa de decir ‘voy a trabajar con las inferiores’, porque hay que saber armarlas, poner gente capacitada”.

– ¿El “resultadismo” que existe en el futbol actual no fuerza el trabajo con los juveniles?

“Los directivos a los tres días quieren el éxito y ese es un mal en el futbol mundial que hay que eliminar. Hay que decirles ‘Fíjense lo que hizo Mauricio Macri en Boca’. Llegó en 96 y tomó un club completamente deprimido, con unas inferiores que no existían, jamás tenía un jugador en la Selección argentina, años sin debutar un juvenil… Macri decidió darle el respaldo a alguien que conocía del tema, lo sostuvo, marcó determinados tiempos de trabajo y Boca pasó de ser de un club comprador a un club vendedor; de un club sin éxito a uno lleno de éxitos; de un club sin divisiones inferiores a uno con las mejores inferiores de Argentina. Más no se puede pedir. Boca no tenía nada y lo hizo, quiere decir que se puede hacer, buscar la gente capacitada para trabajar, los juveniles con condiciones superiores que den respuesta a esa necesidad y a ese deseo…”.

– Pero no todos tienen la paciencia de Mauricio Macri...

“No, pero en la vida se vive de ejemplos y Boca Juniors es uno de ellos”.

 

LAS METAS DE GRIFFA

Cuestionado desde antes de su llegada por algunos sectores del balompié nacional, Griffa desestima las críticas y asegura que su único objetivo es transmitir sus experiencias para enriquecer al futbol mexicano.

“Voy a estar dos años acá y quiero ofrecerle a la gente toda mi experiencia para que cuando me vaya diga: ‘Cuando llegué encontré al futbol mexicano en buenas condiciones… pero cuando me voy lo dejo mejor’. No que yo lo vaya a hacer todo, porque nadie hace nada solo, pero sí quiero ofrecerle a los técnicos del futbol mexicano todos mis conocimientos. Habrá algunas cosas que las saben todas; otras que saben a medias y algunas más que no las saben, pero la idea es que aquellos que tengan dos puntos, tengan luego dos y medio; los que tengan tres, que suban un poco…”.

– ¿Cuántos puntos tiene Jorge Griffa?

“No los estoy cuantificando, lo que estoy diciendo es que estamos sumando siempre. A la gente que está fuera hay que hacerla que conozca cómo se trabaja en el futbol juvenil, que es una secuencia muy difícil de comprender, porque cuando se empieza un trabajo en determinado club, a los seis meses quieren que salgan jugadores y esto no es así. Se lo he explicado a los entrenadores, cómo fui avanzando en lugares tan inhóspitos y con carencias como Newell’s Old Boys, donde no había nada; cómo fui creciendo en un club tan inmensamente grande como Boca Juniors… Viví los mejores momentos en la historia de Newell’s, lo hicimos sentarse en la mesa de los grandes; he vivido dentro de Boca los mejores momentos de su historia… además soy un tipo con suerte”.

– ¿Qué opina sobre la gente que se ha manifestado en contra de su presencia en México, concretamente Hugo Sánchez, que dijo que usted no iba a entrar a Pumas?

“No creo que esté en contra. Somos gente de futbol, nos podemos entender, jugamos en el mismo club, el jugó en el Atlético de Madrid y yo también; fue figura y yo también, fui el extranjero que más partidos jugó en la historia del Atlético, viví los mejores momentos en la historia del club… Por otra parte no creo que esto sea algo insalvable, contundente, definitivo, yo vengo a esto… además no soy ningún desconocido”.

Jorge Griffa ha descubierto a lo largo de su carrera a infinidad de jugadores que se convirtieron en figuras, quizá la mayor de ellas Gabriel Batistuta, ¿qué representa esto para usted?

“Uno busca a los chicos, les ve condiciones y trata de enseñarles algo, lo demás son cosas circunstanciales, pero para que se den esas circunstancias hay que provocarlas, hay que estar metido. Batistuta tuvo la respuesta que se esperaba, a pesar de que tenía más tipo de oficinista que de jugador de futbol: alto, gordo, que le pegaba con todo a la pelota, pero se fue perfeccionando y se quedó, todo mundo sabe lo que pasó y todavía anda por ahí.

“Hay algunos muchachos que estuvieron conmigo que resultaron buenos jugadores, unos cuantos (ríe). Batistuta fue uno de ellos, otro fue Balbo: los dos goleadores más grandes del futbol italiano. (Américo) Gallego también fue un jugador muy importante, campeón del mundo en el 78; Gerardo Martino, Juan José Rossi, ValdanoWalter Samuel, que también es muy representativo. Con Batistuta como delantero y Samuel como defensa pudo haber terminado la búsqueda… Sensini, un chico bárbaro, tiene 37 años y sigue jugando…”.

Con más de 30 años en la búsqueda de talentos juveniles, Griffa cuenta como en ocasiones es difícil tratar con los padres de los jugadores de las inferiores y cada vez más con los representantes.

“Han cambiado mucho las cosas, antes los padres tenían una rigurosa tendencia por el estudio, como fue el caso de (Gabriel) Batistuta, que el padre no lo quería dejar jugar porque prefería que el chico estudiara; pero fue pasando el tiempo y ahora hay una tendencia mayor por los deportes y en especial el futbol…”

– ¿Motivada por la parte económica?

“Está ‘explosión’ del futbol a nivel mundial… las esquirlas de esa bomba saltaron para todos lados y todo mundo empezó a ver al futbol, ya no como deporte, también como una cuestión económica, entonces, hay una serie de cosas que rodean al juvenil, que lo tocan y lo complican: los padres, los directivos, el director técnico, de alguna manera los representantes. Todo eso lo puede ayudar a crecer o llevarlo al fracaso, porque aparecen, cuando se tiene el mínimo éxito, los amigos de ocasión, que casi nunca le dan buen consejo…

“Como para ejemplificar, yo distingo tres clases de padres: el primero, es el normal, el que quiere lo mejor para su hijo; luego tenemos a la clase de padres que se transforman en intransigentes o no, depende de cómo le vaya al hijo, y luego están aquellos que son verdaderamente complicados, porque con los dos primeros se puede llegar a un acuerdo: ‘Usted quiere lo mejor para su hijo, yo también, así es que unamos fuerzas para ayudarlo a triunfar, no compliquemos al chico’. Y la última clase de padres son complicados porque llegan incluso a la calumnia: ‘Yo le di plata a un técnico, me vino a pedir dinero’. Yo los he visto y son complicados porque molestan al técnico, al juvenil, terminan aniquilando las posibilidades del jugador”.

– Se dice que hay mucha gente sin escrúpulos alrededor del futbol juvenil, representantes que engañan al jugador, que lo llevan a otro país y lo dejan tirado a su suerte…

“A mí no me consta eso. Son situaciones muy particulares que surgen de tanto en tanto, yo no las viví nunca. Lo que sí viví fueron padres complicados, que terminan tratando de perjudicar a otras personas porque no pusieron al hijo o lo dejaron en libertad. Pero esto es entendible, porque si a un padre le preguntas cómo formaría al equipo para el domingo te diría: ‘Mi hijo y 10 más’… es así”.

– Usted como formador de juveniles, ¿qué valores trata de inculcarle a los jugadores para que no se desvíen por el camino fácil de los “pseudo representantes”?

“A los representantes antes se les llamaba ‘empresarios’ y creo que no es mala la figura, lo que pasa es que ellos están en la otra vereda, defienden sus intereses y yo tengo que defender los de mi club. Pero si ellos me llevan a un buen jugador, con condiciones, yo lo voy a ver y les voy a decir ‘Vayan al club, hablen con tal directivo y si se arreglan, magnífico’. Normalmente se habla de un convenio, en ello no hay maldad. Me traen un buen jugador, lo veo y digo si me gusta o no, pero los representantes son un afluente más de todas las que me traen jugadores”.

– ¿Considera sano para el futbol que chicos de 11 ó 12 años lleguen con representante a los clubes?

“Eso es una locura. Antes estaba el empresario que compraba al jugador, lo dejaba en el club y desaparecía de la escena; luego llegó el representante que sí es como un consejero. Los representantes estaban en Primera División, comenzaron a meterse a juveniles y ahí empecé a arquear las cejas, ya no me gustó, pero después se metieron a infantiles… Cuanto menos cerca estén mío mejor. Hay representantes serios y otros que no lo son, aquellos que los dejan tirados por el mundo. Yo siempre le hablo a los chicos y les digo que su principal objetivo es el éxito deportivo, que hay muchos valores que están antes de esa posibilidad de éxito, que no se vuelvan locos, que el éxito llega a través del esfuerzo… y hay que trabajar para ello”.

– ¿Cómo le ha hecho para descubrir a tanto jugador, en qué se fija?

“Uno tiene sus parámetros que, por otra parte no son definitivos… Uno mira y ya se va dando cuenta de las condiciones que tiene cada chico, las posibilidades; de los que uno elige se van quedando muchos en el camino, pero son las reglas del juego. Hay tres condiciones que yo digo que debe tener todo jugador: capacidad, oportunidad y suerte. A muchísimos jugadores se les dan dos, las dos primeras, no se les da la tercera y no pueden conseguir llegar a su objetivo”.

– Hace ya más de 10 años que César Luis Menotti dirigió a la Selección Mexicana y aún se recuerda su paso, muchos dicen que fue un parteaguas en la historia del futbol nacional, ¿usted quiere que se le recuerde de manera similar?

“¿Pretender yo lo del ‘Flaco’? No, Menotti son palabras mayores. El ‘Flaco’ es alguien de altos vuelos en el futbol profesional… Lo que yo quiero, lo que pretendo es ofrecerle todo a la Federación y a los muchachos que visito. Cuando termino de platicar con ellos les digo: ‘Seguro que algo les dejé’, y cuando ellos me responden que sí, eso quiere decir que estamos en el camino”.

Morelia 1997

Antes de darle el primer sorbo a su café, Sandra abrió desmesuradamente los ojos y soltó la pregunta como un poderoso “upper cut”:

– ¿Has estado en la cárcel?
– No, respondí de inmediato. Ahí me di cuenta de lo diferente que éramos.

De ojos grandes y expresivos, pestañas de ensueño, una cabellera que le caía como cascada hasta los hombros, caderas anchas y tez canela, Sandra era una bella moreliana, estudiante de Economía con la que compartía algunas clases en el ITAM.

Aunque su padre era un importante funcionario del gobierno de Michoacán, ella tenía una sensibilidad especial para los temas sociales. Colaboraba en algunas fundaciones, en las que trabajaba con niños en situación de calle y con menores infractores. Quizá por eso, mi cara de maleante, le recordó su trabajo en el tutelar.

A Sandra la conocí en la clase de Problemas de la Realidad Mexicana Contemporánea, en la que terminé como asistente – no formal- de la doctora García Ugarte, una socióloga hondureña que se apoyaba en mi formación como politólogo para discutir temas que a actuarios, matemáticos, administradores y contadores, poco les importaban.

– ¿Por qué sabes tanto?, me preguntó Sandra una mañana. No supe qué contestar, pero a partir de ese día, cambié mi lugar junta a la doctora García Ugarte por una asiento al lado de Sandra, que abría los ojos como platos cuando yo trataba de enriquecer la clase del día con datos y puntos de vista sobre temas como el movimiento del 68, las reformas electorales o el sistema de partidos en México. Sandra, dejó la carrera de Economía y se cambió a Ciencia Política.

– Le gustas a la gordita, me dijo Benito un día. ¡Ya chingaste, cabrón, ¿viste el reloj que trae? No mames, siempre trae bolsa de diseñador! ¡Debe tener un chingo de lana!

Yo, tan despistado para los accesorios femeninos, como para tantas otras cosas, no me había fijado en ello. Tampoco en los celos de la doctora García Ugarte ni en los de Nina, una compañera con la que compartía mis tardes de estudio aquellos años.

– No me gusta para ti, está muy tosca y es medio boba, me dijo Nina una tarde al terminar de hacer la tarea para la clase de Elección Pública.

A Sandra, yo le causaba ternura, me lo dijo más de una vez. Como aquel Año Nuevo que le marqué a su casa de Morelia cuando yo estaba de visita en la capital michoacana con Manolo, Karla y Vero. Por lo mismo, aceptó salir conmigo un par de veces más, aunque por entonces, ya estaba de novia con el que hoy es su esposo.

Aquel verano del 97, América arrasaba en la liga con la conducción de Jorge “Indio” Solari y jugadores como Luis García, Cuauhtémoc Blanco, Kalusha Bwalya y el argentino Leo Rodríguez. Yo aún no cumplía un año en la redacción del diario Reforma y, además, era candidato a diputado local suplente por Acción Nacional.

Las posiciones en la tabla general determinaron el cruce entre América y el Atlético Morelia, equipo que ya era propiedad de Televisión Azteca, pero al que aún no le cambiaban el uniforme ni le ponían el espantoso mote que lleva en la actualidad.

Entre mi trabajo como reportero novato en Reforma y la campaña electoral, no podía asistir regularmente a clases en el ITAM, por lo que sólo metí, sin saberlo, las dos últimas materias que cursé ahí: Política Mexicana Contemporánea, con Ignacio Marván (que sustituyó a Juan Molinar) y Economía II, con Pedro Aspe Armella, ex secretario de Hacienda. Obviamente, sólo acredité la primera.

Una mañana de mayo, a punto de comenzar la Liguilla, me encontré a Sandra en la biblioteca:

– ¡Qué tal mi Morelia!, me dijo emocionada. Sin dudarlo, le pregunté si quería ir al partido de vuelta de los cuartos de final.
– ¿De verdad?, respondió y quedó de pasar por mí al diario.

En menudo lío me había metido. No tenía manera de pedir permiso para faltar aquella tarde y además, el campañón del América, primer lugar de la tabla, había hecho que las entradas se agotaran. Compré los boletos en reventa la mañana de aquel sábado 17 de mayo. Me costaron una fortuna. Sandra me llamó a medio día. Quería saber si seguía en pie la invitación. Le dije que sí.

Todo mundo en la redacción estaba pendiente de la Liguilla por lo que, sin avisar, me salí del trabajo para encontrarme con ella.

Elegante, a pesar de los jeans y las botas desgastadas, Sandra estaba radiante. Su perfume inundaba de coquetería el auto cuando me subí.

– ¡Que emoción, amigo, qué emoción!, repetía una y otra vez mientras avanzábamos sobre Calzada de Tlalpan. Los autos avanzaban lentamente y una marea de banderas amarillas, del América, tapizaban la avenida. Del Morelia, ni una sola.

Cruzamos Taxqueña y afuera del Sumesa, alcancé a ver a un vendedor con banderas del Morelia. Le pedí a Sandra que se orillara y me baje del auto, casi en marcha, para comprar una.

Entre los nervios por mi escapada del trabajo y por el propio partido (los Ates habían ganado 1-0 la ida con un gol del “Mudo” Juárez), y la excitación por la compañía de Sandra, mi cabeza era una montaña rusa de emociones. Por eso, cuando un americanista me quiso arrancar la bandera de las manos, exploté.

De las mentadas de madre, pasamos a las amenazas y cuando me iba a bajar del auto, una locura pues me encontraba entre un océano de americanistas, Sandra me detuvo.

Su molestia fue evidente. También su decepción. No era que después de aquella tarde dejara al novio para comenzar una relación conmigo, pero sus temores reflotaron.

El Azteca fue una fiesta purépecha, a pesar del gol de Luis García a los 18′. A los 40′, Claudinho empató el marcador tras una asitencia del legendario “Fantasma” Figueroa y el global se puso 1-2 a favor de los michoacanos. Sandra y yo reímos tras el gol. En el complemento, Jafet Soto (68′) y otra vez el “Mudo” Juárez, redondearon el marcador que apartó de la lucha por el título al mejor equipo de la fase regular. Sandra y yo queríamos bajar a abrazar a Tomás Boy.

Las gradas del Coloso de Santa Úrsula eran un carnaval amarillo y colorado. En medio de los festejos, nos encontramos con otros michoacanos que estudiaban en el ITAM y yo terminé abrazado y festejando con gente a la que nunca volví a ver. El festejo continuó en el estacionamiento, que parecía la central camionera de Observatorio por la gran cantidad de autobuses que llegaron de Morelia.

Caminamos rumbo al auto y, cuando abandonábamos la zona, vi a unos brigadistas de Acción Nacional que pintaban una barda con mi nombre y el de la doctora Mercedes Velasco, mi compañera de fórmula en la candidatura por el distrito XXXV.

Morelia quedó fuera en semifinales ante Chivas, a la postre el campeón, tras un 1-1 global; Tomás Boy dejó a los Ates para dirigir al Monterrey, el “Indio” Solari no terminó el siguiente torneo con el América y Mercedes y yo quedamos en tercer lugar de la elección.

La bandera rojo y amarillo con el viejo escudo del equipo michoacano quedó guardada en un cajón hasta mi última mudanza y al Atlético Morelia le cambiaron el nombre en 1999, cuando yo viajaba cada mes a Santa Clara del Cobre a visitar a una doctora que hacía su servicio social en el centro de salud del pueblo.

A Sandra nunca la volví a ver.

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Diario AS, a través de un servidor, fue el primer medio en confirmar la llegada de Almeyda a Chivas, en septiembre del año pasado. Días después escribí un breve perfil del técnico argentino del Rebaño.

Matías de Jesús Almeyda (Azul, Argentina, 21 de diciembre de 1973) es un hombre de retos. Apenas consumado el primer descenso en la centenaria historia de River Plate, el 26 de junio de 2011, supo que su deber era tomar las riendas del equipo que le dio la oportunidad de debutar como jugador en 1992.

Después de llorar toda la madrugada, tomó el teléfono y le comunicó al presidente de los Millonarios, Daniel Passarella, que dirigiría a River en el Nacional B. Y 362 días después, tras un sufrido triunfo de 2-0 ante Almirante Brown, el “Pelado” regresaba a Primera División a River.

Aunque en la A no le fue bien con el “equipo de la Banda” y pese a su corta experiencia como técnico, Almeyda cosecha otro logro importante en su carrera: al final de la temporada 2013-2014 ascendió a Primera División a Banfield, que en sus filas contaba con jugadores como Walter Erviti y Nicolás Bertolo, que regresaron desde México para jugar con el Taladro.

Almeyda es parte de una nueva camada de técnicos en el futbol argentino, entre los que destacan Marcelo Gallardo, Diego Cocca y Guillermo Barros Schelotto, y aunque aprendió de entrenadores de cuna riverplatense como Passarella, Sabella y Gallego, tiene sus propias convicciones.

Cuando tomó a River cargaba en su iPad videos de todos los partidos para revisar a detalle cada jugada y corregirlas con sus jugadores; también se apoyó de un neurobiólogo que le apoyara a conocer las respuestas cerebrales de sus jugadores en las concentraciones. Pero una de sus bases es la unión grupal, por lo que gustaba de organizar salidas fuera de lo deportivo para que los elementos de su plantel se conocieran entre sí y se entendieran más.

Almeyda no tolera a los directivos que se meten en el vestidor para generar mal ambiente, algo a tomar en cuenta por los antecedentes de Vergara en Chivas.

“No tolero al (directivo) que entra al vestuario y te soba el lomo cuando ganás y después, en la tribuna, te reputea para quedar bien con la gente. También algunos tienen manejos oscuros con los representantes”, señaló Matías en una entrevista con la revista El Gráfico.

El referente como director técnico para Almeyda es Marcelo Bielsa, que lo llevó al Mundial Corea-Japón 2002: “Bielsa está varios escalones arriba del resto. Aunque con Passarella, el Tolo y Sabella aprendí un montón”.

También tuvo como técnico en la Lazio al sueco Sven Goran Eriksson, con quien tuvo algún enfrentamiento en 1999.

“En el 99 me eligen el mejor jugador del campeonato, ganamos un montón de cosas en la Lazio y arrancamos la temporada siguiente jugando la Supercopa europea contra el Manchester. Dos días antes, planta el equipo y me deja afuera. Yo merecía jugar esa final porque habíamos logrado el pasaporte ganando la Recopa. Me fui del entrenamiento a mi casa y me metí en la cama. Vino el director deportivo a pedirme que volviera. Los atendí en mi habitación. Al final, Eriksson me dijo que me ponía pero que debía mejorar varias cosas. Le dije que estaba bien, pero que el partido con Manchester, yo merecía jugarlo”.

Almeyda vive por y para el futbol, por eso entiende el sentimiento de alguno de sus jugadores al ser reemplazado y cada vez que hace un cambio durante un partido, le extiende la mano al jugador que sale: “Es un simple gesto. Te saco porque creo que es lo mejor para el equipo, pero te sigo valorando como ser humano. Tiremos juntos”.

Así es Matías Almeyda, un hombre desconocido en el futbol mexicano que está cerca de dirigir a Chivas, un equipo en el que ninguno de los siete técnicos argentinos que le han dirigido ha tenido éxito. ¿Le alcanzará el atrevimiento para sacar adelante al Rebaño?

14/09/2015

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“Morir a plazos es la especialidad de los porteros”, escribió Juan Villoro en un ensayo sobre el sucidio del alemán Robert Enke, ex arquero de la selección alemana y el Barcelona. Para Óscar Pérez, el portero campeón de la Liga MX con el Pachuca, pararse bajo los tres postes es un impulso renovador.

Hace 10 años que la palabra retiro se vincula al guardameta, que el domingo se convirtió en el jugador más longevo en coronarse en el fútbol mexicano, con 43 años.

En 2007, cuando jugaba su última temporada con el Cruz Azul, equipo con el que debutó en 1993, el Conejo ya hablaba de dejar las canchas, sin imaginarse, quizá, que jugaría una Copa del Mundo (Sudáfrica 2010) como titular, que viviría la amargura del descenso con el Necaxa (2011) y que conseguiría, antes que el Cruz Azul, un nuevo campeonato en la Liga MX.

Óscar Pérez se convirtió en la figura de una Final en la que el escenario estaba puesto para que el Monterrey arrasará al Pachuca, pero en el partido del campeonato su figura se agigantó más allá de los 172 centímetros que levanta del suelo y se convirtió en el hombre más valioso del encuentro.

Si hace unas semanas todo el mundo hablaba de la triple atajada del arquero de Atlético Nacional de Medellín, Franco Armani, ante Rosario Central, en la Copa Libertadores, desde el domingo en Google se puede encontrar la triple atajada del Conejo contra los delanteros Rayados. Y no es quitarle el mérito al argentino, pero Pérez tapó los disparos en una Final y con 14 años más a cuestas.

La sonrisa de Pérez en el encuentro invitaba al aplauso y a la reverencia de pie por lo que estaba de por medio, sobre todo porque los que lo conocemos, recordamos algunas entrevistas en donde reconocía que no se divertía en un terreno de juego: “Divertirse queda a un lado por todo lo que está atrás, la responsabilidad que tenemos. Te diviertes cuando no hay nada de por medio”.

Pero sereno, en un partido en donde sus compañeros perdían balones en la salida y se mostraban erráticos al frente, la veteranía del Conejo sacó a flote una plantilla en donde el técnico es dos años menor que él y la mitad de sus compañeros no habían nacido cuando el debutaba en un 0-0 entre La Máquina y el Atlas.

Y el Conejo, el que años atrás decía que “los jugadores de futbol que no sienten nervios, no son de este planeta”, hizo que el colombiano Edwin Cardona perdiera los estribos y mandara por encima del larguero su disparo desde el manchón penal que pudo haberle cambiado el rumbo a la Final.

Cuando sonó el último silbatazo en el Estadio BBVA, el Conejo fue el hombre más buscado por los reporteros. Pero él corría de un lado a otro de la cancha sin borrar la sonrisa de su rostro. En 23 años de carrera ganó apenas su segundo campeonato y se tardó 19 años en que llegara su segunda corona.

Un dato que hace más significativa su hazaña es que es el único jugador en activo que ganó el último campeonato del Cruz Azul, en aquel recordado Invierno 97, cuando Pérez dejó en el banquillo a dos históricos guardametas del balompié mexicano como Jorge Campos y Nicolás Navarro.

¿Y el Conejo se retira? No. Tiene contrato con el Pachuca por un año más y lo piensa cumplir con el profesionalismo y la humildad que lo han caracterizado a lo largo de su carrera. Él, el hombre que no niega un autógrafo, el que llega a la práctica de su equipo en un Renault 5 de los años 80, el que nunca se olvida de sus orígenes. El Conejo de la sonrisa y el resorte eternos.

Mayo 30, 2016

Star Wars

Odio todo lo que tenga que ver con esta película, pero el año pasado hice un repaso por los grandes acontecimientos deportivos del año en que nació esta gran saga.

El año del estreno de “Star Wars”, 1977, fue un año clave para la cultura pop.

El filme de George Lucas, estrenado el 25 de mayo y protagonizado por Harrison Ford, Carrie Fisher y Mark Hamill, se convirtió en todo un suceso, el mismo año que “Rocky“, que lanzó a la fama a Silvester Stallone ganaba el Oscar a la mejor película (“Star Wars” fue nominada a 11 premios de la Academia y ganó seis estatuillas entre los filmes estrenados en 1977).

Otras películas estrenadas en 1977 fueron “Fiebre de sábado por la noche”, “Domingo Negro” y “Encuentros cercanos del tercer tipo”.

El libro más vendido ese 1977 fue “El Resplandor“, de Stephen King, que años más tarde inmortalizaría en la pantalla grande Jack Nicholson. En la radio dominaba la música disco, pero también sonaban clásicos como “Hotel California”, de Eagles, “Don’t stop”, de Fleetwood Mac, “Tonight’s the night (Gonna Be Alright)”, de Rod Stewart y “Dancing Queen”, de ABBA.

El Premio Nobel de la Paz fue ganado por Amnistía Internacional y el de Literatura por el poeta andaluz Vicente Aleixandre.

REINAN RAIDERS, YANQUIS Y BLAZERS
En el Super Bowl XI, celebrado el 9 de enero de 1977, los Oakland Raiders ganaron el primero de sus tres anillos al superar 32-14 a los Vikings de Frank Tarkenton; el MVP fue para el receptor de los californianos Fred Biletnikoff y el himno estadounidense fue cantado por Vicki Carr.

El Heisman de ese 1977 fue ganado por el full back de la Universidad de Texas, Earl Campbell, y la segunda selección del Draft de la NFL fue para los Dallas Cowboys, que eligieron a otro corredor: Tony Dorsett. El pateador mexicano Rafael Septién fue elegido en la décima ronda por los New Orleans Saints.

La Serie Mundial de aquel año fue ganada por los Yanquis de Nueva York de Billy Martin, a los Dodgers de Los Ángeles de Tom Lasorda. Los Mulos, que no ganaban un campeonato desde 1962, se impusieron en seis juegos (4-2). El MVP fue Reggie Jackson, que había llegado como agente libre al inicio de la temporada.

En la NBA, los Portland TrailBlazers de Bill Walton, se impusieron en seis partidos a los 76ers de Filadelfia del “Dr. J”, Juliuis Erving, mientras que en la NHL los Canadians de Montreal ganaban su segunda Stanley Cup consecutiva a costa de los Boston Bruins.

EUROPA SE PINTA DE ROJO
En la vieja Liga de Campeones de Europa, el Liverpool rompía la hegemonía del Bayern Munich y ganaba la primera de sus dos “Champions” de la década a costa del Borussia Mönchengladbach. La Juventus se impuso en la Final de la Copa UEFA al Athletic de Bilbao y en la extinta Recopa se coronó el Hamburgo.

En México, Pumas ganaba su primer campeonato de Liga al derrotar en la Final a la Universidad de Guadalajara; en España reinaba el Atlético de Madrid de Luis Aragonés; Italia era dominada por los equipos de Tutín, con la Juventus como campeona y el Torino un paso detrás; en Inglaterra el Liverpool era el rey, y en Alemania eran los años de gloria del Mönchengladbach.

La Copa Libertadores fue para Boca Juniors (derrotó al Cruzeiro en penalties) y la Intercontinental también para el cuadro argentino, que se impuso al Gladbach.

OTROS DEPORTES
Aquel fue el año dorado para el tenista argentino Guillermo Vilas, que disputó tres Finales de Grand Slam y ganó dos: Roland Garros y el US Open; Australia fue para el estadounidense Roscoe Tanner y Wimbledon para el sueco Björn Borg.

El campeonato de Fórmula Uno fue para el austriaco Nikki Lauda, de Ferrari y las 500 millas de Indianápolis fueron ganadas por el legendario A.J. Foyt.

1977 fue el último gran año para Muhammad Ali, que defendió dos veces su título de los pesados con éxito ante Alfredo Evangelista y Ernie Shavers, antes de caer con Leon Spinks en febrero de 1978.

Diciembre 17, 2015