Lemmy Raiders

Cuando se abren la puertas del Millerntor-Stadion en Hamburgo, Alemania, y los jugadores del St. Pauli saltan a la cancha, en los altavoces del estadio suenan los acordes de “Hells Bells”, de AC/DC, para acompañar la marcha del equipo y sus rivales hasta el centro del campo.

Es un ritual que se repite partido tras partido, al igual que el festejo de gol, cuando en el estadio de los “Piratas” retumba “Song 2”, de la banda británica Blur.

Al otro lado del Mar del Norte, en el condado de Lincolnshire, Inglaterra, los chicos del Greenbank FC saltaban a la cancha hace unos años con los acordes de “Ace of Spades” de fondo y el “Snaggletooth“, el logotipo de Motörhead al frente de sus camisetas negras.

“Era una forma de intimidar a los rivales”, señaló en su momento Gary Weight, el manager de aquel equipo integrado por jugadores menores de 10 años.

Weight, quien en su juventud integró algunas bandas de rock, conocía al legendario “frontman” de Motörhead, Lemmy Kilmister, y de ahí nació la inquietud de buscar un patrocinio, por lo que se puso en contacto con el bajista, al que le pareció una gran idea.

Los chicos del Greenbank FC tuvieron la oportunidad de conocer a los integrantes de Motörhead y cuando se supo de la existencia del equipo, el Maiden Youth, la escuadra donde jugaba uno de los hijos del bajista de Iron Maiden, Steve Harris, retó a los “ahijados” de Lemmy a disputar un par de encuentros, donde se recaudaron fondos para obras de caridad.

No era conocido el interés de Lemmy por los deportes, aunque su poderosa música se escucha a menudo en los altavoces de algunos estadios de futbol y futbol americano alrededor del mundo, con temas como “Ace of spades”, “Iron fist” y “Born to raise hell”, algunos de los más populares de la legendaria banda.

Lemmy era un fanático de la WWE y mantenía una amistad con el luchador Triple H, quien hacía sonar el tema “It’s Time to Play the Game” cuando saltaba a los encordados.

El pasado 28 de diciembre de 2015, Lemmy murió, a los 70 años de edad, cuatro días después de cumplir 70 años. Un cáncer fulminante acabó con su vida, pero no apagó su voz, que seguirá sonando para la eternidad en los oídos de sus fieles fans.

 

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El viernes 25 de marzo terminó, con un concierto histórico en La Habana, Cuba, Olé, la gira de los Rolling Stones por América Latina, donde la legendaria banda tocó en lugares donde nunca lo había hecho (ni lo había imaginado, como en la capital de la isla).

Después de verlos por tercera vez en vivo (sólo me perdí el concierto de 2006), me quedaron una decena de certezas que quiero compartir con ustedes.

– Los Rolling Stones son la banda más grande de la historia del rock.

– No pasará mucho tiempo para que la legendaria lengua diseñada por John Pasche en quedé estampada en mi piel.

– “Gimme shelter” es la canción que más me gusta de los Stones.

– Mick Jagger tiene un gusto exquisito para elegir a sus coristas negras.

– La musculosa de Ron Wood es el ‘outfit’ perfecto para un concierto de rock.

– Me caga “Star me up”.

– El día que dejen de tocar voy a llorar.

– El público mexicano es el peor del mundo.

– La mitad de los asistentes cantaron banda en los días siguientes.

– Sólo me hiciste falta tú.

Marzo 20, 2016

 

Calzada de Tlalpan, mi amor

Publicado: agosto 24, 2016 en Uncategorized

Tlalpan

Cuando regresábamos de casa de mi abuela paterna, los sábados por la noche, y mi papá daba la vuelta sobre Río Churubusco, hacia Mixcoac, siempre me quedaba la duda de qué había sobre Calzada de Tlalpan más allá de ese punto.

Ermita

Lo descubrí cuando nos cambiamos a la colonia Avante, en 1984: que la Línea 2 del metro terminaba en Taxqueña; que que más al sur Calzada de Tlalpan se cruzaba con División del Norte; que por allá al fondo estaba el Estadio Azteca y se llegaba a Cuernavaca, Taxco y Acapulco. Más tarde descubrí los “telos” y los conocí casi todos, desde San Antonio Abad hasta ya entrada la carretera federal.

califas

Desde hace casi cuatro años vivo en un condominio que compré sobre Calzada de Tlalpan, en la colonia Moderna; desde hace un mes trabajo en un lugar que está sobre la misma acera que mi hogar, 9.6 kilómetros adelante.

prostis

Calzada de Tlalpan es para mí un lugar mágico. En sus aceras, al oriente o al poniente, desde Huipulco hasta Lucas Alamán, encuentras de todo. Y cuando digo de todo, es de todo.

23/08/2015

 

A tres décadas de la tragedia

Publicado: mayo 26, 2015 en Uncategorized

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Nota aparecida en Soccermanía, en mayo del 2004.

 

La muerte pisó como nunca un escenario del futbol mexicano aquel domingo soleado de mayo de 1985. La sangre de siete cuerpos sin vida -fueron ocho las víctimas finales- en el interior del túnel de acceso número 29 del estadio de Ciudad Universitaria sirvió de tinta para que se escribiera el capítulo más trágico en la historia del balompié nacional.

“Pisoteados, mueren ocho aficionados al entrar al futbol”, tituló El Universal su nota de ocho columnas la mañana siguiente, mientras que otro rotativo, Ovaciones, decía en su portada: “Empate y tragedia. 10 muertos”.

El partido “de vuelta” de la Final de la temporada 1984-85, disputado entre UNAM y América, convocó a una multitud al Estadio Olímpico Universitario. Según las crónicas periodísticas de aquel año, el inmueble del Pedregal se llenó dos horas antes del encuentro, aun cuando muchos aficionados, boleto en mano, se quedaron afuera.

Saúl López y Guillermo Valncia escribían en “El Gran Diario de México”: “Ocho personas muertas, entre ellas tres menores de edad, más de 70 lesionadas y 21 detenidos, fue el resultado de los disturbios ocurridos ayer al medio día en los túneles e inmediaciones del Estadio México 68, de Ciudad Universitaria. La desorganización que privó en el coso de la UNAM, la tibieza e imprevisión de las autoridades policiacas y de seguridad interna de esa casa de estudios para controlar la asistencia, así como la agresividad de algunos de los aficionados, fueron los factores que provocaron la pérdida de vidas, lesiones y daños que se reportaron”.

La tragedia se produjo cuando miles de aficionados se agolparon sobre los túneles de acceso al estadio que ya se encontraban cerrados. El tumulto hizo que algunos de los barrotes de las rejas fueran arrancados de tajo.

Siete de las víctimas fallecieron en el túnel 29, localizado en la parte sur del estadio, sobre Insurgentes. La octava muerte se produjo en el Hospital de Xoco.

El número de lesionados y detenidos fue indeterminado, ya que además de lo acontecido en el tristemente célebre “Túnel 29”, adentro del estadio y en sus inmediaciones se produjeron varias riñas, así como saqueos por parte de presuntos estudiantes que secuestraron 44 autobuses urbanos de la desaparecida Ruta 100.

Debido a la magnitud del hecho, la noticia ocupó las primera planas de los diarios y hasta en las páginas editoriales la tragedia tuvo un espacio.

“Muerte en el futbol”, tituló El Universal a su editorial del lunes 27 de mayo y ahí, junto a las columnas de de analistas como el entonces panista Jesús González Schmall y el ex troskista Ricardo Pascoe, se leía: “Solamente la imprevisión, la negligencia y la irresponsabilidad explican que no se hayan tomado las previsiones suficientes para controlar la asistencia al partido de futbol de ayer, cuyo resultado más importante no fue el estrictamente deportivo, sino la muerte de ocho personas…”

El resto de las columnas del día estaban dedicadas, en su mayoría, a la renuncia a la candidatura a una diputación federal por Hidalgo del ex director de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), José Antonio Zorrilla Pérez, quien en ese tiempo fue acusado de regalar credenciales de la extinta corporación a los célebres narcotraficantes Rafael Caro quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”. Años más tarde, Zorilla sería consignado como autor intelectual del asesinato del periodista Manuel Buendía, que cuatro días después de la tragedia del túnel 29 cumplía un año de muerto.

Las autoridades civiles del Distrito Federal, encabezadas por el entonces Regente, Ramón Aguirre, tuvieron una respuesta muy tibia tras los sangrientos acontecimientos. Acusaron de negligencia a la administración del estadio y a las autoridades universitarias. Se habló de reventa, de falsificación de boletos, pero nadie aceptó nunca la responsabilidad por los hechos.

La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), en voz del entonces casi desconocido abogado Abraham Polo Uscanga, director de averiguaciones previas de la institución, ordenó una investigación de los hechos, pero no se llegó a ningún lado.

Los que hicieron un escándalo desmedio fueron algunos reporteros agrupados en el Sindicato Nacional de Redactores de Prensa, que protestaron por la agresión que sufrieron varios de sus miembros a la hora de tomar fotos a los cadáveres en el túnel. Publicaron desplegados dirigidos al Presidente Miguel de la Madrid y consiguieron que la PGJDF consignara a los granaderos que golpearon a los trabajadores de la lente.

SE LAVAN LAS MANOS

Como en muchas otras ocasiones, la respuesta de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) fue risible por lo ridícula de la misma. A un año de celebrarse el Mundial de 1986, lo que más importaba a los hombres de pantalón largo era la imagen que México proyectaba al exterior.

Dos días después de los trágicos sucesos, Rafael del Castillo, mandamás de la FMF declaraba: “La tragedia no nos compete” y descartaba que “estos hechos de ninguna manera ensucian la imagen de México a nivel internacional. La realización del Mundial no está en duda”.

Por su parte Rafael Lebrija -padre de quien luego fuera presidente del Toluca-, que presidía la rama de la Primera División, culpó de la tragedia a los aficionados que acudieron sin boleto al estadio Olímpico Universitario y exoneró de cualquier responsabilidad a las autoridades civiles y del balompié al señalar “son hechos que no se pueden prevenir”.

Ni el Gobierno del Distrito Federal ni las autoridades del Club Universidad hicieron algún pronunciamiento oficial al respecto, sin embargo, la directiva del equipo auriazul decidió que el monto de la recaudación que le correspondería por la taquilla del encuentro definitivo de la Final, celebrado en el estadio La Corregidora, de Querétaro, fuera destinado en su totalidad a los deudos de los ocho fallecidos.

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UNA FINAL POLÉMICA

La Gran Final de la Temporada 1984-85 del futbol mexicano dio mucho de qué hablar en el terreno deportivo. América consiguió, ayudado por los errores del árbitro Joaquín Urréa, su segundo título de la década y jugadores hoy considerados históricos en el balompié nacional como Alberto García Aspe, Miguel España y Carlos Hermosillo, despuntaban con sus respectivos cuadros.

Tras un empate 1-1 en el “partido de ida” en el Azteca con goles de García Aspe (85′) y Hermosillo (91′), Pumas y Águilas debía decidir el partido en CU. Pero no fue así.

Los universitarios, dirigidos por Mario Velarde, nunca pudieron romper el “cerrojo” defensivo impuesto por el América del “Zurdo” López, quien desde entonces se daba a conocer en el futbol mexicano por sus “mañas” defensivas.

López salió de CU calificando como “delincuentes” a la terna arbitral encabezada por Edgardo Codesal, que tuvo en las bandas a Arturo Brizio y a José Antonio Garza y Ochoa. El adiestrador argentino se quejó, en especial, por un puñetazo asestado por el portero de Pumas, Jorge Espinoza, sobre el rostro de su compatriota Daniel Brailovsky.

El empate sin goles en el Olímpico mandó la “Finalísima” a un tercer encuentro que se disputó en el recién inaugurado Estadio La Corregidora, de Querétaro, para garantizar la seguridad de los asistentes, aunque diversos rumores de la época indicaron que el partido se llevó a cabo en aquella ciudad para “calentar” el ambiente rumbo al Mundial, ya que ahí se jugarían al menos cuatro partidos de la Copa del Mundo (los tres de Alemania, en el Grupo E, más el España-Dinamarca, correspondiente a la segunda fase).

Ahí, dos días después de la tragedia, América se coronó tras doblegar 3-1 (4-2 global) a Universidad con dos goles de Brailovsky y uno más de Hermosillo. Por Pumas descontó Ricardo Ferretti.

Muchas historias se han escrito del “Túnel 29”, pero quizá la más recordada es aquella canción de Guillermo Briseño que hizo famosa Botellita de Jeréz, llamada precisamente “El Túnel 29”, que salió a la venta en 1986 dentro del albúm “Naco es chido” y que en una de sus estrofas decía: “Morí una vez, en el futbol, salí en el noticieron de las 10, me consagré, con la afición, un hombre que murió por su pasión…” ¡Que nunca vuelva a ocurrir!

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Una recopilación de los desencuentros entre dos personajes peculiares del balompié nacional: Tomás Boy y Enrqiue Meza. Ninguno de los dos me simpatiza especialmente. Publicada en noviembre de 2014 en Televisa Deportes.

La rivalidad entre Enrique Meza y Tomás Boy no es nueva, pero en los meses recientes ha tomado un curso demasiado polémico y hasta peligroso.

En vísperas del partido de vuelta de los cuartos de final del Torneo Apertura 2011, este jueves Boy declaró que ha recibido amenazas telefónicas tras la victoria de su equipo (2-1) el pasado sábado.

“Yo estoy preocupado, no hay rejas en los estadios, hablan a mi casa a decirme que lo voy a pagar, hablan con mi mujer, eso no se vale”.

Además acusó al estratega de Cruz Azul de provocar al público y recordó cuando ambos eran jugadores de Tigres, a mediados de los años 70.

“Yo no estoy enojado ¿no será al revés? Él (Meza) se dirige a mí, yo nunca me dirijo a él, sólo lean las declaraciones y siempre está atacándome. Fuimos compañeros en los Tigres, digo, él era banca y yo era la estrella. Yo soy responsable por mis palabras, pero me parece que Enrique Meza está provocando al público, está incitándolo”.

En su estilo, frontal pero menos estridente que el de su colega, Meza acusó al Morelia de haberles ganado con algunos trucos, sin aclarar a qué se refería con ello.

“Tuvieron una victoria importante a base de pequeños trucos que siempre estilan, siempre va a haber gente que haga ese tipo de cosas. En Cruz Azul se han ganado cosas, yo particularmente he ganado varias cosas y no hay nadie aquí que pueda acusarme de haber hecho el mal sobre alguien”, expresó el técnico de La Máquina.

Al respecto, Boy dijo:No hago trucos. Mi único truco es que mi equipo, no considerado favorito, juegue maravillosamente al futbol”.

PRIMER ROUND

En la temporada 1975-76, Tigres contrató a Enrique Meza, un veterano portero proveniente de Cruz Azul, y al talentoso mediocampista Tomás Boy, del Atlético Potosino.

“Que yo sepa, no pasaba nada entre los dos. Había gran química en el equipo, buen cotorreo, éramos un grupo muy unido. Se llevaban bien”, contó hace unos meses Mateo Bravo, guardameta titular de aquellos Tigres dirigidos por el peruano Claudio Lostanau.

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Sin enfrentamientos como compañeros, el encono entre Meza y Boy se remonta al Clausura 2009, cuando el Pachuca recibió a Monarcas.

El 18 de abril de 2009, durante el partido de la fecha 14 de aquel torneo, una falta del “Chaco” Giménez, en la recta final del encuentro, provocó que Boy exigiera la tarjeta roja al árbitro Paul Delgadillo, lo que provocó que Meza se dirigiera al técnico de Monarcas presuntamente con palabras altisonantes y hasta con cortes de manga.

Boy dijo que sólo había mandado a Meza a su banca y éste justificó su reacción al asegurar que Boy insultó a sus jugadores.

“No sé qué sintió él, son cosas de calentura que no tienen ningún chiste. Enrique Meza es un hombre muy bueno, un tipazo, no escuché lo que me dijo, se vino directo a mí y le dije ‘vete a tu banquita’ y ya, eso es todo”.

Meza señaló: “Lo que escuché es que él insultó a mi jugador y fui a decirle que no nos insultáramos, él siguió insultando y le insistí en que no tiene caso, que se tranquilizara. Luego nos expulsaron a los dos y a no sé quién más”.

Tras el incidente, la Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) suspendió dos encuentros a ambos estrategas.

SEGUNDO ROUND

Monarcas y Cruz Azul se enfrentaron en las semifinales del Torneo Clausura 2011. La Máquina se impuso 2-0 en el Estadio Azul y Morelia 3-0 en casa, lo que dejó a los Cementeros en la antesala de la Final.

El tercer gol de Monarcas fue festejado efusivamente por Boy, lo que comenzó a calentar el ambiente en la cancha del Morelos.

Después llegó la invasión del terreno de juego por parte de un aficionado, la agresión al mismo por parte de Christian Giménez y el cabezazo de Jesús Corona al preparador físico del Morelia, Sergio Martín.

Meza y Boy, no participaron de la bronca, pero como responsables de sus bancas fueron sancionados con tres y cinco partidos de suspensión, respectivamente.

La reacción de los técnicos tras el partido fue la siguiente:

“Según el cuarto árbitro fui expulsado porque hice un festejo inadecuado, pero no me han dado la lista de celebraciones para escoger cuál”, señaló un irónico Boy. “Yo festejo así y si les molestó, lo siento mucho, es mi estilo y no tenía intención de lastimar a otros, simplemente estaba eufórico y es una expresión.

“Puedo entender la frustración de los jugadores de Cruz Azul y de su propio entrenador (Meza), un entrenador fantástico que perdió los estribos y ni modo, esto es parte de la pasión”, expresó.

Meza no hizo referencia a la conducta de su homólogo, pero se mostró avergonzado porque “nos comportamos como equipo de barrio y la cancha de juego es para jugar, no para pelear. Los aficionados no merecen que nos comportemos así, teníamos que estar tan fuertes para aceptar una derrota”.

UN INTERMEDIO

Celestes y michoacanos se enfrentaron en la fecha 8 del Apertura 2011, el 10 de septiembre en el Estadio Azul, duelo ganado por Morelia 1-0. Fue el primer encuentro posterior a la semifinal del Clausura 2011, que terminó con escándalo.

Los días previos, Meza declaró: “Con Tomás fuimos compañeros y no podemos estarnos haciendo la vida de cuadritos, pensando como si fuéramos enemigos. Los dos queremos defender los colores de nuestro equipo, pero no a costa de una guerra ni del rencor.

“Hace tiempo no nos saludamos, pero no creo que eso nos marque a ninguno de los dos, como jugador que fue y como compañero mío le tengo un aprecio importante”, recordó Meza.

En el partido ni se saludaron ni se voltearon a ver, pero Boy, con su estilo verborrágico expresó tras el encuentro: “Si la envidia fuera tiña, habría noches eternas”.

¿ÚLTIMO ROUND?

Pero después de la calma vivida en el partido de la fase regular del Apertura 2011, el destino volvió a cruzar a los equipos de Meza y Boy en la Fase Final y la polémica se reavivó.

Al minuto 69, Erim Ramírez, árbitro del encuentro, expulsó a Fausto Pinto, defensa de La Máquina, presuntamente por insultar al técnico del equipo michoacano.

“El jugador (Fausto Pinto) se paró, me hizo una seña y me insultó, yo me quedé desconcertado y me queda clarísimo que la presión los estaba agobiando”, aseguró Boy al final del partido.

Para Meza, “la expulsión fue un poquito sacada de la manga. Pinto discutió con alguien fuera del campo, quién sabe si eso influyó”.

La semana ha transcurrido entre acusaciones de uno y otro lado. El ánimo para el partido del próximo sábado está muy caliente y lo único que el ambiente del futbol mexicano desea es que Cruz Azul y Monarcas se dediquen a jugar y olviden sus rencillas.

Las carreras de Enrique Meza, ganador, como técnico, de tres títulos locales con el Toluca y uno con el Pachuca, además de la Copa Sudamericana 2008, y la de Tomás Boy, bicampeón con Tigres como jugador y capitán de la Selección Mexicana en el Mundial de México 86, no merecen mancharse por un pleito de cantina.

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Llámenle oportunismo o “boom”, pero antes de los Mundiales salen a la venta, en México y todo el mundo, cualquier cantidad de libros relacionados con el futbol. En mayo de 2006, Óscar Jiménez y yo escribimos un artículo a propósito de este “boom”. A Diego García del Gállego, Heriberto Murrieta y Javier García-Galiano, los entrevisté yo en la presentación del “Anecdotario del futbol mexicano”, de Carlos Calderón Cardoso. Con el “Tío Checo”, como llama Juan Veledíaz a Sergio González Rodríguez, habló Óscar. Nos faltó Juan Villoro, que dejó “colgado” a Carlos Barrón. La foto que ilustra este “post” corresponde a la entrevista que le hice a García-Galiano cuando salió “Cámara húngara”, una novela pambolera muy regularcita.

 

El futbol no ha sido un territorio fértil para la creación literaria en México. Tampoco lo ha sido para la investigación sociológica, antropológica o de carácter filosófico con el balompié como tema central.

A diferencia de otros países como España y Argentina, tan futboleros como el nuestro, en México no se puede hablar de la existencia de una “literatura futbolera”, puesto que, a pesar de la gran popularidad de este deporte en tierras aztecas, son realmente pocos los textos publicados que traten, al menos de refilón, el tema del futbol.

Es por ello que resulta curioso, si no es que sorprendente, que en las últimas semanas hayan aparecido en el mercado –o estén por salir- siete libros “futboleros”: Dios es redondo (Planeta), de Juan Villoro; Sonido local. Piezas y pases de futbol (Cal y Arena), de Rafael Pérez Gay; Futbolistas, El club de los 100 (Ediciones B), de Mónica Maristain con fotografías de Andrea Staccioli; La Copa de las fantasías (Centro Urbano, del diario El Economista), de Daniel Esparza y Jorge “Che” Ventura; Una historia que contar, de Guadalupe Castañeda; Anecdotario del futbol mexicano, de Carlos Calderón Cardoso, y Hasta el último minuto, compilado por Marcial Fernández (ambos de Ficticia).

Los géneros que abarcan estos textos son diversos, pues van de la crónica al cuento, y de las anécdotas históricas del futbol mexicano y los Mundiales, a la autobiografía de un jugador que, a sus 41 años, se niega al retiro.

Consultados acerca de este repentino “boom” de literatura balompédica en México, editores, periodistas, autores y escritores coinciden en que este género, por llamarlo de alguna manera, tiene un vasto territorio por explorar.

‘El mercado es muy grande’

Con cinco libros “futboleros” en el mercado y uno más próximo a ser presentado, Ficticia es la única editorial mexicana que ha apostado seriamente por el balompié a través de su colección “Ediciones del Futbolista”, que es dirigida por Diego García del Gállego, artista plástico y socio de la editorial.

“Más allá de los libros que aparecen cada cuatro año con motivo del Mundial, creo que el mercado para este tipo de libros es grandísimo. Este repentino ‘boom’ de literatura futbolera, como tú le llamas, tiene mucho de moda, pero creo que va a seguir adelante, porque hay mucho camino que recorrer. He visto, con gusto, que se están haciendo investigaciones, tesis, acerca del futbol; por otro lado, muchos intelectuales le han perdido el miedo al futbol.

“En Ficticia hemos apostado por el futbol porque nos gusta y tenemos un abanico muy amplio de opciones, no nos queremos limitar a las memorias de un ex futbolista, bienvenidos ese tipo de libros, pero también nos interesa la reflexión, el análisis y la parte didáctica, si alguien tiene un libro con dibujitos acerca de cómo pegarle a la pelota, adelante, lo revisamos con el consejo editorial de Ficticia y lo publicamos”, expresa con seguridad García del Gállego, quien dirige la colección que hasta el momento a presentado Guantes Blancos, de Félix Fernández, una biografía de Alberto Onofre, ¿Y el futbol dónde está?, de Ángel Cappa, Anecdotario del futbol mexicano, de Carlos Calderón, y está por lanzar al mercado la colección de cuentos titulada Hasta el último minuto, con relatos de Vicente Leñero, Rafael Ramírez Heredia y Carlos Cuarón, entre otros escritores.

Por su parte el periodista Heriberto Murrieta, autor entre otros textos de Contragolpe y de Azulgrana, un libro que narra la historia del Club Atlante, considera que la repentina aparición de este tipo de libros no puede ser considerada como un “boom”, sino apenas como una feliz coincidencia.

“Creo que esto, lamentablemente, no es un ‘boom’ ni una oleada de libros estructurada, más bien es una coincidencia porque al mismo tiempo se nos ha ocurrido a algunos autores sacar libros de futbol, ojalá hubiera muchos más”.

 – ¿Por qué crees que en un país tan futbolero como México se escriban tan pocos libros de futbol y se lea menos del tema?

“Porque a la gente le interesa ver a su equipo ganar y ver caer goles, no le interesa tanto profundizar en la táctica o en la lectura. Entonces no podemos esperar que se lea de futbol si no se lee de otros temas”.

 – ¿Cómo te ha ido económicamente con los libros de futbol que has publicado?

“Con Contragolpe bien, porque metimos varios patrocinadores y sí se ganó dinero; en el del Atlante fue un esfuerzo más bien romántico de un particular que le va al Atlante, pero no se ganó dinero, hubo que poner. Creo que así le puede pasar a otros autores, es un mal negocio a menos que se consigan patrocinios. Lo que queda más allá del beneficio económico es la satisfacción personal de tener un libro terminado, una obra bien cuidada sobre determinado tema deportivo, ya sea de futbol o de toros.

“En lo personal pienso que el futbol es, además del deporte más bello, una expresión cultural y una experiencia social, y en ese sentido yo creo que los escritores deberían atender más al futbol, porque se le ha minimizado, se le mira por encima del hombro, quizá porque hay temas más importantes en la vida del hombre que el esparcimiento y el deporte es esparcimiento. Hay una llanura extensísima para trabajar estos temas, profundizar en ellos pero, sobre todo, para ponerlos más accesibles a un lector pasajero”, dice Murrieta.

De expresión cultural a moda intelectual

Autor entre otros libros de Huesos en el desierto (Anagrama 2002), una obra en la que combina el reportaje, crónica y ensayo, Sergio González Rodríguez reflexiona brevemente sobre la expresión deportiva que en últimos tiempos ha sido motivo de interés para algún escritores mexicanos: el futbol.

– De pronto son más los escritores que encuentran en el futbol una vena literaria…

“Fundamentalmente tiene que ver con el reconocimiento del futbol como una forma de expresión cultural. Anteriormente estaba sujeta a las secciones deportivas. Pero en la medida que el futbol se incorpora con su gran industria del espectáculo a más amplios públicos, el ámbito intelectual empieza a reconocerle como una actividad de fuerte vinculación cultural. Es un trayecto que se ha seguido en los últimos años”.

 -¿No le parece que hace algunos años el futbol era algo más bien lejano a los intelectuales?

“Tenemos precedentes muy indicativos de rechazo, por ejemplo, una carta de intelectuales que se opusieron a que México fuera sede del Mundial de Futbol en 1970. Esta carta la dirigieron escritores como el recientemente fallecido Salvador Elizondo. Para ellos el futbol era una ocupación vital y bárbara que no tenía nada que ver con la cultura. Esta posición se ha modificado poco a poco con los años”.

 – ¿Hay terreno fértil en México para el tema del futbol?

“En España empezó a haber una muy fuerte vinculación de escritores importantes al tema del futbol. Esto creó un ‘boom’ de libros en torno al futbol, desde hace 12 ó 15 años a la fecha. En la actualidad ya tenemos un reconocimiento integral del futbol como un tema literario”.

 – ¿Hay alguna objeción a éste tipo de libros?

“Muchos de estos libros no tienen una visión crítica, eso sí es lo que hay cuestionar. Tienen una visión de que es como una moda ocuparse del futbol. Y por lo tanto es algo correcto. Les falta desde luego profundidad, análisis de aspectos sociológicos, un conocimiento más profundo del deporte”.

 – ¿Le ha interesado el tema?

“Lo he retratado incidentalmente, pero en términos de hacer o crear un libro no me atrae lo suficiente. Hay gente que lo está haciendo estupendamente como Juan Villoro. Es un tema, que una vez que pase éste reconocimiento del medio intelectual, se convertirá nuevamente en una situación circunscrita a los fanáticos y las secciones deportivas”.

 – ¿Es aficionado a algún equipo?

“Soy fanático moderado del futbol desde niño, lo jugué y hasta la fecha le sigo yendo a las Chivas. Estoy vinculado por la vía de la televisión. Veo los partidos importantes de la Liga y desde luego los de otros países”.

Atlantista de corazón y escritor de una novela futbolera como Cámara húngara (Joaquín Mortiz), Javier García-Galiano considera que el balompié se ha vuelto una moda entre gente de letras y otras expresiones artísticas.

“El futbol se ha vuelto una moda entre esa gente que se hace llamar intelectual, que antes abominaba el futbol y lo llamaba el opio del pueblo y que ahora, en lugar de ir a exposiciones de pintura va al estadio, sobre todo al de CU. Pero hay escritores como Juan Villoro, Rafael Pérez Gay y Luis Miguel Aguilar, que siempre han escrito sobre futbol, tienen muchos relatos acerca del futbol y la infancia”.

 – ¿Hacen falta más libros sobre futbol?

“No sólo más literatura, sino mayor diversidad, volver a la vieja crónica deportiva como la de Manuel Seyde, de Ángel Fernández. Este mercado es bastante más complicado de lo que se cree. La gente que lee periódicos lee eso, que con todo respeto tiene una calidad bastante baja, y que cuando ve un libro bien escrito no le interesa, no son lectores, ellos quieren el chiste de Nacho Matus…”

 

– En Argentina el gobierno intentó incentivar la lectura regalando libros de cuentos de futbol a la entrada de los estadios, ¿crees que eso funcionaría acá?

“Bueno, eso me parece tan hilarante como cuando José Vasconcelos iba por el país regalando libros. No creo que un libro de la historia del Atlante le interese más allá de la ‘Tito Tepito’… No creo que toda la gente que va al estadio de CU sea lectora, incluyendo a algunos que van al palco del Rector…”

 

 

 

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Entrevista publicada en septiembre de 2004 en el primer número que hicimos en Editorial Televisa de Pumas: La revista oficial del Club Universidad Nacional. Decidimos hacer una sección con personajes de la vida pública que simpatizaran con Pumas y sugerí el nombre del gran actor Héctor Bonilla. La entrevista se realizó en el Vips de Acoxpa y Miramontes, terrenos bien conocidos por mí, con el pequeño detalle que por aquellos días yo vivía cerca de Satélite. La cita fue a las 9:00 horas y a pesar de salir dos horas antes, llegué tarde. No sé qué carajos pasaba en Prolongación División del Norte que tuve que dejar el auto por el Club Hacienda y correr hasta Miramontes. Llegué escurriendo de sudor, con la corbata floja y despeinado, lo que le causó una gran incomodidad a Sofía Álvarez, la esposa de Bonilla. Durante la entrevista, doña Sofía varias veces metió su cuchara. ¡Lástima, tan buen recuerdo que tenía de ella por el programa “Sofiando”!

El amor que Héctor Bonilla siente por Pumas tiene más de medio siglo. El reconocido actor mexicano, egresado de la Facultad de Derecho, se hizo fanático de los colores azul y oro por el equipo de futbol americano que representaba a la Máxima Casa de Estudios del país, pero desde el nacimiento del equipo de futbol de la Universidad, hace 50 años, Bonilla, ha sido un fiel seguidor de Pumas.

“Me hice de Pumas cuando cursaba la preparatoria, por el equipo de futbol americano, mis hermanos me llevaban a los juegos y de ahí nace el amor por estos colores. Me tocó ver el nacimiento del equipo de ‘soccer’, el ascenso a Primera División y mira lo que son las cosas, el futbol americano ya casi desapareció de la Universidad y aquí seguimos.

“Soy universitario por todos lados, la Universidad es mi ‘alma mater’ y, a pesar de todos sus problemas, sigue siendo el mayor centro de enseñanza de este país, comprometida con México, que apuesta por el desarrollo científico, cultural y deportivo de este país. La Universidad es mucho más que un equipo de futbol, pero dentro de este proceso lúdico, orgullosamente los Pumas representan a la UNAM”.

– ¿Cuál es el mejor Pumas que le ha tocado ver?

“Yo creo que aquel de finales de los 70 con Hugo (Sánchez), Cuellar, Cabinho, (Juan José) Muñante… era un equipazo, difícil de igualar. Ganaron el primer campeonato (ante la U de G, en 1977) y luego perdieron otra Final, con la U de Nuevo León, cuando muchos titulares estaban con la Selección (en el Mundial de Argentina 78)”.

 – ¿A quién considera el mejor jugador de la historia del club?

“Indudablemente que Hugo Sánchez por su epopeya en España, que fue impresionante. Aunque uno pondere las cualidades de todos los jugadores que han pasado por Pumas, llega a la conclusión de que Hugo Sánchez es el jugador más importante, no de la Universidad, sino de toda la historia del futbol mexicano”.

 – ¿Puede armar una alineación ideal con jugadores de todas las épocas del club?

“Por la flaqueza de la memoria sería injusto, porque hay mucha gente importante en la historia de los Pumas y ahorita, a vuelapié, se me pasarían. Figuras muy importantes en todos los puestos… ¿Un portero?, lógicamente te diría que (Jorge) Campos por muchas razones, es todo un personaje; defensas, medios, delanteros, qué te puedo decir, la Selección ha estado plagada de jugadores valiosísimos de las distintas épocas de Pumas. No me gustaría dejar fuera a nadie”.

– ¿Hay algún partido que le gustaría ver mil veces, aunque no sea de campeonato?

“Por supuesto, aquel del 4-3 al América (13 de agosto del 2003), cuando íbamos ganando 3-0, nos empataron y terminamos ganando. Estaba grabando una telenovela muy cerca del estadio y se oían los Goyas. Llegué al medio tiempo, cuando los Pumas ganaban 3-0; en el segundo tiempo empató el América, pero el hecho de que se hayan ilusionado y de todos modos les hayamos ganado fue una satisfacción muy grande”.

La anécdota:

Héctor Bonilla llegó a la entrevista con un suéter oro con franjas azules en las mangas, regalo de un amigo hace casi 50 años.

“Este suéter me lo regaló un amigo, el pianista Carlos Barajas, en 1955, cuando estábamos en la preparatoria, desde entonces ya le iba a los Pumas, cuando mis hermanos me llevaban al futbol americano a ver los Clásicos Universidad-Politécnico”.